capítulo 6

1889 Words
Apreté mis labios en una fina línea mientras me escabullía en el pasillo del colegió, en busca de la chica de pecas. Desde el sábado no habíamos hablado sobre lo que vio, sé que ella esta apenada por eso. Ahora quiero que hablemos para que todo esté bien entre nosotras. Mientras camino por el pasillo miro de reojo a todos lados, a otro que no había visto desde el sábado era a Drake, sólo de pensar en lo que paso me pongo roja. No puedo creer que haya perdido mi virginidad así. Es frustrante. Esta situación es frustrante, él es tan frustrante, con sus cambió. Mi cabeza me iba a explotar, el dolor de cabeza ya era parte de mí. Las manos comenzaban a temblarme y las palmas me sudaban. Mis pesadillas eran cada vez más frecuentes, me pasaban hasta estando despierta. Comenzaba a pensar que no eran solo sueños, pero nunca nada así me había pasado antes. Tenía un lio en mi cerebro, quería solo callar mi cerebro por 5 minutos. Quería… no sé qué quería, pero un día de paz era una idea brillante. –HANNA– grite al verla frente a su casillero, camino hasta ella a toda prisa – hola – la saludo, se ve apenada y de inmediato se pone roja, lo que me hace ponerme a mi roja. –Hola – susurra. –Oye yo, quiero que hablemos de lo que viste el sábado – tomo valor, respiró hondo y la miro. A la podre no le cabe otro color en la cara. –Lo siento, no debí de entrar así – susurra apenada. Asiento y trato de formar una sonrisa que nos relaje. – No importa, ¿sólo quiero saber si estemos bien? –preguntó, alejándome de ella, le sonrió y ella a mí, asiente varias veces con movimientos de cabeza y la abrazo. – Que bien– digo al final– ¿vamos a clase? –Sí. – Hanna termina de guardar sus cosas y ambas emprendemos camino al aula, mientras caminamos por el pasillo le voy preguntando de que hablo con James. –Vamos dime. – lloriqueo y la veo sonreír. – No, para que quieras saber. – Sólo dime mujer, Oh tendré que… –yo misma me interrumpo cuándo mis ojos captan aquella imagen que hace que mi corazón caiga en pedazos, regado por todo el suelo, siento la mano de mi amiga sobre la mía, la aprieto mientras trató de no llorar en medio del pasillo lleno de alumnos. –Vamos – me encamina a toda velocidad, pero yo voy en cámara lenta, mientras mis ojos, se quedan fijos en él y en la rubia que lo besa. Esto me pasa a mí, por dejarme llevar.  Todo pasa tan lento en un momento se besan y en otro nuestros ojos están haciendo una guerra de quién resiste más. Vuelve Café contra Café. Y justo ahí, en ese momento mientras él me mira fijamente, sus ojos se oscurecen y una puta lágrima se desliza por mi mejilla. Maldita sea. ¿Por qué tengo que llorar? aquí, frente a él, por lo que él haga. Nunca me dijo que después de hacerlo íbamos a tener algo. Nunca me dijo nada. Luego de que Hanna nos viera, simplemente se puso su ropa y salió de mi habitación, en silencio. Llevándose lo poco que me quedaba de pureza. Así como sin nada. El dolor de cabeza se incrementa y hace que me tiemble el cuerpo. Las náuseas suben por mi garganta. Sólo fue sexo casual. Tuve que llegar rápido al baño, escuché la voz de Hanna lejos a lo que dejaba ir todo el vómito. Todo me daba vueltas, sudor frio se deslizaba por mi frente y me hacía templar. – Sam, ¿estás bien? – mi amiga estaba ayudándome a mantenerme en pie. Niego con la cabeza porque las palabras no me salen. – Necesito sentarme. – susurro y ella asiente. Lleva hasta una pared del baño y ambas nos dejamos caer al piso. Apoyo mi cabeza en su hombro. Todo me da vueltas. – Estas temblando, Sam. – siento las suaves manos de Hanna acunando las mías. – Te llevare a la enfermería. – Dame unos minutos. – le respondo como puedo, ahora no podía ni quería pararme de allí, no sé qué exactamente paso por mi mente, pero me acogió una tristeza enorme, las lágrimas no se hicieron esperar. Empape toda la blusa de mi amiga. Me paso la mano por el pelo y la otra por los hombros y me dio el abrazo que había estado necesitando desde el momento que abrí los ojos en el hospital. Unos sollozos se me escapan, mientras lo minutos más pasaban, más fuerte me abraza. Lo agradecí tanto, que no tuve palabras suficientes para decírselo. – Yo… – Shh, no hables. – me interrumpió. La mire y ella a mí, me limpio las lágrimas con sus pulgares. – no tienes nada que decir. ¿todavía quieres ir a enfermería? – asentí y nos pusimos de pie como pudimos. Me lavé la cara y cuando estuve más o menos presentable salimos del baño. Agradecí mucho que no había nadie por allí. Llegamos fácilmente a la estancia media, la enfermera me dio unos medicamentos para el dolor de cabeza y me dejo descansar. Hanna se quedó conmigo todo el tiempo. Agarrando mi mano, saco un libro de su mochila y se puso a leer em voz alta, no comprendía mucho lo que leía, cuando el medicamento me hizo efecto