—Si no te conociera lo suficiente dirĂa que estás a nada internarme. —bromee.
—Si ese fuese mi plan, ya estarĂas internada en un psiquiátrico de alta seguridad por cortarme media ceja.
—Igual me hubiese escapado —aseguro—. Además, el corte te hace ver malote.
De algo me tenĂan que servir haber visto muchas veces Plan de escape. Fue como un tutorial de “¿CĂłmo escapar de prisiĂłn?”
Escuché su sonora carcajada.
—No sĂ© quĂ© harĂa sin ti. —consta entre jadeos.
Por lo menos uno de los dos disfrutaba esto.
Unos escandalosos gritos captaron mi atenciĂłn, mis ojos dieron con la culpable. Una chica rabiosa y furiosa que estaba atacando verbalmente a un chico, demostrándole quien manda. Sus gritos eran fuertes y bruscos, tanto que lleguĂ© a oĂr parte la discusiĂłn.
—No puedes simplemente dejarlo, tarado. —gritó la chica de cabellos azabache y ojos marrones.
No la conocĂa y ya me caĂa bien ÂżPor quĂ©? Solo miren, sabe hacer buenas rabietas, tiene carácter y tiene en claro quiĂ©n manda.
—No voy a cambiar de opinión, Tania. —contradice el chico que veo de espaldas, también tiene su carácter, no da señales de rendirse.
—Genial —solloza— ¡vete!
Vaya, ahora lloraba, sus ánimos no están estables.
—Sabes que no puedo irme —intenta abrazarla, pero se aparta como si su tacto le quemara, exhala—. Te espero adentro.
El triste tarado agita su de cabello castaño y creo que mi mirada le pesa porque se gira, me veo en sus ojos... ¿Celestes? Celestes oscuros.
Me deja sin aliento.
¡Qué Ojazos!
Se encuentra a sĂ mismo en mis ojos, me veĂa sorprendido e incluso parecĂa no creer que me estuviese viendo, su boca se abre ligeramente, recorriĂ©ndome en su campo de visiĂłn.
ÂżMe habrĂa visto antes?
Le sonreà por... yo que sé, luego busco una razón.
Y por inercia la comisura de sus labios dio la bienvenida a una pequeña sonrisa, pequeña y adorable.
PermĂtanme derretirme.
Esperen… ¡Me está sonriendo!
Mi pulso se acelerĂł, es porque mi corazĂłn escaparĂa de mi pecho.
Agachó su cabeza aun sonriendo como un tonto, empezando su andar con pasos firmes y decididos, no despegué mi atención de él en ningún momento hasta que desapareció al cruzar la entrada del edificio.
Mi cerebro jadea.
Que chico tan lindo.
Suspiro.
Un chasquido rompiĂł mi estado hipnĂłtico.
—... ¡Mia! ¿Me estás escuchando? —era Steven.
—SĂ.
—¿Qué te dije?
—No, la verdad ni sé que me hablas.
Sinceridad por encima de todas las cosas.
—SĂ© que está buenĂsimo, pero tampoco es para que prepares sopa de saliva en su honor.
—Cállate, estúpido. —mascullo cabreándome.
—Claro, señorita mejillas de tomates.
Si antes de ese comentario las tenĂa rojas, ahora encendidas debĂan hasta brillar. Me cubrĂ la cara con mi mano con la esperanza de tragarme mi vergĂĽenza.
—Deja de molestar y mejor entremos.
Eso hicimos. El hospital era como cualquier otro.
Nada en especial.
Sr. Gruñón me guĂo hasta una especie de sala que, a diferencia del ambiente hospitalario, era muy agradable y cĂłmodo.
En cuanto entramos ocho pares de ojos nos observaron. Dentro de la sala habĂa tres chicas y cinco chicos, con ellos unas dos sillas que nos esperaban. Steven ocupĂł su silla y yo me ubique a su lado. las sillas estaban situadas perfectamente para formar un cĂrculo.
Me dediqué a explorar y apodar a las personas a mi alrededor.
La primera chica, era delgada, tenĂa el cabello castaño en un corte muy osado, no pude verle su cara ya que su cabeza caĂa hacia delante, asumĂ que dormĂa. llevaba tenis blancos muy limpios y en buen estado, jeans oscuros y una camiseta de The Beatles. Su vibra era rebelde y perezosa.
El chico situado a su lado, le lanzaba bolitas de papel, Visualice su aspecto monocromático; compuesto por jeans desgastados, una camiseta de tonalidad más clara que el resto, combinada con una chaqueta de cuero n***o con demasiadas tachuelas, tenĂa el cabello revuelto de forma salvaje, su rostro era adorable como un conejito, pero su tatuajes y piercing lo declaraban todo un Bad Boy.
La otra chica era inusual, su cabeza estaba oculta bajo la capucha de su chaqueta vino tinto donde se escapaban mechones rojizos, llevaba un enorme suĂ©ter que se la tragarĂa en cualquier instante, jeans opacos, zapatillas vans desgastadas, sus manos eran delgadas y frágiles en ellas era notables las cutĂculas dañadas de tanta mordedura, sus diminutas uñas lo confirmaban. Esta chica tenĂa un aura tĂmida, inteligente y misteriosa.
El cuarto m*****o del grupo, un chico que parecĂa ser un muñeco, su cabello medio rubio bien peinado y firme, sus ojos verde oliva, nariz griega y labios gruesos, sin embargo, su belleza era opacada por la meticulosa perfecciĂłn que sostenĂa, camisa blanca sin una arruga ni mancha exponĂan sus anchos hombros, el pantalĂłn azul casi intacto se percibĂa nuevo moldeado a sus piernas como segunda piel, sus deportivas blancas eran limpias y relucientes lo hacĂan ver quisquilloso. En total, ese chico amaba la limpieza, Era MĂster Perfecto.
El siguiente a su lado, era chico cuya apariencia fĂsica atraĂa con un imán, su cabello era rosa (SĂ, Rosa) y muy largo, tenĂa una sonrisa coqueta de labios rojos, sus pĂłmulos resultados con rubor suave, cejas refinadas, nariz perfilada y sus ojos ámbar enfocados en su vĂctima: Steven.
MirĂ© al susodicho, que evadĂa contacto visual con sus mejillas de tomates.
Oh, despuĂ©s de todo sĂ conocĂa la vergĂĽenza.
Él llevaba un atuendo a la moda que consistĂa en un top lleno de brillos (Aaaaaah, amo los brillos), un pantalĂłn de cuero n***o y botas con estampado de leopardo. Ese ser era toda una fierecilla.
La Ăşltima chica la reconocĂ.
Era Tania. La "Escandalosa".
Ahora que la tenĂa más cerca pude detallar mejor su rostro cuadrado. Cabello azabache, ojos cafĂ©s, pĂłmulos marcados, nariz pequeña, labios delgados, cejas finas y su piel sublime.
El noveno integrante a mi izquierda, era a toda sonrisa, muy alegre y feliz, tenĂa el cabello castaño ondulado y explosivo, se le veĂa más joven que todos nosotros; quizá sea el bebĂ© del grupo, cejas delgadas pero pobladas, grandes ojos cafĂ©s, mediana nariz recta, labios provocativos y finos, con un montĂłn de chispas de canela en sus mejillas.
Ternurita vestĂa un conjunto deportivo, mono blanco y buzo n***o, sus zapatos no eran tenis, el movĂa de un lado al otro el conejito rosa de sus pantuflas. La palabra para describirlo era: ADORABLE.
El atractivo tarado y Ăşltimo chico se encontraba tarareando la canciĂłn que reproducĂan sus auriculares, su dulce vocecita era la mĂşsica que ambientaba aquel lugar. Su estilo era informal y casual, lo delataba su camisa de estampados a cuadros en distintos tonos de azules; la cual le quedaba tan sensual, pantalones de un rojo muy oscuro se ajustaba a sus largas y fuertes piernas, combinados con unos tenis blancos con dibujos torpes en n***o.
Todo resaltaba su atlético cuerpazo.
Sus labios rosados bailaban tal melodĂa y poseĂan el contenido perfecto para dar exquisitos besos, nariz pequeña y adorable, cejas pobladas y con muy buena simetrĂa, unas pestañas quĂ© envidiar, mandĂbula muy pronunciada.
Mis ojos descendieron hasta conectarse con un par de ojos celestes hipnĂłticos culpables de mis suspiros.
Su atenciĂłn era mĂa.
Mi distracción era él.
Su actitud decĂa: "Soy un chico altera hormonas, baby"
Lo es.
Traspasaron unos minutos y una mujer de al menos treinta años hizo apariciĂłn en la sala, pasĂł a ocupar la silla del centro. Uno de sus brazos sostenĂa un vaso de agua que fue colocado en el suelo. Su mirada analĂtica observĂł con sumo cuidado nuestros detalles, buscando dentro de cada uno de nosotros.
Mi nervioso se activĂł cuando su evaluaciĂłn visual recayĂł en mĂ, sus marrones ojos iniciaron en mis zapatillas oscuras para terminar en mi collar en forma de estrella, pero un escalofrĂo sacudiĂł todo mi cuerpo, vi directamente a sus esferas cafĂ©s oscuras e intimidantes, rompĂ el contacto sintiĂ©ndome vulnerable y expuesta. Era como si bastara mirarte para descubrir tus secretos.
