Al día siguiente Juan se levanta temprano. Después de asearse va la cocina donde su abuela se afana en preparar el desayuno.
- Buen día, abuela bendición. Cómo amanece?
- Dios lo bendiga. Bien, hijo, tome el café que está caliente todavía
- Abuela - le dice Juan - no me convenció lo que me dijo el abuelo de campeón.
- Nooo?, es verdad. Es un perro viejo pero muy fuerte. Por allá anda preparándose para ir a pastorear los ovejos.
- Bueno, abuela yo creo que son muchos años para un perro, ahora voy a ayudar al abuelo.
- Vaya hijo, al rato los llamo para que desayunen antes de irse.
Juan sale de la casa y campeón viene desde el corral a saludarlo. Lo acaricia y piensa: - Este carajo perro me tiene intrigado, pero debe ser cierto lo que dicen los abuelos.
De pronto desde los corrales se oye la voz de Miguel: - Dios lo bendiga, hijo, ¿cómo durmió
- Amén, abuelo. Dormí, muy bien - le responde. Y para dónde vamos a llevar el ganado?
- Vamos para los pastos altos. Voy a aprovechar que esta usted aqui para variar su dieta y coman pasto fresco. Y también para señalarle hacia dónde está el páramo que debe visitar para encontrar la cueva.
Después de desayunar arrean, las cabras y los ovejos hacia las zonas altas, desde allí podrán apreciar en toda su grandeza y majestuosidad la cordillera con sus grandes picos montañas y valles. Es la serranía de Trujillo que da inicio al sistema andino y atraviesa como un gran espinazo a Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y va a morir al sur de Chile.
Llegan a los pastos altos a media mañana. Allí deben permanecer hasta la tarde vigilando el ganado con ayuda del perro, el cual va ahí viene ladrando y correteando a los animales que se separan del rebaño.
Miguel se sienta en una roca y llama a Juan: - Venga, mijo, deje que el perro trabaje -
Juan se acerca y le dice: - No le creí mucho abuelo sobre la edad de campeón. Mírelo, no ha parado de correr en todo el camino, y no se ve cansado.
- El es así Juan, tiene mucha vitalidad. Y lo cuidamos muy bien, por eso ha durado tanto.
- Ve aquellos picos al sur- le señala Jose - aquel que parece una silla, esa es la Teta de Niquitao, que corona uno de los valles altos mas bonitos, el valle de Cabimbu, es el mas alto de la Sierra de Trujillo; para llegar allá hay muchas vías pero una pasa por el pueblo de San Lázaro, y desde ese mismo pueblo nace la carretera que va para el páramo de Soso, allí está la cueva, dónde van a ir.
En lo alto de la montaña de soso. Hay un mintoy y dentro de el está la reliquia sagrada.
No hay camino para llegar allá, tienen que buscarlo entre la montaña. Hay un sendero antiguo que han invadido los árboles, yo lo pude ver porqué algunos animales van a las cuevas a refugiarse de la lluvia; pero la cueva, dónde van ustedes está disfrazada detrás de una pared en la montaña.
- Está bien asiente Juan mirando hacia dónde le indica su abuelo.
- Se van en bus hasta el pueblo de San Lázaro - prosigue Miguel su explicación - y allí compran lo necesario para varios días, luego consiguen un vehículo que los lleve hasta el páramo y desde allí deben seguir caminando hasta el inicio de la montaña. Hay un camino que pasa por el pie de la montaña va hacia el páramo de las Moras. Si algún lugareño les pregunta le dicen qué son estudiantes y van hacia la Quebrada de las Moras a sacar fotos y tomar muestras para un trabajo de la universidad. Al llegar al pie de la montaña, dejan el camino de las Moras, suben por los potreros hasta los primeros bosques de allí a la derecha van a conseguir un terraplén que se interna en la montaña, los árboles han crecido en el pero puede verse porque todo el terreno es pendiente y el sendero es plano como un camino. Al final están unas cuevas naturales y más adelante conseguirán una pared de roca debe estar cubierta de musgo y plantas. Pero en el medio de ella hay un hueco, dentro de este hay una palanca que deben halar con fuerza.
Juan, pendiente de la explicación de su abuelo memoriza todos los detalles y asiente a cada una de las indicaciones. Después de almorzar del avio que habían llevado, caminan un rato por aquellos parajes conversando sobre diversas cosas relacionadas con las cosechas, de la crisis económica, de la dificultad para trabajar y de los estragos que ha causado la pandemia
Ya entrada la tarde recogen el ganado y bajan de las Tierras Altas a la casa. Después de encerrar los animales entran a la cocina donde María los espera con una humeante taza de café.
