DE CRIADA A REINA

1240 Words
Quería que la tierra se abriese y me tragara en ese momento, desafortunadamente pasó algo peor, fuertes estruendos comenzaron a escucharse en el palacio, algo más grande que este malentendido estaba aconteciendo a nuestras espaldas, todos nos miramos incrédulos ante los gritos que provenían de allí y la inminente invasión que tendría muchas consecuencias en nuestro país -Guardías, entren conmigo iré por mi padre y mis hermanadas- dijo el príncipe Bernardo con amplia seguridad- madre, vete con el sacerdote y huyan por la pradera de los establos, nos veremos en el pórtico de emergencia, conoces el camino perfectamente, confío en que llegaras a salvo. En ese momento el príncipe Erick en compañía de Penélope llegaron con cara de pánico -Bernardo, madre, ¿Qué esta sucediendo? -Acaso no es obvio, nos atacan- exclamó la Reina furiosa- Bernardo no irás a ningún lado, guardías… vayan por las princesas, los demás soldados sabrán que su deber es proteger al Rey, ustedes vienen conmigo al pórtico y no lo estoy pidiendo… lo estoy ordenando -Madre- reclamó- no podemos huir como cobardes -Ahora mismo su vida es más importante que la de cualquiera, no voy a arriesgarme a perder a los herederos a la corona, mas vale que corran ahora mismo No pude notar en qué momento corría despavorida entre ese grupo de personas, todas completamente desconocidas para mí, sin contar a Penélope que sentía conocía de más de un día después de nuestras charlas, ella tomaba mi mano en todo momento. Salimos del laberinto y corrimos por la pradera hasta cruzar al bosque oyendo a nuestras espaldas el caos y los gritos de quienes no corrieron la misma suerte que nosotros… no sabía si sentirme afortunada o no por las circunstancias que me permitieron salir de ahí con vida. Corríamos y corríamos esperando que no nos sorprendieran a mitad de camino, Penélope y la Reina no podían correr más, se veían agotadas, ni hablar del anciano sacerdote al cual los guardias casi cargaban casi desde el inicio de nuestra huída, no podíamos permitirnos descansar, el príncipe Bernardo cargó a su madre y yo ayudé al príncipe Erick a sostener a Penélope, seguimos hasta que amaneció y pudimos subir a un bote, el cual estaba perfectamente anclado a la orilla de la inmensa laguna… subimos y navegamos por algún tiempo, no sabría explicar cuánto pues apenas llegamos caí rendida de sueño. Los rayos del sol lastimaban mi rostro, pensaba que había tenido un muy extraño y malo sueño pero al abrir mis ojos y ver cómo me miraba el príncipe Bernardo fijamente caí en cuenta que no era más que una absoluta realidad; desvíe la mirada e intenté acomodar mi cabello que era un lío, estaba suelto y yo no sabía como terminó así -Dios, mi cabello no puede estar suelto… su majestad… -No creo que eso tenga importancia ahora muchachita- contestó la Reina quien también tenía el cabello alborotado, el rostro y brazos manchados de tierra al igual que sus ropas; me miré y digamos que estábamos en las mismas condiciones… todos -Madre, hemos llegado- anunció el príncipe Erick. Encallamos el barco y descendimos de él, los guardias pusieron a cubierto el barco detrás de un enorme granero, supongo que estaban preparándose para el peor de los escenarios y eso me aterraba un poco, quizás solo habíamos prolongado nuestras vidas unas horas más que los demás en palacio. Cerré los ojos y por un momento agradecí que mi madre haya enfermado y no hubiera estado allí, no soportaría perderla de esa manera, no asesinada sin piedad por un ejército invasor. Fue inevitable derramar algunas lágrimas sentía alivio de alguna manera -Es inútil llorar- dijo el príncipe Bernardo- eso no soluciona problemas señorita… - Su nombre es Camila- contesta Penélope- y es mi íntima amiga -Si ya pude darme cuenta qué tanto- musitó sarcástico - Bajemos al sótano… madre, Erick, caballeros… señoritas- ordenó Nos atrincheramos allí, Penélope y yo descansamos en el recibidor mientras los demás entraron a una especie de despacho en donde pasaron horas hablando, supongo que buscando alternativas para combatir al enemigo, salvar al rey o quizás solo sobrevivir. Observé una especie de cocina, abrí las alacenas y había un sinfín de provisiones, un excelente horno y muchos aditamentos que me permitirían preparar al menos algo decente de comer. Penélope se acercó a mí y me ofreció su ayuda. Cociné pan, preparé unas ensaladas con los ingredientes que allí había, tomé huevos e hice magia, en ese momento comer lo que fuera para mí era un acto fantástico. Las puertas del despacho se abrieron, todos allí salieron, la intriga de lo que podía suceder se hizo presente, cuál sería el destino de nuestro reino, miles de preguntas vinieron a mi mente en esos momentos -Nos asearemos, comeremos esa deliciosa comida que puedo oler y después tendremos una boda doble- afirmó la Reina Aurora. Esperen ¿boda doble? ¿Quiénes se casan? Pregunté en mi mente, la gran y obvia respuesta- No pongas esa cara niña, muchas mujeres matarían por estar en tu lugar, pasarás de criada a Reina- soltó. Necesitaba que alguien arrojara un valde de agua sobre mí, no daba crédito a lo que estaba escuchando, no fui capaz de oponerme, cómo podría decirle que no a la Reina de mi país, cómo podría negarme a ayudar a nuestra nación. No era tonta, sabíamos que estábamos en un gran problema político, lo que significa ser Rey y la necesidad de una Reina para ello, dado que Penélope y Erick están enamorados termino siendo su única opción. Dirijo a mi mirada al príncipe Bernardo, se ve tranquilo y resignado a cumplir con su destino, regreso la mirada a la Reina y contestó al fin -Haré lo que sea necesario por mi nación, su majestad -Buena chica- sonrió No mentía, teníamos que hacer algo al respecto pues una vez apoderándose del palacio los enemigos avanzarían a las diferentes ciudades del reino y sin duda mi familia estaría en peligro, no me importaba tener que llegar a medidas drásticas para que pudieran estar a salvo. Mientras nos bañábamos y cambiábamos nuestras ropas Penélope no paraba de mostrar su entusiasmo, se convertiría en la esposa de Erick, el hombre que la amaba y ella a él, quería compartir su entusiasmo pero mis circunstancias eran completamente diferentes, no es que el príncipe Bernardo fuera feo o malvado pero nunca pensé casarme sin amar a quien fuera mi esposo, tampoco había algún novio o enamorado por el cual lamentarme puesto que no había tenido intereses románticos serios por algún caballero, pero era la última forma que esperé de mi casamiento, mucho menos esperaba convertirme en princesa o Reina; era mucho por procesar y tan precipitados los tiempos. La fortuna de contar con el sacerdote y los sellos de la casa real facilitó las cosas, ambos príncipes tenían sus sellos en colgantes que llevaban debajo de sus ropas. Penélope me ayudó a ponerme lo más presentable posible, salimos de la habitación y pasamos al despacho en donde el sacerdote y ambos príncipes nos esperaban, miré a mi futuro esposo con serenidad, el me lanzó una mirada de condescendencia, nos colocamos a la par de ellos y con la entrada de la reina la pequeña y secreta ceremonia se llevó a cabo. En los documentos redactados se impactaron los sellos reales y la unión quedo completamente formalizada, era oficialmente la esposa del príncipe Bernardo III Cansell Bromero del Comisio.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD