Después de andar varios minutos, decidieron comer en un restaurante con vista al mar. Edan no era una persona que se comunicara mucho, era de los tipos que usaban menos palabras y más acción, no así su hermano Hans que usaba más la labia. Estacionaron y entraron al lugar, subieron al último piso. Buscaron una mesa alejada de la gente y se sentaron.
Una camarera se acercó a tomarles el pedido, luego se retiró.
—Hans— le dijo su hermano con rostro serio—. ¿Cuándo comenzarás a visitar la compañía?. Sabes que tienes que tomar tu lugar pronto, yo no estaré haciendo tus papeleos siempre. Supongo que estudiaste ésta carrera para poder ayudar en la empresa.
El menor rodó los ojos, estaba harto de siempre escuchar el mismo discurso que su hermano. Sabía las responsabilidades que tenía, pero sinceramente no se sentía aún capaz de tomar tanta responsabilidad. Darío miró a su amigo intuyendo sus pensamientos, el chico siempre se quejaba de los tratos que le daban su familia y de como lo obligaban a tomar una responsabilidad aún sin terminar de estudiar.
—Sé lo qué tengo que hacer— le dijo Hans—. Pero sabes que queda para graduarme, no me gusta que me estresen antes de tiempo.
Edan frunció el ceño, ya se estaba hartando del comportamiento infantil de su hermano. Él no seguría cubriendo la irresponsabilidad del menor de los Scrhoder y llevándose más peso. Su padre ya ni siquiera iba a la empresa, él debía ver todo lo de Titanium además de los inversionistas y todo lo que llevara el equilibrio de una gran compañía.
—La paciencia se me está agotando, y es en serio— le dijo Edan con rostro serio—. No seguiré haciendo tu trabajo, el de mí padre y el de todos sin que nadie se mueva.
Hans comprendió que ya podría saltarse más la responsabilidad de la empresa. Miró a su hermano y de alguna manera comprendió por el estrés que estaba pasando, era el mayor y por lo tanto su padre esperaba siempre lo mejor. Pero él no iría a trabajar y dejar su vida morir hasta el final del día como lo hacía Edan, quería tener su propio rumbo sin ataduras ni problemas. De pronto tuvo una idea.
—Bien, sí quieres que vaya a trabajar entonces acepta a los dos pasantes de la universidad que te presenté para que me ayuden— le dijo Hans a modo de intercambio por presentarse en la empresa—. Esa es mí condición si quieres que comience a visitar la compañía.
—¿Quieres qué acepte a ese alumno de mal habla?— le preguntó Edan—. Tiene una personalidad irreverente, se nota que sería incapaz de seguir órdenes, y contigo es suficiente.
—Tú no fuiste muy amable— le dijo Hans mientras unas meseras servían la comida . Luego se retiraron—. Tampoco eres una persona de carácter dósil. Te digo que si no los aceptas, entonces no iré a la empresa porque me demostrarás que no tienes carácter de mando— terminó con una sonrisa.
—Sólo fui realista, hay muchos que quieren entrar a nuestra empresa como pasantes— dijo Hans, tomó su copa y bebió—. Es una pelea justa, y si ellos son los mejores entonces que lo demuestren.
—Ellos son los mejores de Panam, sabes que es la universidad donde ha estado toda la familia— le dijo Hans mientras cortaba la carne—. Si no los aceptas, entonces no iré— volvió a repetir.
Edan frunció el ceño, no le gustaba para nada estar bajo la presión de su hermano. Era como condicionarlo a sus caprichos.
—¿Qué tienen de especiales que tanto los quieres?— le preguntó el mayor. Era claro que eran los mejores, pero Hans nunca daba créditos por los pasantes.
Darío también necesitaba saber porque quería a esos dos en la empresa, más bien si la insistencia era sólo para molestar a su hermano.
—¿No es suficiente con ser los mejores?— le preguntó algo molesto Hans—. ¿Quieres más razones?. Para mí con eso basta.
Edan miró al menor, sabía que éste no cedería a trabajar sin que se cumpliera su petición. Sí decía que eran los mejores, entonces que lo demostraran. Aunque seguía pensando en que esa no era la razón verdadera.
—Bien, has los arreglos y ocúpate de ello— le dijo Edan cediendo finalmente. Se dispuso a comer.
Hans sonrió, Darío miró a ambos estaba claro que al parecer su amigo siempre se salía con la suya. Para suerte de ambos ser del centro estudiantil les beneficiaba para adelantar las prácticas de los alumnos de la universidad.
—Danos una semana y con Darío tendremos todo listo— le dijo Hans a su hermano.
—De acuerdo— le respondió Edan. Continuaron comiendo.
Mientras en la universidad las últimas clases de la mañana terminaban, los alumnos salían de sus salones al comedor para almorzar.
—¿Qué te molesta?— le preguntó Inder notando el rostro de su amigo.
—Creí que el CEO de Titanium era un buen tipo, pero resultó siendo un idiota al igual que todos— le dijo Adriel—. Lo que más me molesta es que jamás haremos la práctica ahí, es más ya ni sé si quiero hacerla ahí. Las personas como él simplemente giran en torno a ellos, no les interesa saber del resto de las personas y si les pasa algo. Después de todo creen que el mundo está a sus pies.
—Escucha— le dijo Inder tomándolo por los hombros—. No te estreses por eso ahora, aún falta para escoger la práctica, mandemos a todas las empresas menos a esa. Nos las arreglaremos bien, por ahora mejor concéntrate en pensar que después de clases iremos a trabajar. Bastet nos espera y no quiero que metas la pata por estar distraído.
Adriel se sonrojó hasta el cuello, aún le dolían horrible las caderas. No estaba seguro si podría dar el ancho con alguien, además que tampoco se la pensaba estar cogiendo todos los días, eso ni de broma.
—Mejor vamos a comer— le dijo Adriel dejando de pensar en ello.
—Comeremos liviano, es más por precaución— dijo Inder—. Aunque Mark me dijo que los nuevos no los toman de inmediato, así que tranquilo. Pueden pasar días que nadie nos coja— lo molestó su amigo.
—Cállate— Adriel le dio un manotazo en el brazo.
—Auch, sólo es un chiste. Relájate— le sonrió el pelirrojo.
El castaño no dijo nada y continuaron al comedor.
Durante las clases de la tarde, Adriel no pudo concentrarse bien. A pesar de las palabras de Inder de igual manera se sentía nervioso, no se imaginaba que alguien se enterara de su verdad y que era un chico de compañía y sexo casual. Ya veía la cara de su madre y hermana, el horror y la decepción en sus ojos le clavaba el corazón. Negó con la cabeza tratando de sacar esas feas imágenes de su cabeza.
—Cielos, debo dejar de pensar tanto o me explotará el cerebro— miró al profesor tratando de concentrarse.
Las horas fueron pasando y finalmente las clases terminaron. Los alumnos se retiraronn a sus casa, mientras Adriel e Inder se preparaban para ir a su trabajo. Salieron del salón para ir al estacionamiento, cerca de la salida se encontraron con Hans y Darío.
—¡Justo a los chicos qué quería ver!— gritó el rubio con una sonrisa—. ¿Tienen unos minutos para nosotros?— les preguntó Hans.
—Sí, bueno vamos a nuestro nuevo trabajo— le dijo Adriel.
—Es algo cortito— le sonrió Hans—. Se adelantará el proceso de postulación a las prácticas.
Ambos amigos se miraron preocupados pues creían que tenían más tiempo, esa noticia lejos de alegrarlos los
importunaba más.
—Y quería saber si querían hacer la práctica en Titanium. Ya lo hablé con mi hermano y aceptó, así me ayudarán con varias cosas y yo los ayudaré a ustedes. Que dicen— les sonrió Hans.
Inder y Adriel se miraron sorprendidos, realmente no se habían imaginado que las cosas tomarían ese rumbo. Parecía más un sueño que la realidad que pisaban, ¿enserio podían hacer la práctica en Titanium?.
—Es, gracias— dijo apenas Adrien—. Fue muy amable tu ayuda. ¿Pero estás seguro qué no tendremos problemas?.
—Claro que no hay problemas. Además yo no hice nada, es mérito de ustedes por tener las mejores notas en Panam— les dijo Hans—. Bien, entonces eso es un gran sí— sonrió—. La próxima semana comenzarán con las prácticas por tres meses, así que irán directo a Titanium, las clases y tareas les serán enviados por correo.
Los chicos asintieron, Hans y Darío se despidieron para ir a sus casas. Sin decir nada Adriel e Inder subieron al auto y se dirigieron a la parte más rica de la ciudad. Largos minutos pasaron hasta que finalmente llegaban a su destino. Estacionaron al costado del casino y bajaron.
—¿Enserio puedes creer qué iremos a Titanium?. Es como un sueño hecho realidad— le dijo Adriel a su amigo.
—Supongo que el tipo no debe ser tan malo si dejó que hiciéramos la práctica ahí— dijo Inder mientras esperaban la luz verde para cruzar—. Nuestro jefe no puede ser tan insensible.
Adrel puso mala cara.
—El que entremos a Titanium es gracias a Hans, no a su hermano de cola levantada— le dijo el castaño.
Inder no dijo nada y ambos cruzaroon hacia el casino. Al entrar fueron directo a las chicas del mostrador.
—Pegasus— le dijo Inder.
La joven salió detrás del mesón y los llevó a la puerta que los llevaría a las entrañas de Bastet. Cada vez que pasaban, Adriel se sentía que estaba haciendo algo ilícito. Se imaginaba que la policía entraría en cualquier momento y que todos estarían acusados de tráfico de drogas y prostitución. Ya se veía siendo sacado mientras lo esposaban en ropa interior.
—¿Estás bien?— le preguntó Inder viendo el rostro de su amigo—. Hey, ya estamos aquí, nada malo pasará.
—Sí, creo que sólo he visto demasiadas series policíacas— le sonrió el castaño—. No me hagas caso.
Inder le sonrió y luego abrió las cortinas escarlatas, pasaron al salón principal.
—¡Inder!— Mark se acercaba a ambos—. Los estaba esperando, vamos.
Sin decir nada ambos amigos siguieron a Mark por los pasillos, el chico sólo vestía esa ropa interior dorada y algunos accesorios, además de la infaltable máscara.
—Bien, como ustedes son los nuevos y se conocen, compartirán habitación— les dijo Mark mientras abría la puerta. Las habitaciones de los empleados estaban en el lado sur del pasillo—. Dense un baño, ahí están sus ropas.
Los chicos asintieron y cerraron la puerta.
—Me iré a duchar primero— le dijo Inder.
Adriel sólo lo miró, aún no asimilaba en la situación que estaba. ¿Había sido buena idea firmar con ellos?. Mientras su amigo estaba en el baño, él se dedicó a mirar el lugar, la habitación parecía de hotel.
—¿Cómo pueden tener tanto dinero?.
Miró la cama de dos plazas, el clóset, una mesa, dos sillones y una mesa tocador con un gran espejo. Sobre ésta habían algunas cremas y lociones. ¿Qué era todo esto?.
De pronto Inder salió del baño viendo a su amigo urgar por los lugares.
—Ve— le dijo al castaño para que se duchara.
Adriel tomó la toalla y entró. Ahora que estaba todo más cerca se sentía realmente nervioso, incluso había olvidado el tema de las prácticas en Titanium. Se metió a la ducha y comenzó a jabonarse. Antes de ir a trabajar se había tomado dos pastillas más por si acaso. Bajo el agua dejó caer el miedo y los nervios que amenazaban con hacerlo desmayar. Después de largos minutos salió de la ducha y se dirigió a la habitación. Ahí vio a su amigo que ya estaba con la ropa interior dorada, los zapatos, unos pocos accesorios y la máscara.
—No sé si pueda con esto— le dijo Adriel mirándolo.
—Vamos, hoy sólo será orientación— dijo Inder animándolo.
Poco convencido el castaño comenzó a vestirse, con la ayuda de su amigo se puso algo de crema con brillo dorado por toda la piel. Luego se calzó los pequeños zapatos y la máscara.
—Bien, estamos listos para trabajar— le dijo Inder tomándolo por un brazo.
Salieron de la habitación y fueron al gran salón principal. Ahí varios jóvenes ya ocupaban sus lugares, Mark se acercó a los nuevos.
—Bien chicos, hoy estarán en la recepción— les dijo Mark—. Sólo harán de compañía y servirán los tragos. Den la bienvenida a los clientes y si quieren que se queden a su lado, pues lo hacen.
Los amigos asintieron. Se pusieron cerca de los sillones y esperaron a los clientes.
—Cambia esa cara— le dijo Inder a su amigo.
—Estoy nervioso— dijo Adriel.
—Menos mal llevas máscara— le reclamó el pelirrojo.
Adriel lo quedó mirando, de pronto vieron entrar a varias personas. Los clientes comenzaban a llegar, eran las ocho de la noche en punto.
—Maldita sea— dijo Adriel mirando con asombro.
Inder miró donde veía su amigo, ahí estaban Edan, Hans y Darío.