HUIDA PARTE 2

1157 Words
Amanecer en los brazos de Bernardo fue vergonzoso, el sueño me venció y quizás el frío me hizo aferrarme a él, que estuviera desnudo lo hacia aún más, afortunadamente el no tuvo reacción alguna, se mostró inexpresivo, se vistió y salió de la tienda no sin antes advertirme que no dijera nada sobre su fiebre. Entenderlo era complicado, en realidad era alguien extraño, sacudí mi cabeza, traté de centrarme en el ahora, llegar con vida a Yatuma y buscar la manera de poner a mi familia a salvo. Mi ropa era un caos, eran muy notoria la falta de tela en ella, sin embargo, omití la importancia en ello a pesar de notar la incomodidad de los otros al notarlo, mantuve mi cabeza en alto y me limité a caminar y caminar. Durante el camino pude observar que Bernard es muy atento con su familia, quizás el problema sea difrectamente conmigo, debo desagradarle al igual que él a mí, aunque si lo pensaba bien él debería estar agradecido conmigo por estar dispuesta a soportar semejante suplicio del matrimonio, no entiendo como mis amigas se morían por ser esposas cuando es del todo horripilante, obedecer ciegamente a un hombre, tener deberes maritales vergonzosos y dolorosos, ser un artículo decorativo que sólo debe sonreír y tener las responsabilidades que el marido no desea, vestir cuidadosamente y evitar cualquier otro tipo de compañía masculina si no quieres convertirte en una cualquiera... ¡¡¡patrañas!!! Después de tanto esfuerzo logramos llegar al castillo, evité tener contacto con el Rey, me dejé llevar por el personal para dirigirme a la habitación. Esbocé un sonrisa al ver la enorme habitación con una tina llena de agua en el centro, realmente anhelaba un baño caliente, las empleadas se disponían a desvestirme y bañarme como era costumbre en la realeza pero antes de que lo intentaran les detuve - Deseo estar sola- pedí, en realidad era primera petición que hacía como “Reina” era tan insignificante que me pareció gracioso. Tras reverenciarme todas salieron de la habitación sin decir palabra alguna. Retiré mis ropas, lavé mis pies y entré en la tina, la temperatura del agua era perfecta, mi cuerpo de inmediato se relajó, suspiré sumergiéndome en el agua por algunos segundos y cuando salí pude ver de pie a mi costado a un Bernard con cara de impresión - Pero qué demonios… planeas quitarte la vida aquí cuando pudiste hacerlo antes de llegar- exclamó jalándome de la muñeca y haciéndome poner de pie exponiendo mi cuerpo desnudo, a pesar de sentir vergüenza mi enojo fue aún mayor - Quitarse la vida es para cobardes y créeme que no lo soy, suéltame y de ser posible quisiera disfrutar mi baño que es una de las pocas cosas que puedo hacer en estas circunstancias- exclamé sacudiendo mi brazo para hacerlo que me soltara, sin embargo, sólo conseguí que lo apretara más - Ten cuidado como te diriges a mí, he sido permisivo por la situación pero tu estas sobrepasando los límites- su aliento rebotaba en mi rostro con tanta cercanía haciendo que mi piel se erice- te espero en mis aposentos cuando concluyas, no demores- me suelta al fin y sale por una puerta que no había notado, nuestras habitaciones están unidas por ella al parecer; regreso a la tina abrazando mi cuerpo, me permito soltar un par de lágrimas, jamás pensé estar en semejante suplicio, me tallé lo mejor posible intentando arrancar mis penas y problemas al igual que la suciedad de mi cuerpo, pensé más de lo necesario y fue entonces cuando me propuse tomar un poco el control en esta imperable situación. Coloqué una bata de tela delgada sobre mi cuerpo, no necesitaba más para lo que requería el Rey, cepillé mi cabello y entre en la habitación sin tocar, me sorprendí al ver a Bernard con una mujer sujeta a él besando sus labios, ambos se sobresaltaron ante mi llegada, me miró de forma fría y separó a la mujer de su lado - Te he dicho que te retires y no vuelvas más, tus servicios no son necesarios, tengo una Reina ahora- soltó con frías y despiadadas palabras. Apreté los puños y la joven mujer salió rápidamente de la habitación azotando la puerta. Me quedé estupefacta, no sabía que hacer, qué decir ni mucho menos cómo reaccionar, quizás si fuera un chico común le gritaría o abofetearía pero es el mismísimo Rey, y yo… yo soy la Reina- pensé en mis adentros tomando nuevamente el control de mi cuerpo y mente - Que desagradable, ¿Es también deber de la reina presenciar sus quereres con las amantes? - exclamé mientras me concentraba en desamarrar el nudo de mi delicada y fina bata- Aún me necesita o ya se encuentra satisfecho, ¿Su majestad? – mis palabras soltaban tanta ironía e indiferencia que ni yo misma podía reconocerme, dejé caer la bata al suelo y caminé hacia la cama, no pude llegar a ella pues Bernard me interceptó de inmediato, tomó mi rostro entre sus manos y me besó con desesperación, sus labios me causaban repudio, habían estado en los de aquella mujer hacía unos instantes - Puedes solo hacerlo y dejarme volver a mi habitación, estoy agotada por el viaje a pie- él pareció ignorar mis palabras e intentó besarme nuevamente- sin pensarlo volteé el rostro rechazando sus intenciones- es humillante que haga eso después de haber compartido fluidos con esa mujer- solté - Eso no ha sido con mi consentimiento, no tiene importancia- contestó atacando nuevamente mis labios- no sabía si mentía o no, lo único que me constaba era que lo que yo opinara no era de importancia, él tomaría lo que quisiera por el simple hecho de ser el Rey y no podía hacer mucho al respecto y era tanto mi cansancio que tampoco deseaba hacerlo, así que con una dosis de resignación no me negué a sus siguientes besos. Algo diferente se suscitaba, sus manos me recorrían con un poco más de delicadeza a las anteriores veces, sus besos, su mirada parecía menos dura, me sentí bien por primera vez, el inició el acto y un sinfín de sensaciones me invadieron… fue placentero, lo disfruté, el calor de sus manos sobre mi piel me daba una sensación de seguridad, me sentí protegida en medio del caos que había a nuestro alrededor, algo completamente extraño pues antes su sola cercanía me provocaba naúseas, ahora no era que fuera mi persona favorita pero de alguna manera sus caricias no eran nada despreciables, quizas eran mis instintos que se encontraban vulnerables pero algo hubo diferente que cambio un poco mi postura, al parecer también la suya pues en esta ocasión no me echó como un animal de su alcoba - Solo quedate quieta e intenta dormir, serán días dificiles- exclamó cubriendose con la sábana dandome la espalda, me sentía tan agotada que cerré mis ojos volviéndose todo oscuridad…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD