Aquel día domingo Adriel perdió la cuenta de cuantas veces había acabado. Inder lo dejó descansar en su cama, mientras él ordenaba y limpiaba el desastre que habían dejado. Ahora que ya sabían varios detalles Bastet no sería tan complicado de abordar.
Eran cerca de las cinco de la tarde cuando Inder entró a su habitación con una bandeja con comida.
—Despierta bella durmiente— dijo el pelirrojo dejando la bandeja.
Adriel se desperezó.
—Me duele todo— se quejó el castaño sentándose.
—Lo sé, te traje comida y unas pastillas para el dolor y la inflamación— Inder le acercó la bandeja.
—Gracias.
Adriel comenzó a comer, al terminar se tomó las pastillas.
—Puedes quedarte aquí— le dijo su amigo—. Y mañana vamos juntos a clases.
—¿Y ropa?. No traje cambio.
—Bueno, por lo que acabo de ver mi ropa te quedará bien. Por ahora ve a darte una ducha— le dijo el pelirrojo. Tomó la bandeja y se la llevó.
Adriel se armó las caderas y bajó de la cama, tomó la toalla que le dejó su amigo y se dirigió al baño. Al llegar cerró sin seguro, que más daba. Se acercó a la ducha y se metió, abrió la llave dejando correr el agua tibia, esa fue una sensación que agradeció. De pronto su mente comenzó a pasar las imágenes de la mañana como una película porno en su cabeza, si viene cierto no hubo contacto físico entre ellos, pero sí mucho placer visual.
—Creo que mejor dejaré de pensar tanto. Aunque no se ve que a Inder le afecte en lo más mínimo— pensó mientras se jabonaba. Realmente estaba bastante delicado, había sido un arduo entrenamiento.
Después de ducharse salió del baño envuelto con una toalla y se dirigió a la habitación.
—Te dejé un pijama— le dijo Inder mientras tomaba una toalla—. Será mejor que llames a tu madre y le digas que no llegarás.
—Lo haré.
El pelirrojo le regaló una sonrisa y luego se levantó para ir a ducharse. Adriel se puso el pijama y luego tomó su celular llamando a casa.
—Hola mamá, me quedaré en casa de Inder. Aún me falta aprender algunas cosas y mañana comienzo a trabajar— le dijo el castaño.
—¿Se irán directo de la universidad?. ¿Cómo lo harán para venirse?— preguntó preocupada Ámber.
—La madre de Inder le prestará su auto, ella sabe que es lejos y que saldremos a medianoche. Así que te veré mañana en la noche, dale besos a Lira.
—Bien cariño, cuídate. Saludos a Inder.
Cortó la llamada. Adriel se quedó más tranquilo, luego de la charla se acostó y prendió el televisor esperando a su amigo. Minutos más tarde entraba Inder a la habitación, el chico se secaba el cabello.
—¿Qué ves?— preguntó sacándose la toalla para ponerse el pijama.
—Un reportaje del Apocalipsis— le dijo Adriel mirando la pantalla.
—¿Crees en esas cosas?.
—Claro que sí, ¿tú no?.
—No me gusta estresarme— le sonrió Inder—. Traeré unos sándwiches y leche.
—Gracias— sonrió Adriel.
Aquella había sido una tranquila noche, Adriel logró descansar bien gracias a las pastillas que le dio su amigo. Inder por su lado parecía estar bastante sereno, de todas maneras el castaño recordaba que su amigo le había dicho que estuvo practicando de antes. Tal vez por eso se veía tan tranquilo.
Amanecía con un radiante sol, las alarmas no dejaban de sonar incesantemente. Inder estiró su mano y apagó los benditos celulares.
—Arriba Adriel, tenemos clases temprano— lo movió el pelirrojo.
—Mph, ya voy.
Se levantaron con algo de sueño, al castaño le seguía doliendo el cuerpo por lo que esa mañana se tomó dos pastillas más. Luego de bañarse, desayunaron y salieron de la casa del pelirrojo, pero esta vez fueron en el auto de la madre de Inder. La mujer jamás le negaría nada a su hijo y menos su auto, sabía que el nuevo trabajo quedaba lejos y no quería que algo le pasara.
—Me siento extraño tomando el auto de tu madre— le dijo Adriel mientras se colocaba el cinturón.
—Veelo como un préstamo, luego tendremos el propio— le sonrió Inder. Echó a andar el vehículo y se fueron a la universidad.
Al llegar se dirigieron al estacionamiento. Bajaron del auto y entraron al edificio.
—Hoy los de Ingeniería Comercial tenemos que ir al aula Magna, creo que harán una presentación o algo— le dijo Inder mirando su celular. La aplicación de la universidad daba los avisos importantes.
