Adrián ahora caminaba con una sonrisa por los pasillos de la universidad, él estudiaba administración y negocios, por lo tanto, estaba en una facultad diferente a la de David, lo que significaba un gran alivio para él. Llevaban un par de días de novios, después de dos arduos meses de trabajo duro -Flores,chocolates, salidas, peluches, detalles, besos casuales- lo había logrado, había sido complicado, lo aceptaba, ese pequeño no era muy fácil de persuadir sumado a esa personalidad del demonio que se mandaba. Solo le faltaba un paso para cumplir la maldita apuesta. —Adrián—Gritó esa molestaba voz que lo sacaba siempre de sus casillas. Adrián se giró a ver a Lizeth con su característica falda corta. Había sido tan fácil abrirle las piernas— ¿Qué me dices de ya sabes...? Adrián sonrío, esta

