—¡Mamá! —exclamó Mia con entusiasmo mientras abría la puerta de la pequeña habitación del hospital de su mamá.
—¿Estás aquí? Ven a darle un abrazo a tu mamá.
Corrió hacia ella y suavemente fue a sus brazos. Podía ver que ella estaba cada vez más delgada, pero no quería que ella viera que se estaba preocupando demasiado.
—¿Comiste todas tus comidas y tomaste todos tus medicamentos?
—No te preocupes. Me estoy recuperando muy bien —dijo y intentó sonreír, pero pudo ver el cansancio en sus ojos. Ella también empezó a toser después de hablar, así que Mía fue a buscarle un poco de agua.
Mía miró a su madre con ojos preocupados.
—No hablemos de mi condición ahora. Quiero saber sobre tu estado y el de Charles. ¿Están ambos bien? ¿Su familia los ha estado tratando bien?
Quería darle buenas noticias a su mamá, pero no pudo ocultar la tristeza en sus ojos.
—¿Por qué? ¿Todavía te es indiferente?
Suspiró y miró hacia el techo blanco. —Sí, nada ha cambiado realmente. Pensé que a estas alturas ya podría aprender a amarme, pero parece que se está alejando aún más. Y su familia también actúa como si yo fuera solo tierra en el fondo de su zapato. Ni siquiera sé lo que hice, mamá. Estoy tan confundida todo el tiempo.
La señora Marta acarició el pelo de su hija, una lágrima deslizó de sus ojos.
—¿Qué pasa, mamá? ¿Sientes algún dolor? —Mia intentó presionar el botón de llamada de la enfermera, pero ella la detuvo.
—No, no lo hagas. Sólo me duele verte lastimada todo el tiempo cuando todo es culpa mía.
Mia la miró, confundida. —¿Qué quieres decir, mamá? No has hecho nada malo.
—No, es culpa nuestra por qué Charles y su familia te tratan con hostilidad. Si no lo hubiéramos amenazado en ese entonces, entonces tal vez habrías vivido más feliz-
Mia la calmó acariciándole el pelo. —Shhh, mamá. Cálmate. Esto no es bueno para tu salud. Estoy segura de que lo que hiciste en ese entonces fue lo mejor.
Ella sacudió la cabeza mientras lloraba aún más fuerte. —No, todo esto se debe a que tu padre amenazó a la familia García en aquel entonces. Si no hizo eso-
—¿Qué quieres decir, mamá? —preguntó Mia, nunca se había sentido tan confundida en toda su vida.
¿Qué quiere decir con eso?
¿Qué pasó en aquel entonces?
Su mamá respiró hondo y la miró a los ojos. —Lo que voy a decir ahora es algo de lo que realmente me arrepiento de haberlo hecho.
—Puedes decirme cualquier cosa, mamá.
La señora Marta tomó la mano de su hija y suspiró—. En ese entonces tu padre se enojó mucho cuando se enteró qué habías declarado tus sentimientos a Charles y él simplemente te rechazó públicamente. Eras la princesa de nuestros ojos. Mía y siempre te dábamos lo que querías desde que eras una bebé y esta vez no fue diferente. No queríamos que nuestra hija tuviera su corazón roto. Así que tu padre fue y amenazó a Charles con quitarle su beca y destruir su vida, así como la de su familia y madre enferma. Si no se casaba contigo.
En la habitación del hospital, el aire parecía más pesado para Mia después de las palabras de su madre. Las emociones se mezclaban en su interior, el dolor, la sorpresa, la incredulidad y la tristeza se entrelazaban, creando un nudo en su garganta.
—¿Qué… qué estás diciendo, mamá? —su voz apenas era un susurro, casi ahogada por las lágrimas que amenazaban con desbordarse de sus ojos—. ¿Estás diciendo que… que papá obligó a Charles a casarse conmigo?
Su madre asintió, sus ojos llenos de lágrimas. —Sí, mi niña. Tu padre vio cuánto sufrías por el amor de Charles. Sabía que Charles no te correspondía, pero también sabía cuánto lo amabas.
El mundo pareció detenerse para ella en ese momento. Las palabras de su madre resonaban en su cabeza, cada una como un golpe directo a su corazón. ¿Así es como consiguieron que Charles se casara con ella? ¿Amenazas y chantajes?
—No… no puede ser… —murmuró, negándose a creerlo.
—Tu padre… él hizo lo que pensó que era mejor para ti.
—¿Mejor para mí? —repitió, su voz llena de incredulidad—. ¿Cómo puede ser mejor para mí vivir una mentira, mamá? ¿Cómo puede ser mejor para mí estar casada con un hombre que no me ama?
Marta bajó la mirada, incapaz de enfrentar a su hija. —Lo sé, mi niña. Lo sé. Pero en aquel momento, tu padre solo quería protegerte. Quería que fueras feliz.
—Bien, eso salió mal, ¿no? —dijo con amargura—. Todo tiene sentido ahora. La hostilidad de Charles y su familia hacia mí, su falta de amor y respeto. Cinco años de matrimonio esforzándome para ganarme su amor, sin saber porque me desprecia no solo el si no su familia y más cuando papá se fue a la ruina, ellos ni siquiera se esforzaron por ocultar su odio hacia mí y yo aún seguía sin saber el porqué de todo esto... Cinco años Mamá, ¿por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué esperaste tanto tiempo?
Marta se echó a llorar. —Lo siento, cariño. Pensé que sería mejor para ti no saberlo. No quería que te sintieras atrapada en un matrimonio sin amor. Pero ahora veo que la verdad es mejor que vivir en la oscuridad. Si pudiera volver atrás y cambiar las cosas, lo haría. Nunca quise que sufrieras de esta manera. Si hubiera sabido…
—Pero no lo sabías, ¿verdad? —interrumpió, su voz temblorosa por la emoción—. Ni tú ni papá sabían cómo sería. Solo pensaron en lo que querían, en lo que creían que era lo mejor para mí. Pero nunca me preguntaron lo que yo quería.
—No, no lo hicimos —admitió Marta, las lágrimas rodando por sus mejillas—. Y eso fue un error. Un terrible error. Todo lo que puedo hacer ahora es pedirte que me perdones.