Me di la ducha más rápida del mundo para bajar, me fui atando el cabello en una cola alta al salir de la habitación, una sensación extraña me recorrió toda la espalda, hacia tiempo que no la sentía. Todo esta en paz ahora, con las pastillas. Me aterraba que las cosas se volvieran a poner locas, volver a sentirme perdida y enfermaba. No quería nada de eso. Mire sobre mi hombro, no había nada. –Samantha, no hay nada allí. No estas loca. Solo enferma. Nada es real– me repetí en voz alta varias veces, salí de la habitación y al intentar cerrar la puerta la sensación volvió, levanté la mirada, la puerta del closet estaba abierta, una sombra oscura se asomaba. Con la piel de gallina corrí por el pasillo. Al llegar a la planta baja el corazón me martillaba con fuerza en el pecho. Encontré a Lau

