Durante la fiesta, me percaté de que Patricio estaba muy serio. Apenas me miraba, y sus respuestas eran breves y mecánicas. En contraste, Dante parecía estar en su elemento, conversando con César, sus padres y otros invitados. Se le veía tan cómodo, como si toda la tensión que me envolvía a mí no existiera para él. —Ally, deja de mirarlo así, se te nota —me susurró Jaqueline, mi mejor amiga, acercándose con una copa en la mano. —Jaqui, yo no... —intenté negarlo, pero las palabras se me quedaron atoradas en la garganta. Ella me conocía demasiado bien. —Ahora te casarás con Pato, Ally. Debes hacerlo muy feliz —me dijo con una sonrisa que, aunque cálida, llevaba una advertencia implícita. Jaqui siempre ha estado a mi lado, en las buenas y en las malas. Desde que trabaja en la empresa con

