Camino erguida, guiada por Mónica y los escoltas que me ha colocado Diaval. Esperando que no intente escaparme. Para sorpresa de todos, Lobo, camina a mi lado, siguiendo mi aroma. Cruzamos el umbral de un enorme salón, en el centro de este, se encuentra una mesa amplia y alargada. Mientras que a sus alrededores están las miradas que se clavan en mi llegada. Pero una en particular, acelera mi corazón. Aprieto la mandíbula cuando visualiza al enorme huargo. Le acaricio la cabeza, y este, se lanza en el suelo. Diaval, se levanta de su silla. Demandando a los demás, que hagan lo mismo, una chica, vestida de sirvienta, aparta una silla para mí, justo al costado de la mesa del Diavolo. Acomodo mi vestido, sentándome. Él, pide mi mano, se la entrego con cierta duda, pero él se inclina un poco, p

