La Reliquia Sagrada

2093 Words
Con los últimos rayos de luz, vio la casa de sus abuelos - gracias a Dios llegue antes que anochezca - pensó. Al llegar al frente de la casa el imponente perro labrador de sus abuelos, ladrando alegremente salió a saludarlo avisando de su llegada, - hola - lo saluda Juan acariciándole la cabeza - y por qué esta tan sudado y cansado, para donde andabas de aventura ? - En ese momento aparece su abuela en la puerta de la casa, agraciada a pesar de los años, de tez blanca y pelo plateado, todavía de andar firme; al verla Juan en voz alta casi le grita - bendición abuela, como esta? - ella, dando muestras de alegría se acerca al joven y después de abrazarlo le responde - Dios lo bendiga hijo, ¿ como están por allá ? ¿por qué se vino tan tarde ?, casi lo agarra la noche, ¿como están sus taitas?, los ingratos tienen tiempo que no vienen, aunque nos llamen pero no es igual. - Están bien abuela, viven muy ocupados con los animales y las huertas, pero mi mamá me dijo que le dé un abrazo de su parte -. Juan se acerca a su abuela y la abraza al, mismo tiempo que le dice: - me pasó algo muy raro viniendo para acá - Que le pasó hijo? - Como venía muy tarde bajé por el camino del valle de las lagunas y casi me atrapa el encanto, pero corrí muy rápido y ni supe en que momento atravesé todo el valle. - Ave María purísima hijo, le he dicho muchas veces que no pase por ese lugar porque es muy peligroso, gracias a Dios llegó bien. - Si abuela, ya estoy aquí - Y por qué se vino tan tarde? - Es que mi abuelo me mandó a llamar y por cierto ¿donde está? - Esta en los corrales dándole de comer a los animales, vámonos para la cocina para que beba café, y se le pase el susto. Mientras entran a la casa y se dirigen a la amplia cocina, Juan ya mas tranquilo le dice a su abuela: - Gracias a Díos que están bien, yo pensé que podían estar enfermos, tratamos de llamarlos pero las líneas están sumamente malas por eso preferí venir. - Estamos bien hijo, no se por qué su abuelo lo llamó con tanta urgencia, cosas de viejo tal vez. María, dirigiéndose a la puerta de la cocina que da hacia los patios traseros de la casa, mira hacia afuera y exclama - ahí viene su abuelo, al parecer no oyó al perro, no sabe que usted llegó porque viene muy tranquilo. - Con quien hablas María - se le oye preguntar a Miguel en voz alta, - ya estas hablando con los espíritus - bromea. - Usted esta sordo, no oyó ladrar al perro? - No vieja, no lo oi, con el afán de los animales, no me di cuenta que el perro estaba ladrando. ¿ Quien llegó? - Pues su nieto - responde Juan, asomándose por la puerta. - Bendición abuelo, ¿como esta usted ? - Dios lo bendiga hijo - exclama el anciano acercándose a Juan al mismo tiempo que le da un caluroso abrazo. - Estoy bien, como un roble viejo, todavía dando guerra. - Como están los ingratos de mis hijos que ya no se recuerdan de nosotros ? - No es eso abuelo, es que con afán de las huertas y los animales ya no le queda tiempo a uno ni para rascarse la cabeza. - También es verdad muchacho, pero algún tiempo hay que sacar para ver a los taitas. Ya puse a hacer el café viejo - dice María - siéntese para que lo beban tranquilos y de paso le dice a Juan, para que lo mandó a llamar con tanta urgencia, que hasta tamaño susto pasó el pobre pa' llegar ligero. - Y eso? - responde el anciano, sentándose a un lado de Juan. ¿Que le pasó mijo? - Como no hiba a venir abuelo si usted me mandó a llamar con Honorio, yo le pregunté si ustedes estaban malos pero el me dijo que no sabía, que a usted lo había visto bien pero nada mas y por eso me vine hoy mismo pero al llegar a la cordillera me di cuenta que me iba a agarrar la noche y con miedo y todo baje por el valle de las lagunas. Corrí como un venado para que no me " jalaran " y pasé el valle corriendo pero no supe como lo hice porque lo atravesé como en cinco minutos. - Yo le he dicho que en la tarde no se acerque a esas lagunas, lo importante es que ya esta aquí y no le pasó nada, otro día se viene temprano por el camino real, no hay que tentar lo que uno no conoce. - Ajá abuelo y que me va a encargar? - No se preocupe - le responde el anciano - es urgente pero no tanto, primero podemos beber el café, sientate vieja y bebe el café con nosotros. María toma tres tazas de la alacena y sirve el humeante café, luego toma un pan casero de un cesto y se sienta a la mesa con ellos. Mientras disfrutan el humeante café y saborean el pan, momentáneamente se hace un silencio que rompe el anciano dirigiéndose a Juan. - Muchacho yo no tengo secretos con su abuela, somos compañeros hace cincuenta años, por eso, esto que voy a decirle ella lo sabe. Aunque usted es muy joven, debo encomendarle una tarea que desde hoy y por un tiempo va a cambiar un poco su vida, pero es algo importante y su mamá y su papá ya lo saben también. Mientras su abuela prepara la cena vamos a la sala para contarle de que trata la tarea. Juan y el anciano Miguel salen de la cocina y se sientan en la amplia sala de la casa, amoblada con sillas de madera y cuero, tal vez fabricadas por artesanos de la cordillera; detrás de ellos, sigilosamente el hermoso perro labrador entra y se echa en un rincón de la sala, observando detenidamente a Juan y al anciano como si entendiese la conversación. - Hace mas de cuatrocientos años - comienza José su relato - cuando llegaron los españoles a la villa de Escuque, comenzó una historia que convirtió a nuestros antepasados y ahora a esta familia en protagonistas de una larga historia. Ellos llegaron a fundar villas, donde ya existían algunos asentamientos indígenas con una rica cultura que veneraba al Dios Sol y a la Madre Luna. La cultura Timoto Cuica, era para ese entonces la mas avanzada de Venezuela y cubría todo el territorio de la cordillera desde los límites con colombia hasta los llanos barineses. Poseían una alta especialización en agricultura con sofisticados sistemas de riego y técnicas de conservación de suelos. Era una cultura de iguales. En la religión se adoraba a Shia, el dios Sol y a la diosa Icaque que representaba a la luna. En Escuque estaba el templo principal de adoración a la diosa y allí en un altar sagrado estaba su símbolo. El consejo de ancianos supo por los mensajeros de las zonas bajas que venían extranjeros hacia la cordillera y por eso tomaron la decisión de esconder el símbolo de la diosa en un lugar lejano y secreto para que no fuera robado por los invasores. - Abuelo - lo interrumpe Juan - ese símbolo era un disco de oro, verdad ? - Si es un aro, aunque no es oro, eso escribieron los historiadores pero nunca ningún español pudo verlo. Hay un gran misterio en ese símbolo, porque ni en la cordillera, ni en las zonas mas bajas del territorio había oro. Nuestros antepasados no tenían contacto con los indígenas del sur por eso se cuenta que lo pudieron traer de Colombia, sin embargo eso nunca pudo ser comprobado y como le dije no está fabricado de oro. Lo cierto es que la reliquia sagrada que representaba a la diosa debía ser resguardada a toda costa, por eso decidieron darle la responsabilidad a una familia de valientes, quienes debían llevarla hasta un lejano páramo de la cordillera y esconderla en un Mintoy, en un lugar secreto en su interior. Allí ha permanecido por mas de quinientos años. -Abuelo - lo interrumpe Juan sorprendido - nosotros somos descendientes de esa familia que escondió la reliquia?. - Así es mijo - le responde el anciano - cada generación de esta familia ha tenido el deber de saber donde está y cuidarla sin sacarla de allá, solo debe saber el lugar para que no se pierda en el tiempo. Yo, como no tuve varones, debo darle la responsabilidad a usted que es mi nieto. Esa reliquia no es de este mundo, su valor es inmenso y cualquier persona mataría por tenerla, por eso nadie debe saber donde esta resguardada. Debemos mantener el secreto que nos fue confiado hace tantos años. Usted irá hasta allá, sabrá donde se encuentra y podrá verla sin embargo la reliquia permanecerá en su nicho a menos que ella indique lo contrario. - Y cómo sabremos eso abuelo? - Habrá una señal, la reliquia se pondrá azul y esa luz es la señal que debe ser sacada de allí para ser llevada a otro lugar. - Yo haré lo que usted me diga, pero no se que van a opinar mis padres cuando les cuente esto. - Por eso no se preocupe, hijo - los interrumpe María, saliendo de la cocina - yo le dije a su mama y a su papá, de esta responsabilidad que usted tenía que cumplir a su debido tiempo, porque esta tarea era de su mamá pero por ser mujer la traspasamos a su hijo mayor y ahora debe hacerlo usted. - Además, - prosigue el anciano - no puedes ir solo. - Y eso porqué abuelo? - No puedes ir solo porque la reliquia sagrada no puede ser tocada por un varón. Si en esta oportunidad ella quiere ir a otro lugar, tiene que ser llevada por una mujer y usted la acompañará. Por eso debemos buscar una compañera de viaje, valiente, discreta, que quiera ir hasta allá con usted y debe jurar no revelar el secreto jamás. - Esa tarea me la puso difícil abuelo, porque tengo amigas, pero no tengo novia y para completar se necesita una valiente para realizar esa aventura conmigo. - No es tan difícil, hoy día las muchachas tienen mucha libertad y son "echadas pa"lante", no son como en mis tiempos, que permanecían encerradas y con un control férreo de los padres. Solo tienes que escoger una que tenga esas cualidades y la invitas a visitarnos, yo le cuento lo que deben hacer. - Esta bien abuelo, voy a conversar con algunas de mis amigas y cuando la escoja vengo con ella. - Esta bien, hijo. Dios y la Virgen te ayudarán en esa tarea, estoy seguro. - Si ya está todo aclarado, pueden venir a comer - los llama la abuela desde la puerta de la cocina. Después de servir la comida, María se sienta a la mesa con su esposo y su nieto. - Juan, yo acompañé a su abuelo a la cueva, dónde está la reliquia, cuando el me contó de esa gran responsabilidad, yo supe de inmediato que ese secreto nos uniría para siempre y aquí estamos, nos casamos, Dios y la virgen me bendijo, recompensandome con un maravilloso compañero para toda la vida es posible que a usted le pase lo mismo. Así que tienes que escoger bien a la muchacha que te va a acompañar, yo diría que no te apures con eso. - Sí, abuela? - exclama Juan sorprendido. Voy a escoger muy bien, pero ahora son otros tiempos. Tendré suerte si encuentro quien me quiera acompañar en esa aventura. - No te preocupes míjo, Dios y la Virgen le van a ayudar. La cena transcurre en silencio, mientras todo tipo de pensamientos y sensaciones inquietan al joven. Al terminar la cena, Juan se dirige a su abuela, le da un abrazo y le dice. - Señora María, como siempre su comida estuvo deliciosa. Dios me le pague. - Amén, hijo. Ahora se puede acostar tranquilo, que ya mañana será otro día. - Cuándo se va? No será mañana mismo, verdad? - No, abue. Voy a ayudar al abuelo un poco con los animales.
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