Continuó su inspección y a más tardar la mujer carraspeo para poder hablar.
—Vida —dijo en un hilo de voz—. La vida puede definirse como nuestro perĂodo de tiempo o duraciĂłn aquĂ en la tierra. Desde que nacemos vamos siguiendo las fases que la sociedad nos dicta. Nacer, respirar, desarrollarse, procrear, evolucionar y morir. Pero ÂżHa tenido algĂşn sentido estar por aquĂ? —pausĂł reflexionando—. Vivir es la magia que le da la razĂłn a nuestra existencia y nos otorga la satisfacciĂłn de vibrar al lograr lo que deseamos. Lo que le da sentido a la vida es nuestro propĂłsito en el mundo, la razĂłn tras nuestra existencia. Y ustedes —pasĂł su mirada de uno a uno—, Âżconocen el propĂłsito de su vida?
El silencio fue una afirmativa a su pregunta.
—Eso pensé. Mi nombre es Samanta, soy la psicóloga del hospital y les doy la bienvenida a mi grupo de apoyo.
Parpadeo.
ÂżGrupo de apoyo?
Viro bruscamente mi cabeza para mirar a Steven, el muy imbĂ©cil me sonreĂa.
No sé cuál sea el propósito de mi vida, pero mi único propósito ahora mismo era golpearlo hasta adelantarle las fases de la suya.
Estúpido, esta me la pagas, pelele patético.
—Buenos dĂas. —escuchĂ© decir a la mitad de nosotros.
—Mi grupo de apoyo tiene una a duraciĂłn de un año. Su Ăşnica actividad será un proyecto en pareja, deberán aprender, conocer y saber lo más que puedan sobre su compañero, además deberán ayudarse mutuamente para descubrir su propĂłsito en este mundo, esto con la finalidad de fomentar la empatĂa y fortalecer lazos afectivos. —asignĂł la psicĂłloga.
—¿No nos vamos a presentar, contar historias tristes y deprimentes para terminar llorando? —preguntó sarcástica la chica perezosa y rebelde aún adormilada.
—Cada uno de ustedes está aquĂ por razones Ăntimas y privadas, no voy atosigarlos ni obligarlos a que las cuenten, el hecho de haber venido de forma involuntaria me es suficiente. En cuanto a sus prestaciones, sĂłlo digan sus nombres, el resto lo harán al finalizar el proyecto, las presentaciones serán invertidas, es decir, su compañero dará a conocer los datos recopilados en su investigaciĂłn y viceversa. ÂżEntendido?
—SĂ. —gritamos al unĂsono.
ÂżEn quĂ© me habĂa metido?
En un grupo de apoyo, ya supéralo ¿no? Tienes traumas más impactantes que esto. Recalcó mi conciencia.
Un notable carraspeo me devolviĂł a la realidad, habĂa sido la primera persona en presentarse.
—Ariana. —era el nombre de la chica perezosa con un bostezo.
—Nick. —se presentó el Bad Boy.
—Olivia. —afirmó en tono casi audible la misteriosa chica.
—Harry. —soltó orgulloso de su nombre, el señor perfección.
—Gigi. —un Grrrrr sonó al final de la oración de esa fierecilla con cabello rosa.
—Steven. —enunció Sr. Gruñón.
—Mia. —terminé por decir.
—Trevor. —escuché decir al risueño chico a mi otro lado.
—Tania. —pronunció aún sin ánimos de hablar.
—Trey. —dijo Rey Ricura, brindándome un guiño que dio paso a una creciente sonrisa.
Este chico será mi perdición.
—¡Bien! Ahora elijan a su pareja definitiva para realizar su proyecto. —ordenó con entusiasmo, Samanta.
Muchos fuimos desconfiados a la hora de agruparnos, se preguntarán: ¿Quién iba a ser mi pareja? Estaba muy fácil, mi estúpido favorito. Steven.
SonrĂo imaginándome defiendo sus no tributos, tenĂa que hacerlo sufrir hasta el final. Era la forma más divertida y amistosa de cobrarle su genial sorpresa.
Me vuelvo a él, pero como no soy la favorita del universo, la fiera rosa me arrebató a MI estúpido, se me adelantó, me trago la propuesta de hacer equipo.
Oh, Gigi, ya formas parte del enemigo. Y no es nada personal.
Pensaba en una alianza con Gigi en contra de Steven para hacerlo pagar o por lo menos para enseñarle como agotar su paciencia, sin embargo, el sonido del impacto entre del suelo y la silla colocada delante de mĂ, sacudieron mis ideas.
Elevé mi vista para buscar al dueño del asiento.
Me derretĂ.
—Tú y yo, preciosa. —aclamó, muy mandón un tarado.
Trey.