Arrugo mi entrecejo, mirando cómo se coloca la camisa de nuevo y acomoda su ropa. ─¿Me tengo que ir? ─Cuestiono, con la voz dudosa. ─No, ya no más. Pero no puedo dormir hoy con quien me ha hecho prometer asesinar a mi único hermano. Dormirás sola, esperando a que te tome cuando me plazca ─manifiesta, su frialdad es letal, como témpanos de hielo. No es la cuarta parte del hombre que me acaba de follar como nunca antes alguien lo logró. Sale de la habitación, dejándome encima de la cama, desnuda y desconcierta. Me cubro con la sábana inmaculada, para levantarme. Mi sexo, siente la presión, por las embestidas de Diaval. Muerdo mi labio, y camino hacia la puerta. La abro, encontrándome con dos sujetos, vigilándola. Los ojos de ambos, de posan en mí. ─¿Desea algo, Doncella? ─Inquiere, u

