Atrapada en su Red

1335 Words
Gael me miro de arriba abajo sin disimulo y su sonrisa creció, como si supiera que había tocado una fibra sensible. Mi mente estaba a mil por hora, tratando de organizar mis pensamientos, pero sus palabras resonaban en cada rincón de mi mente, ¿Por qué me atraía tanto este hombre? Siempre me atraen los malos, caraj0. Me forcé a apartar ese pensamiento, negando la extraña sensación que comenzaba a crecer en mi pecho. No podía permitirme caer en lo que sea que este tramando, no podía permitir que ese magnetismo entre nosotros tomara control. Pero ahí estaba, desbordando mis límites y desafiando todo lo que pensaba saber de mí misma. —Escribes bien, lo sé, Daphne —dijo, su voz suave pero cargada de una intensidad que no podía ignorar—. Pero quiero ver si eres capaz de escribir sobre alguien como yo. No será nada fácil. Pero sé que te excita el desafío. Lo miré fijamente, mi respiración se agitó, pero intenté que mi voz sonara firme, aunque sabía que mi interior estaba comenzando a quebrarse.—¿Qué es lo que realmente quieres de mí, Gael? No es solo una historia, ¿verdad?—pregunté, más a mí misma que a él, buscando una respuesta que no estaba segura de querer escuchar. Él se quedó en silencio por un momento, su mirada fija en la mía, penetrante, casi como si estuviera buscando algo en mi alma. Su presencia era sofocante, como si me envolviera completamente, como si ya fuera tarde para escapar. Finalmente, habló, su tono fue más bajo, más serio.— Quiero que escribas mi historia, Daphne. Solo eso. Todo lo que he hecho, todo lo que soy... quiero que lo pongas en palabras. Y quiero que sepas que no será como lo imaginas. No será un simple relato de éxito o poder. Será más profundo, más oscuro. Gael hizo una pausa, su mirada se clavo en la mía, como si esperara que mis pensamientos se alinearan con los suyos. El aire entre nosotros estaba cargado de una tensión palpable, y no era solo por la intensidad de sus palabras. Era por lo que provocaba cada vez qué me veía asi, como si me quisiera traspasar y ver mas allá de mis pensamientos. —Te estoy dando lo que quieres, Daphne — continuó, su voz aún suave pero con una firmeza que no dejaba espacio para dudas—. Una historia. Una muy oscura sobre mí. No respondí de inmediato. ¿Entonces realmente solo busca un relato de su vida, de sus victorias y fracasos? ¿Esperaba que lo entendiera, que lo justificara? Mi mente seguía dando vueltas a sus palabras, pero algo dentro de mí ya comenzaba a ceder aunque nada me cuadraba.—Tú no eres lo que parece, Gael —dije finalmente, sin apartar la vista de sus ojos—. Nadie lo es. Pero... ¿por qué necesitas que el mundo te conozca? ¿Por qué me elegiste a mí? Hay muchos escritores mejores que yo y que seguro no se habían negado ante tu tan atractiva oferta, ¿porqué yo?— Él se levantó lentamente de la silla, caminando hacia la ventana sin apartar la vista de mí. Sus pasos eran calculados, como si estuviera tomando su tiempo, preparándose para algo que solo él sabía. —Porque tú... —dijo, su voz baja y enigmática—. Tú eres la única que puede ver más allá de las mentiras que todos creen sobre si mismos. Puedes ver a través de los ojos, sabes escuchar. Tambien pareces ser la única que no me teme, y eso me intriga demasiado. Su declaración quedó flotando en el aire, y mi respiración se volvió más errática. Mis pensamientos se entrelazaban, confundidos entre la atracción y la desesperación de encontrar una salida. —¿Y como sabías que yo no te temía? No me conoces para nada y yo para ser sincera, tampoco conocia mucho de ti, ¿me crees idiota? —pregunté, mi voz fue un susurro tenso. Gael se giró lentamente. Se acercó de nuevo a la mesa, esta vez más cerca de lo que antes estaba, haciendome sentir incómoda. —No, eso es lo que espero, que no seas idiota — respondió, su voz era casi un susurro—. Y espero que me lo demuestres, Daphne. —No tengo que demostrarte nada— respondí haciéndome la fuerte. —Sabía que eras valiente, Daphne, pero...— Me susurró al oído con frialdad—. No me pongas a prueba, puedo hacer que desaparezcas junto a tu padre con un solo chasquido. Mis manos temblaron sobre el escritorio mientras intentaba mantener la compostura, pero sus palabras fueron un golpe directo, lo peor de todo es que me sentía asustada y... excitada a la vez. Había algo en su presencia, en su control, que me empujaba más allá de lo que estaba dispuesta a admitir. —No, déjalo en paz.—susurré temblando, no podia manterneme en pie, el sabia cuáles eran mis puntos débiles. — Haré lo que me pidas, pero.. ¿me investigaste, cierto? —dije, aunque mi voz ya no era tan firme como antes. Mis palabras no tenían el mismo peso. —Sí, te investigue. Y se que harás de mi historia, una verdadera obra de arte. —Bien, señor Devereux— respondi fingiendo calma, pero en realida me estaba muriendo por dentro— Voy a escribir tu supuesta verdad. Pero debes prometer que cuando termine, me dejarás ir y no tocarán a mi padre Él sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos, una sonrisa que decía todo lo que no necesitaba decir. —No estas en posición de exigir, Daphne —murmuró—. Cuando termines esa historia, entonces hablaremos. —¿Eso que significa?— no respondió, solo se quedo mirándome. Y por un momento, el silencio entre nosotros fue más pesado que cualquier palabra que pudiera haber dicho —No hagas preguntas, cuando sabes la respuesta.— caminó hacia la puerta y se giró solo para darme un ultimátum— Solo serían tres meses y mientras más lo pienses...más largo se te harán los días. El aire se tensó aún más con sus palabras, como si todo se estuviera desmoronando a mi alrededor, pero no podía dejar de mirarlo. Gael, siempre tan imponente, tan seguro, me había dejado sin opciones. Cada palabra que salía de su boca parecía hacer que todo fuera más real, más inminente. No había forma de escapar de su juego. Mi respiración se volvió más superficial, el temor y la frustración se apoderaron de mí. Me sentía atrapada entre dos mundos: el de mi orgullo y el de su control absoluto. —¿Cómo puedes ser tan…? — comencé, pero mi voz se quebró, como si me faltara la fuerza para continuar, podía ver cómo su mirada se oscurecía, más intensa que nunca. Se acercó nuevamente, pero esta vez su presencia era casi invasiva, como si se desbordara sobre mí. —Yo no soy un hombre que se deja rechazar, Daphne. Y tampoco soy un tonto que deja que algo tan sencillo como una negativa me detenga. Sabes que no tienes salida. Así que, o empiezas a escribir, o no saldrás de aquí, con vida El peso de sus palabras cayó sobre mí como una losa. Sabía que, si no cedía, las consecuencias serían peores, pero algo dentro de mí seguía resistiéndose, una pequeña chispa de rebelión que no quería extinguirse. Sin embargo, la verdad era que no podía ignorar la gravedad de la situación.Me quedé en silencio, mirando la pantalla en blanco. La puerta se cerró con un sonido sordo detrás de él, dejándome sola en la habitación, con la pesada carga de lo que acababa de suceder. La verdad, la oscuridad, todo lo que había querido evitar, ahora estaba en mis manos. El destino de esa historia... era mío, y no podía evitar sentir la sensación de que ya había sido escrita de antemano.
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