Me había dado el primer empujón. "Escribe mi historia". ¿Pero cuál era su historia? ¿Qué quería realmente que contara? Todo lo que sabía era que si no encontraba una forma de plasmar su vida, mi vida y la de mi padre corrían grave peligro. No podía detenerme.
El día que comencé a escribir sobre su infancia, fue como abrir una puerta cerrada que no estaba lista para abrir.
Gael nunca hablaba de eso. Sabía que su vida debía estar llena de secretos, pero cada palabra que lograba sacar de su pasado parecía más un reflejo de su caos interior que un simple relato de eventos pasados. Sus ojos, esos ojos fríos y calculadores, me observaban mientras escribía. A veces, cuando creía que no me estaba viendo, sentía su mirada clavada en mí. Era como si estuviera probando qué tan lejos podía llegar sin que me diera cuenta.
No sé si le gustaba lo que escribía, o si simplemente disfrutaba ver cómo me perdía entre mis propias dudas. Cada vez que le preguntaba, su respuesta era siempre la misma: "Sigue escribiendo". Pero, ¿qué significaba eso realmente? ¿Qué quería que yo viera en su historia? ¿Qué quería que descubriera de él?
A menudo me encontraba sumida en mis investigaciones, buscando en los archivos que encontraba en su despacho o preguntando discretamente a aquellos pocos que parecían conocerlo en ese enorme lugar. No me importaba cuánto me apartaba de lo que él me había dado, sabía que debía entender la esencia de su ser, porque al final, eso era lo que él deseaba. No podía escribir una historia sin comprender los rincones oscuros de su alma. Y, aunque me aterraba la idea de acercarme más a ese lado oscuro, no podía evitarlo. Algo en mí me lo pedía, como si las palabras fueran un eco lejano que solo yo podía oír.
Un día, cuando le mostré lo que había escrito sobre su familia, sus relaciones complicadas, su poder absoluto... vi cómo sus labios se curvaban en una ligera sonrisa. No era una sonrisa amable. Era una sonrisa de satisfacción. Un gesto que decía mucho más que mil palabras. Quizás, era su manera de decirme que iba por buen camino, o tal vez, solo quería ver como me desesperaba buscando información que a veces no me llevaban a ningún lado.
—¿Así que ahora quieres que la gente me vea como una víctima? —dijo, su voz baja, con ese tono que solía usar cuando quería que me sintiera incómoda.
Lo miré, sin saber qué responder. No había escrito eso con esa intención, pero algo en su tono me hizo dudar. Quizás, él esperaba que lo viera de esa forma, o tal vez, simplemente no le gustaba la idea de mostrar una vulnerabilidad que él mismo había tratado de ocultar durante tanto tiempo.
—No te estoy viendo como una víctima —respondí, sin apartar los ojos de la pantalla—. Solo trato de comprenderte un poco.
Él se acercó lentamente, sus pasos pesando en el aire, como si cada movimiento tuviera una intención calculada. Y se que lo tenían, queria mantenerme aqui bajo presión y con miedo a él, pero lamentablemente y para mi gran pesar, era todo lo contrario
—Comprender... —repitió, dejando que la palabra flotara entre nosotros—. La comprensión es una ilusión, Daphne. Todos tenemos nuestras máscaras. Pero, ¿quieres saber algo? Nadie te ayudará a ver la verdad. Nadie. Solo tú puedes hacerlo.
No me atreví a preguntarle qué quería decir con eso, pero el tono en su voz me dejó una sensación incómoda en el estómago. Podía sentirlo: Gael no era una persona fácil de entender. Su oscuridad no venía de un lugar común, sino de algo más profundo, algo que él no quería que yo descubriese aún. Sin embargo, eso solo me impulsaba a seguir buscando más.
Cada día, buscaba, investigaba, analizaba cada fragmento que él me ofrecía. Algunas veces, veía una chispa de emoción en su mirada. Otras, solo desdén. Pero nunca había miedo. No podía encontrarlo en su rostro. Todo lo que veía era poder, control, y esa extraña fascinación por lo que yo podía llegar a descubrir.
Lo que más me inquietaba, lo que más me aterraba, era que empecé a ver las sombras de Gael dentro de mí misma. Cuanto más lo escribía, más me sentía como parte de su historia, como si estuviera atrapada en su juego sin quererlo. ¿Era eso lo que él quería? ¿Que me convirtiera en una pieza más en su tonto juego? ¿O realmente estaba buscando algo de mí que ni yo misma comprendía?
Una noche, mientras repasaba las notas que había tomado, algo en mi interior me hizo detenerme. Miré el reloj, y al instante, sentí su presencia detrás de mí. Sabía que no importaba cuánto investigara, cuánto escribiera. Gael siempre estaba un paso adelante.
—Estás cansada —me dijo en un susurro, tan cerca que su aliento me alcanzó—. Puedes descansar por esta noche Daphne.
—Aun puedo seguir— respondí con un bostezo, me di cuenta demasiado tarde, ya cuando su sonrisa burlona se dibujaba en su rostro.
—Daphne, no me hagas repetirlo— me advirtió.
Me quedé en silencio, con el corazón latiendo fuerte.
Porque yo sabia que esta historia, mi investigación, cada una de mis palabras... todo esto me estaba llevando a un destino que no podía evitar. Y no sé si estaba lista para enfrentarlo.