— Tío Samuel— Gritó emocionado el niño. Aquel desconocido de sonrisa blanca caminó hacia el pequeño atrapándolo entre sus brazos, Adrián vigiló con recelo cada uno de sus movimientos. David se había marchado a casa a descansar un poco y traer cosas para Julián. Suspiró frustrado, no había recibido noticias de Marc desde su última visita, era como si su amigo se lo hubiese tragado la tierra, cada una de las cosas en aquella clínica estaba paga por lo que le habían dicho así que no sabía cuándo regresaría su amigo. Por algún motivo no podía dejar de sentirse inquieto. Vio al extraño moverse con toda la confianza del mundo por la habitación. — Pequeño travieso— Dijo con tono infantil mientras recorría con sus manos aquel cuerpecito arrancándole carcajadas que retumbaron en la habitación.

