Prólogo
Gales
1706
Gabriella
Solo escucho mi corazón latir con fuerza. Miro mi reflejo en el espejo rodeado de flores frente a mí, veo lo que será una mujer vacía, sin vida y frustrada. Sé que esto es lo que tengo y debo de hacer, pero mi interior dista mucho de cumplir con mis deberes como hija de un duque.
Muchos me llaman milady, muchos piensan que soy una especie de hija ejemplar. Creen por lo grande que es mi sonrisa y mis castos modales que mis padres fueron privilegiados al concebirme, pero la realidad difiere mucho en todos esos casos.
Porque todo lo que ven en mí, no es real en verdad. Nadie me conoce realmente y si lo hicieran creo que a mi familia les cayese la peor de las deshonras. Juzgan a mi hermana y la critican por lo que un día hizo, la sociedad remilgada y arcaica la tilda de pecadora y descontrolada, desenfrenada y ramera. Sin embargo yo jamás lo haría, no cuando yo en realidad vivo una oculta vida peor.
Al menos ella hizo lo que hizo por amor, mas yo no estoy enamorada de nadie, o al menos eso quiero creer. A la luz del sol soy ejemplo de etiquetas, santidad y todo lo que muchas quisieran ser, a la luz de la luna soy todo lo contrario.
Mis padres aborrecerían mi verdadero yo, y eso es mucho decir, porque a pesar que a mi hermana es la que todos llaman descarriada, nuestros padres jamás lo hicieron. Pero conmigo, con Gabriella Hendricks todo sería diferente si me viesen en verdad.
En contra de como muchas en mi lugar se sentirían, por ser hija de duques parientes de la corona, con un príncipe cortejándola y teniendo belleza física, yo para nada me siento orgullosa por esas cosas.
Mi conciencia no llegaba a culparme y mi juicio seguía igual de intacto, nada me martirizaba porque disfrutaba de lo que hacía, y vaya que gozaba de hacerlo. Ahora todo es diferente.
Noto una lágrima desbordarse de mis ojos y con la primera llegan las otras. La puerta se abre abruptamente y el reflejo en ella me hace sentir peor.
—Ohh Gabi querida, no llores, este es el mejor día de tu vida. El más esperado por ti —me consuela Jaclyn.
Sorbo mi nariz y me giro para ver sus preciosos ojos. Mi hermana y yo somos tan diferentes en casi todos los aspectos de la vida. Sus palmas van a mi rostro y limpian mis mejillas mojadas.
—No llores preciosa, ven acá —susurra y me estrecha entre sus brazos.
Su aroma a fresas me da paz, siempre lo ha hecho. Pero hoy por primera vez en mis dieciocho años de vida siento que quiero contarle todo. Mi mente grita que lo haga, que le explique mi sentir, porque sé que nadie mejor que ella me ayudará.
Da ahora dos palmadas leves en mi espalda y se separa.
—Vamos Gabi, es hora de que al fin logres tu sueño. Serás la próxima reina de Gales y la más hermosa de todas —añade con gran emoción.
«Mis sueños distan mucho de ser esos en verdad hermana»
Toma mi mano y camina ante mí, sigo sus pasos sintiendo como la vida se me queda aquí. En mi casa, en lo que fui, en lo que viví, en mis noches, en lo que era cuando la misma caía como un manto oscuro.
Porque mi sueño jamás fue casarme con ningún hombre, mi sueño no fue llenarme de hijos hasta que ya no pudiese sostener una panza de nueve meses, mi sueño no fue llegar a vieja con nadie y mucho menos mi sueño fue ser reina o princesa.
Meses atrás ahora aceptaría mi cometido sin derramar una lágrima. Pero justo hoy no puedo más que llorar silenciosamente por todo lo que voy a perder. Aunque me repita a mí misma mil veces que no le amo, es imposible realmente, es que ni siquiera sé cuando eso llegó a germinar dentro de mí.
En mi vida han habido miles de hombres, sí, como lo escuchan, han habido miles de hombres. Mismos sin rostro, sin nombres, sin títulos ni siervos a su mando, simplemente hombres. Los cuales me han hecho sentir infinitas cosas sobre una cama y a su completa disposición.
Pero ninguno como él, como ese hombre que me ha tomado desde aquel día como ningún otro, él me ha calado en lo más hondo y siquiera sin intención, él me ha llenado y no hablo de mi v****a, él me ha prendido en fuego y me ha hecho volar con los ojos cerrados, con él conocí lo que es realmente eso que tanto disfruto hace años, ese tema tabú del que una jovencita en sociendad y casta no debería ni pensar, ese tema del que nadie habla pero que a todos nos gusta, y es del sexo.
Todos disfrutan del sexo, pero nadie habla sobre el sexo conjugado con sentimientos. Todo se triplica en ese momento cuando le prestas atención a una mirada, cuando te sientes bien al verle el placer en la mirada al otro y no solo egoístamente te cuenteas en buscar el tuyo propio.
No soy lo que todos creen y ni siquiera nadie de mi familia imagina lo que soy en verdad. No soy virgen y disto mucho de tener castidad alguna siquiera en mis pensamientos. Pero pensé que este día tardaría más, nunca ideé que llegaría tan deprisa.
Pero véanme aquí, caminando hacia el altar ya de la mano de papá. Yendo a entregarme a un hombre que no amo, ni quiero y ni mucho menos deseo. Mejor no digan nada, porque de mi boca jamás saldrá lo contrario.
Estoy entregándome ahora a un completo desconocido que ha renovado mi mundo y por el cuál tendré que renunciar a toda mi vida.
No tengo ni la diminuta posibilidad de huir porque tampoco me veo viviendo otra vida que no sea esta, sí tan masoquista como suena. Estoy enfrentándome a esto sin opciones. Estoy casándome con el príncipe de Gales y este es el peor de los castigos que han podido sobrecaerme.
Lo odio.
Lo odio con toda mi alma.
Y justo esta misma noche, nuevamente él demostrará cuánto me aborrece a mí. En la noche Jairus ratificará su decepción al saber que yo no soy quién el creía e imaginaba, justo en horas volveré a sufrir debido a ese secreto que guardé por años y desconozco cómo reaccionará nuevamente.
Todo se me ha ido de las manos...