Me levanto de la silla, sintiendo la presión en mis músculos por el reciente orgasmo. Mis ojos conectan con los de él, tiendo mi mano, dándosela. Sin decir alguna otra palabra, sostiene mi mano y camino, saliendo del salón donde se declaró la guerra y un pacto. Lobo, se queda tendido, durmiendo en el suelo. Seguimos caminando, guiándolo hacia su habitación. Detengo mis pies en la puerta, y los latidos se me encienden. Preguntándome si realmente haré esto. ─Estás jugando con fuego, Megan ─manifiesta, de repente, a mi espalda─. Cuando comience, no podré parar ─agrega, erizando mi piel. Giro mi rostro, encarándole, poso la mano en la puerta, empujándola. ─No quiero que pares ─declaro, abriendo las puertas. Trago con dificultad, adentrándonos. Cierra las puertas detrás de mí, soltando mi

