Me desperté sintiendo que alguien me miraba, la habitación estaba sumergida en pura oscuridad, un peso sentándose a mi espalda me erizo los vellos de la espalda. No querida darme vuelta. El peso en la cama se movió, escuche como se quitaba los tenis. ¡Oh, Dios no! Sentía que el corazón se me saldría por la boca. Me moví un poco en la cama y la persona detrás de mí se acomodó, sabía exactamente quien era cuando sus dedos se deslizaron por mi brazo. Deje salir un suspiro. –Debes dejar de entrar a mi habitación por las noches–susurre. Sus dedos se detuvieron, no quería darme la vuelta, no quería mirarlo. –Bueno… no me avisaste como te fue con la doctora– su aliento me rozo el cabello de la nuca. Conte hasta tres antes de darme vuelta. No podía verle el rostro y eso me molesto, me incline