—Vamos, de todas maneras no tengo ganas de tener clases— dijo Adriel.
Se dirigieron al aula, en el camino se encontraron con Hans y Darío.
—¡Chicos buenos días!— les saludó Hans acercándose. Darío les sonrió.
—Buenos días— saludaron los otros dos.
—No sabíamos que había una ceremonia en el aula— les dijo Adriel a los jóvenes del centro estudiantil.
—Después les presentaré al invitado— le sonrió Hans.
Los chicos asintieron, después de todo eran sus mayores y todo lo que ellos les enseñaran sería bueno. Llegaron al aula Magna y buscaron sus asientos, Hans les dijo que se acomodaran a su lado, estaban adelante. Los chicos se sintieron algo cohibidos pero hicieron caso.
Apareció el director de la universidad y dio unas palabras de agradecimientos a la persona que los honraba por visitar la institución y dar la motivación a la nueva generación.
—Sin más preámbulo los dejo con el magnate de Titanium, Edan Schroder.
Un joven rubio alto, de penetrantes ojos azules salió de un costado y se subió al pequeño podio. Adriel por el apellido pudo notar que era el hermano mayor de Hans, además que ambos chicos eran igualmente atractivos. Edan dio un discurso del nuevo mundo y la gran promesa de Titanium, muchos de los alumnos de las clases superiores aspiraban con trabajar ahí, mientras que los de las clases inferiores pensaban en hacer su práctica entre aquellas oficinas.
—¿Te diste cuenta qué es el hermano de Hans?— le preguntó bajito Inder.
—Lo sé, y lo mejor es que nos presentarán— le habló Adriel con emoción. Ésta sería la oportunidad de conseguir la práctica en la mejor empresa del país.
El castaño se mantuvo atento a las palabras que citaba Edan. Después del largo discurso hubo una pequeña pausa para hacer algunas fotos y demases. Hans tomó a los chicos y junto a Darío fueron en busca de Edan.
Encontraron al joven CEO siendo entrevistado por algunos reporteros que asistieron a la charla, además de varias fotos que se sacaban.
—Tu hermano es muy famoso— le dijo Adriel mirando la cantidad de gente alrededor del rubio.
—Bueno, ser jefe de la empresa más grande del país te hace muy conocido— le dijo Hans.
—Pero tú— dijo Inder.
—Oh no, yo por ahora prefiero ser el hermano de la oscuridad— sonrió Hans—. No estoy preparado para los negocios y esas cosas, prefiero divertirme.
—Siempre hay una oveja negra en la familia— dijeron de pronto.
Los chicos se giraron viendo a Edan frente a ellos.
—¿Ya eres libre?— le preguntó Hans mirando a su hermano.
—¿Irás conmigo a almorzar?— le dijo el mayor. Luego sus ojos fueron a dar sobre Darío y los dos alumnos desconocidos.
—Sí iremos— le dijo Hans—. Pero antes quiero presentarte a los dos alumnos de tercer año con mejor rendimiento académico, Adriel e Inder.
Ambos jóvene
le sonrieron, los ojos de Edan escudriñaron a los chicos que lo miraban con algo de timidez, sobre todo el de cabellos castaños.
—Y supongo que les gustaría entrar a Titanium para hacer las prácticas— les dijo Edan.
—Bueno, nosotros— comenzó Adriel.
—Pero supongo que también saben que no es fácil entrar en ella, ustedes no serán los únicos así que tendrán que luchar con el resto de los alumnos si quieren estar ahí— les dijo el rubio CEO casi como un reto—. Ya que se supone son los mejores.
Adriel frunció el ceño, para ser el mayor empresario de la nación era un pedante de cola levantada. No quería a ese tipo como su jefe, sin embargo tampoco se dejaría amedrentar por sus vagas amenazas.
—Bueno, entonces siéntase libre de tenernos un puesto en sus oficinas— le dijo Adriel—. Inder y yo iremos pronto para allá, no vaya a ser que se trague sus palabras. Que tengan un provechoso almuerzo— tomó de un brazo a su amigo y luego miró a Hans—. Muchas gracias por tu grata ayuda.
Hans sonrió y ambos chicos se alejaron, Edan miró con mala cara a los menores.
—Es bastante irreverente— le dijo Edan a su hermano.
—Pues a mí me cae de lujo— le sonrió el menor—. Darío vamos a comer.
Los tres se dirigieron a la salida del aula Magna, tomaron un camino diferente al resto de los alumnos y luego salieron de la universidad al centro de la ciudad.
Inder siguió a su amigo algo confundido, realmente al castaño le habían cargado las palabras tan sobrantes del CEO Edan.
—Es un idiota— dijo entre dientes mientras se dirigían a su salón para la siguiente clase.