Al llegar a la mansión, Brianna tenía pensado despedirse de Trevor en el pasillo de las habitaciones y seguir hasta su dormitorio. Ya la función había terminado, debían volver a sus vidas, y ella tenía muchas cosas en qué pensar con respecto a su futuro y el de su familia. Pero Trevor no la dejó ir. La tomó de la mano y le dedicó una mirada llena de promesas antes de llevarla hasta su habitación. Ella se lo permitió porque, en parte, también había anhelado que eso sucediera. El corazón le palpitaba de manera rabiosa amenazando con salírsele del pecho por culpa de la ansiedad. Una vez que la tuvo adentro y pasó el cerrojo de la puerta, comenzó a quitarse la chaqueta y la corbata mientras se la comía con la mirada. Brianna lo encaró, pero, al verlo aproximarse, como si estuviera acechán

