David abrió los ojos pesadamente, se incorporó sentándose sobre el sofá en el que ya estaba acostumbrado a dormir. El olor a medicina en las mañanas ya lo tenía harto, quería despertar de nuevo en su cama, envuelto entre sus cobijas siendo recibido por el sol de la mañana. Se puso en pie y se dirigió al baño para asearse, al regresar se encontró con Julián mirando detenidamente la cama sobre la que descansaba Adrián. — ¿Qué sucede pequeño?— Preguntó. — ¿El señor Velasco vendrá? A David se le encogió el corazón ante semejante pregunta. Si solo supiera que aquel hombre no tenía corazón, que tal vez en ese momento se estaba riendo de él con alguno de sus amantes revolcándose. Si supiera que era una persona incapaz de amar o siquiera cuidar sus propios sentimientos. No quería que hiriera

