DE CRIADA A NOBLE

1115 Words
El palacio solía albergar a los nobles de mayor confianza, les asignaban una habitación en la cual prepararse antes de la fiesta y descansar después de ella, sobre todo a aquellos que venían de ciudades lejanas al palacio y para quienes era incómodo viajar apenas terminara la recepción. Dentro de la habitación la señorita Penélope me dio un vestido gris oscuro con detalles en rosa, un escote muy discreto y de encajes muy finos -Este te quedará genial- habló- no tienes que ser tan formal y vergonzosa, yo no soy clasista, todos somos humanos ¿sabes? Tenemos la misma anatomía y los único que nos hace “diferentes” es el oro que tienen nuestras familias Sonreí un poco impresionada por su amplio criterio, la mayoría de las chicas de su edad de clase alta apenas volteaban a verte y si lo hacían sus caras eran despectivas, eran derrochadoras de dinero, vanidosas y antipáticas… esta señorita a pesar de ser muy hermosa parecía sencilla y humana, casi una especie en extinción; me vestí en silencio y al verme en el espejo parecía que un simple vestido me había transformado en otra persona -Sabía que te quedaría genial- se acercó a mi y completó mi atuendo con unas joyas sencillas y elegantes -Señorita, prefiero no usar joyería, temo que se extravíen y no pueda responder por ellas- dije mientras intentaba retirarlas -Son un regalo Camila, no son tan valiosas, mis padres me compran tantas que no podrían notar cuántas y cuáles tengo en realidad, tómalas como una disculpa por asustarte hace un rato -Gracias, no puedo aceptarlas, las devolveré al final de la noche- afirmé con una sonrisa -Como prefieras Cam ¿Puedo llamarte así? -Puede hacerlo Señorita Penélope -Genial, vamos entonces, necesito un poco de tu ayuda hoy. Regresamos al salón y después de tomar algunas copas de ron y pequeños bocadillos, nos limitamos a platicar cosas triviales, el gusto por la pintura era mutuo y la autora de aquel cuadro que me robó mil sonrisas no era más que ella; el cuadro fue un regalo a la Reina en uno de sus cumpleaños y al parecer fue de su agrado para colocarlo en el salón principal. Algunos caballeros se acercaron a nosotras y nos invitaron a bailar, me sentí muy tensa al tener cercanía con los caballeros que me miraban con ojos juiciosos, no tenía experiencia en esta clase de fiestas, sin embargo, mi madre me había enseñado bien, ahora agradecía todas esas inútiles clases que duplicaba de la educación de las princesas e intentaba que las aplicara pues algún día me podrían ser de ayuda si quería ser una de las sirvientes más eficientes del palacio. Ambos príncipes miraban en nuestra dirección, temía que el príncipe heredero me reconociera y me reprendiera por estar allí disfrutando y no sirviendo como me corresponde. Quería confiar en que Penélope si era cercana a la familia real y podría salvar mi pellejo; y vaya que era cercana, me faltaban unos minutos para darme cuenta de ello… En la caída de la noche Penélope y yo parecíamos amigas de toda la vida, era refrescante su esencia y cálidas sus palabras, era una buena chica rica -acompáñame al jardín un momento, necesito aire limpio- pidió tomando mi mano, la seguí, también me vendría bien sentir el frío de la noche, nos colocamos los abrigos y salimos a los jardines valdinos, eran famosos por sus caminos en forma de laberinto que llevaban hasta el prado donde se practicaba equitación, me había contado tanto de ellos madre que casi sentía que no era la primera vez que los veía. -Son más hermosos de lo que me habían contado… tengo que pintarlos definitivamente - Y aún no has visto nada, vamos- nos dirigimos hacia el laberinto, de repente sentí que no éramos las únicas en el sitio, el príncipe Erick estaba justo detrás de mí, sonreía embobado contemplando a Penélope -Necesito tu ayuda- me miró con ojos suplicantes- podrías vigilar que nadie se acerque unos momentos, no deben saber que el príncipe está aquí- en ese momento el príncipe se acercó tomándola de la cintura, mis ojos se abrieron con impresión y llevé las manos a mi boca -Dios, podrían cortarme la cabeza por esto- se notó la desesperación en mi voz - Te aseguro que no será así- dijo el príncipe mirándome con seriedad- serás bien recompensada -Cielos Erick, ella no es así, sólo tienes que pedirlo por favor- regaña Era evidente lo que estaba sucediendo ahí, no pude negarme, quién soy yo para ir contra el amor que evidentemente estas dos personas sienten -Lo haré su majestad, sólo procuren no demorarse hay demasiado frío y temo que alguien nos descubra- ambos sonrieron y desaparecieron entre los matorrales no sin antes agradecerme infinita cantidad de veces. Froté mis guantes intentando generar más calor, estábamos en pleno invierno y estos chicos querían romantizar a plena intemperie, era un poco atrevido estar a solas con un hombre y creo que se duplicaba el atrevimiento si se trataba del segundo príncipe heredero al trono. -Dios, que ya termine este día- suplicaba en susurros Unos pasos me asustaron, dejando ver al príncipe Bernardo frente a mí con un rostro para nada amigable. -¿Dónde está?- gritó acercándose apresuradamente -Su majestad, no entiendo de qué me habla- exclamé inclinando mi rostro para evitar el contacto visual -No volveré a preguntar, ¿dónde está mi hermano? ¿Usted es la mujer con la que tiene una aventura?- gritó nuevamente estrujando mis hombros con sus fuertes manos- ¿dónde se ha ocultado? ¿No sabe lo poco apropiado que es verse a solas con un hombre en medio de la noche?, la sociedad la repudiaría para siempre, su virtud será cuestionada No sabía que decir, tenía tanto miedo en ese momento que las palabras no podían salir de mi boca -Habla mujer- me sacudió nuevamente y se pegó a mí encarando mi rostro y sujetando uno de mis brazos a la altura del codo- Oh no, la criada de antes, ¿Qué haces con esas ropas? ¿Te has camuflado para burlarte de nosotros y engatusar a mi hermano? Respondé- grita incansablemente -Yo conservo mi virtud y no estoy intentando engatusar a nadie-me defendí Apenas y había reunido el valor para continuar contestando cuando la Reina Aurora, el sumo sacerdote, algunos hombres y guardias estaban frente a nosotros mirándonos con gran sorpresa y es que ante semejante escena parecía que los culpables de un amorío secreto en medio de la oscura noche no eran precisamente la señorita Penélope y el príncipe Erick -¿Qué significa esto Bernard?- cuestionó la Reina con un rostro sumamente contrariado…
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