- Cómo estuvo la jornada de pastoreo - les pregunta
- Bien abuela, gracias a Dios, no llovió
Juan permanece en casa de sus abuelos por 2 días más, ayudándolo a reparar los encierros, arreglando las huertas y buscando leña para su abuela.
Al cuarto día de haber llegado, Juan se levanta temprano, su abuela ya en la cocina le ofrece una taza de café con pan al mismo tiempo que le pregunta
- Entonces se va hoy, hijo?
- Si abue me voy hoy porque tengo que trabajar en la huerta.
-Cuando me desocupe, me encargo de la tarea de mi abuelo y cuando la tenga vengo para conversar con él. Voy a esperar que se levante para ayudarlo con los animales. Yo le busqué bastante pasto que le alcanza para varios días. Así el descansa un poco de ese ajetreo. Abuela, a mí me parece que el debería vender esos animales y quedarse solo con las huertas, o darlos a medias porque él ya no está para ese trajín de subir los animales a los potreros o buscar todos los días pasto fresco.
- Yo le he dicho eso varias veces, pero no me hace caso, tendré que insistirle nuevamente.
- Está bien en el próximo viaje, voy a hablar en serio con él - le asegura Juan
- ¿Qué tanto conversan ? - pregunta el abuelo apareciendo en la puerta de la cocina. - ¿que me va a decir Juan?
- Cuando vuelva abuelo le voy a hacer una propuesta, a ver si le parece bien. Nomás al desocuparme de las huertas me vengo para acá y acompañado como usted me dijo.
- Está bien hijo. Usted ya sabe una moza valiente y que le guste a usted, uno nunca sabe lo que puede pasar.
Se sientan los tres a la mesa y disfrutan del desayuno. Al concluir la comida. Juan felicita a su abuela y despidiéndose de ambos con un fuerte abrazo y del perro con una caricia en la cabeza, emprende el camino de regreso a su casa que se encuentra a varios kilómetros de allí, en una comunidad compuesta por agricultores pero más poblada que está dónde viven sus abuelos. Campeón, lo acompaña un buen trecho del camino y sin que Juan lo perciba se desvía y regresa. Tres horas más tarde Juan llega a su casa justo a la hora del almuerzo.
Sus padres sentados a la mesa lo ven llegar y después de darle la bendición le invitan a sentarse. Sin embargo, el primero va al lavadero se asea un poco y luego se sienta a la mesa junto a su madre y a su padre.
- ¿Cómo le fue hijo? Cómo están sus abuelos? - le pregunta a su mamá?
- Están bien, mamá. No era nada malo, es que mi abuelo quiere que vaya a la montaña de Soso, usted ya sabe por el cuento ese de la reliquia sagrada.
- No es ningún cuento, hijo, eso es algo serio. Esa tarea me correspondía a mí que soy su hija. Pero él no quiso y me dijo que esperara a que tuviese un hijo para que cumpliese esa responsabilidad y ahora le toca a usted.
- ¿Y usted qué opina de eso papá?
- Pues hijo, esa es una tradición de ciento de años. Y quiénes somos nosotros para romperla? Yo apoyo a su mamá y a sus abuelos. Además, esa tarea no implica peligro. Yo conozco ese páramo, es muy bonito y en todo el trayecto hasta allá queda uno extasiado con aquellos paisajes
- Tengo entendido también que no puede ir solo, no es así Carmen.
- Si así es viejo, Juan ya sabe eso.
- No se diga más - responde Juan levantándose de la mesa - desde hoy comienzo a prepararme para hacer ese viaje.
Después de agradecer a su madre por el almuerzo, sale al patio y va hasta el corral de los animales. Pensando en aquel viaje que no termina de convencerlo, sobre todo por la compañera que debe llevar. Hasta este momento el no tenía muchas amistades femeninas solo conocidas de la comunidad, en en el Liceo había tenido algunas novias, pero solo habían sido amores de estudiantes como decía su padre y ninguna de las jóvenes que conocía le llamaba la atención como para proponerle una aventura como esa.
- No pienso más en esto por ahora - se dijo - Mejor voy a descansar un rato y mañana ya veremos.
- Durante la semana siguiente, Juan se acerca un poco mas a sus amistades femeninas pero no se decide a proponerle nada a ninguna de ellas. Afanado en las tareas agrícolas junto a su padre, ve pasar rápidamente los días sin tomar una decisión.