me dormí. Ese día no fuimos a clases, me pase media mañana en la enfermería y la enfermera me dio un pase para poder irme a casa, también me indico que visitara a un médico por los dolores de cabeza. Le mentí diciendo que iría esa misma semana. Hanna me llego a casa y me alegre al encontrarla vacía. Subí a darme una ducha mientras mi amiga decidió preparar algo de comer. Una vez estando duchada y cambiada con pantalones de pijama y una blusa sin mangas baje a la cocina. La encontré sentada en el desayunador leyendo y comiéndose un sándwich. – Te hice un sándwich de queso y jamón. – Gracias. – tomé el plato y me senté a su lado, no hablamos mientras comíamos. Estaba cansada mentalmente. Dejamos los trastes en el lavadero y subimos a mi habitación. … –Te lo dije, él no era para ti–y cuándo menos lo necesito aparece Alexz a causarme más dolor, la ignoró y me muevo en la cama. – Siempre has sido testaruda, nunca te das cuentas de las cosas. – por favor, ahora no necesito a la Alexz que me reprocha, no quiero que me reproches–le digo. –Mírame. –No quiero–cierro los ojos. –MÍRAME – grita, un grito que me retumba en mi cabeza. Me levanto de la cama y ella está ahí parada, con el mismo aspecto que en mis sueños. –Nunca te ha gustado escuchar la verdad. Esto es real, estoy despierta, la estoy viendo. –Hazlo – dice sería, la miro con el ceño fruncido. – ¿El qué? – preguntó. –Esto –dice y entre sus manos tiene una navaja que la roza con la piel de su muñeca. – ¡No! – grito asustado. –Sí. – Vuelve hablar, niego con la cabeza, trato de zafarme de su agarre, miro la sangre salir de su muñeca. ¡NO! Quiero que sea un sueño, esto tiene que ser un sueño, necesito despertar. Pero no lo hago. No puedo, siento desesperación en mis venas, quiero correr, gritar, escarpar lejos. Estar sola. Callar mi mente. –NOOOO – grito nuevamente, cuándo siento la navaja sobre mi piel, veo la sangre salir de mi muñeca, de repente me siento mareada, mi piel esta fría como el hielo. Me congelo. La sangre sigue saliendo sin parar de mi muñeca, todo se vuelve n***o, Alexz suelta mi mano y voy cayendo de apoco, cada vez todo se vuelve más n***o. –¿Sam? – escucho otra voz a lo lejos, pero no distingo nada. Alexz ya no está, sólo yo y una habitación fría y solitaria, la recuerdo es mi antigua habitación y ahí dos niñas jugando a las muñecas. Las reconozco. Somos Alexz y yo cuándo teníamos 7. De repente se escuchan gritos. –Eres una puta, esa niña no es mi hija, ve tu a saber con cuántos hombres has estado – la voz de un hombre suena, muy enojado, me asusto y mi mejor amiga me tapa los oídos, pero cómo quiera puedo escuchar.   – Sí, sí es tu hija, y por tu maldita culpa soy una puta, tú me metiste en este mundo–es la voz de mi mami. Cierro los ojos. Estoy asustada. Quiero un abrazo de mi mami. –No me eches tus culpas, me voy. – ¿Cuándo vas a volver? –Jamás, mi esposa sabe que tengo una amante, tengo que dejar de verte, no me busques más, olvídate de mí. –No, sabes que yo te amo, no puedo dejar de verte y la niña. –Ya te he dicho que no es mi hija. No me busques. –No, no te vayas por favor, quédate y hazme el amor por última vez – los gritos cesan ya no se escucha nada, que ha pasado, Alexz me abraza fuerte... –Todo va a estar bien – me susurra con su voz suave y dulce. Cierro los ojos despacio y le devuelvo el abrazo a mi mejor y única amiga.   Cuando abro mis ojos estoy en una habitación de hospital. ¿Qué rayos?  Oh mierda... Miro mi muñeca, esta vendada, un suero con un líquido como el agua se introduce debajo de mi piel, cuándo me acostumbro a la luz, escucho el susurro de una voz masculina, busco con mi mirada y encuentro a James hablando por celular de espaldas a mí. –Mamá, ella está bien, los doctores me dijeron que me la puedo llevar a casa en unas horas. –Se calla y escucha por unos segundos. – La verás cuándo vuelvas de New York, tranquila ma, yo la cuido. La puerta se abre y llevo mi vista hasta ella. Es Hanna. –Sam, has despertado por fin – dice con voz alegré. – ¿Qué me ha pasado? – preguntó con la voz débil. James se da vuelta y nos mira, esbozando una sonrisa. Hanna me abraza – Estaba preocupada, cuándo te encontré estabas en el piso llena de sangre. Tu muñeca. ¿Te ibas a suicidar? – pregunta, en un hito de voz. Niego con la cabeza y me echó a llorar en los abrazos de mi amiga, cómo cuándo Alexz me abrazaba. – No, yo no, no quería, yo no me echó esto, ha sido… – me interrumpo al saber que estoy diciendo más de la cuenta. – ¿Quién? – pregunta James, se acerca y se sienta a los pies de la cama. – ¿Quién ha sido? – pregunta esta vez la chica. –Nada. No recuerdo nada – digo, porque creo que es lo correcto en este momento. Mi mente esta nublada de recuerdos, no puedo distinguir cuales son reales y cuáles no.  
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