Charlie:
Me estaba besando
¡Me está besando!
El Idiota, que me cayó mal desde el primer día en el instituto. Y cuál resultado ser mi hermanastro ¡Me estaba besando!
Sus suaves labios hicieron contacto con los míos, perdí completamente la noción de tiempo, lugar o espacio. Mi mente queda en blanco, y solo puedo enfocarme en sus labios.
Quería más.
Aprieta mi cintura con su mano, pegándome más a su cuerpo, profundizando aquel beso demandante, apasionado, nada romántico, su lengua, tentando y rozando una y otra vez. Nuestras respiraciones se aceleran debido a la falta de aire.
Pero algo me hace reaccionar de inmediato. Recapacite de lo que estábamos haciendo para alejarme abruptamente.
Dios que mierda había Sido eso y eso no es lo peor, yo le seguí el juego.
Mis gritos internos se hacen presente regañándome.
No se supone que lo odio, de hecho lo detesto. Solo sabe cómo joderme la vida desde que llegó en esta casa. Lo empujó con todos mis fuerzas. Una hermosa sonrisa se curva en sus labios mientras se levanta encima de mí.
— Vete a la mierda
— Claro, si tú me acompañas
Me respondió el muy maldito sonriente, comencé a lanzarle cada cosa que encuentro en la habitación para echarlo, hasta que finalmente salió.
***
El día domingo finalmente llegó y papá, junto con esa mujer, se despidieron de nosotros, dejándonos a cargo de todo, al menos a ese mugroso, ya que papá dijo claramente que no confiaba en mí, yo que soy su hija, confío más en ese maldito mugroso y lo peor que me dejó a cargo de él por el simple hecho de ser mayor. Dios, cómo lo detesto. Papá no mencionó su fecha de regreso exacto, lo verían al paso del tiempo con la despedida y con todo un discurso típico.
Cuidar la casa y sin fiestas.
Finalmente, se fueron subiendo el auto que lo llevaría al aeropuerto.
— Casa sola — Sonreí para mí misma sería una perfecta oportunidad para hacer una fiesta, pero claro, ese maldito tenía que arruinar mi felicidad.
— Oh, oh. Por si lo olvidas también estoy aquí — me mira Sonriendo enseñando las llaves y las tarjetas que le dejo papá a cargo, mientras que a mí me quitó todo.
Lo quiero matar.
Mi lado sicópata reacciona imaginando matar ese idiota de mil formas.
No, no puedes matarlo.
Mi otro lado me advierte no teniendo más o
que seguir a esta opción.
— Pues para mí eres invisible, no existes — Dicho eso me doy la vuelta para regresar a la casa.
— si fuera así no me hablarías hermanita — Me detengo al escuchar como me llama.
— No voy tu hermana idiota — Camino lo más rápido posible entrando en la casa dejando a ese imbécil atrás. Definitivamente, si me quedo aquí toda la tarde, me volveré loca contando que mañana, lunes, no hay clases por cosas del instituto. Después de todo papá no está aquí ¿Qué podría pasar si salgo? Nada ¿Verdad?
***
Estando en mi habitación, el ruido de la fuerte música que proviene de la sala, me molesta demasiado. Como estaba viendo una película de acción antes de salir no pude escuchar nada, sabía que ese cabrón solo estaba buscando pelea y traté de ignorarlo, pero como había dicho lo menos que tengo en ese puto mundo es paciencia. Así que enojada salí de la habitación bajando las escaleras como el alma que lleva al diablo.
— Baja tu maldito volumen — Me ignoró, me ignoro por completo, con su vista en la televisión — ¡Te he dicho que bajes tu puto volumen! — Simplemente exploté
Finalmente volteó a verme
— Que pasa hermanita — Su sonrisa me confirmó lo evidente lo estaba haciendo a propósito para joderme el día, y claramente lo había logrado.
— Sabes que, Jodete, hijo de perr* — Sin más me fui subiendo las escaleras entrando en mi habitación, definitivamente necesito salir de aquí o de verdad me voy a volver loca con ese maldito mugroso.
Terminado de tomar un baño empiezo a vestirme y maquillarme. Intentaba subir el cierre de mi vestido desde atrás, pero era imposible ¡Genial! Mi mala suerte tenía que aparecer ahora. Sobresalto cuando la puerta de la habitación se abre entrando ese imbécil como si fuera su habitación.
Pero qué modales.
— Largo de mi habitación — lo miro a través del espejo, aún intento subir el cierre, sin esperarlo se acercó a mí con pasos lentos, quedando justo atrás mío, para sacar mi mano y subirme el cierre poco a poco.
Al menos sirve para él algo, el Idiota