bc

La Chica de mis Sueños

book_age18+
78
FOLLOW
1K
READ
billionaire
HE
sweet
bxg
campus
city
addiction
seductive
like
intro-logo
Blurb

Tonos grises es todo lo que veo, percibo sus escalas más tenues y opacas. Mis ojos me mostraban el lado muerto de mi vida, sin una pizca de esperanza en que existiese un sol para mí.

Para mí no había sol, únicamente lluvia. La misma lluvia que cae en la ventana, esta vez no es triste como antes, no lo es gracias a que no estoy solo.

Veía temblar de frío a la chica más linda que he podido tener cerca, se encontraba a dos pasos de mí y miraba por la ventana; lo que según ella era; un hermoso arcoíris.

Carraspeé obteniendo su atención.

—Sabías que cada uno tiene su propio arcoíris, aunque haya dos personas paradas una junto a la otra, el arcoíris que ven no será el mismo.

Ella hundió su entrecejo y giró para ver el arcoíris en la ventana.

—Todas las personas vemos el mismo arcoíris —apuntó al arco—, ese.

Negué sonriéndole.

Era tan dulce e ingenua.

—Lo que realmente estás viendo es luz dispersada por ciertas gotas de lluvia. Una persona que se encuentre a tu lado verá luz dispersada por otras gotas.

—Oh. —exclamó sorprendida.

—Cada uno ve su arcoíris, distinto del que ven los demás.

—Es como nuestros sueños, Trey. —expresó ilusionada.

Para mí no había sol, solo lluvia, hasta que ella apareció para ser ese arcoíris que aseguré nunca ver.

Me miró expectante con esos ojos marrones, esperaba mi respuesta.

—Sí —afirmé—, cada arcoíris es un sueño que pinta el cielo.

Sus ojos tomaron un brillo especial y juro que vi el arcoíris en sus pupilas, ahí lo supe.

Todos tienen su propio arcoíris.

Ella sería el mío.

Ella sería la chica de mis sueños.

chap-preview
Free preview
🦋1🦋
MIA HILL Sumergida en las sábanas tan blancas y vacías como mi vida, luego de pasar toda la noche mirando al Sr. Techo, llegué a pensar en muchas cosas y en ninguna en concreto. Es increíble ver que solo basta un segundo para cambiar el rumbo de tu vida. Hoy crees tenerlo todo y mañana con suerte te tienes a ti. Todas las noches me preguntaba lo mismo ¿Cuántos tropiezos hacen falta para aprender a caminar? ¿Cuántos obstáculos nos enseñan que el camino es el erróneo? ¿Cuántas personas me dejarán para aprender a despedir? Supongo que la vida no tiene sentido, pero muy pocas cosas lo tienen ¿no? Quizá la vida y el álgebra son temas que jamás entenderé. El sonar del rechinar de la puerta de mi habitación seguido de unos pasos lentos pero imponentes me alertan de no estar sola, pero no tenía que mirar para saber que se trataba de Steven. El chico con el cual compartía departamento. El departamento era una chulada, pero más lindo era el precio, así que decidí buscar compañero y dividirnos el costo. Si no fuera por él estaría viviendo bajo un puente. —¡Renacuajo desnutrido!, levántate, desayuna y nos vamos. No vi su cara, pero pude deleitarme de su tono mandón. —Buenos días para ti también, Steven, claro que puedes pasar, es más sigue ignorando mi cartel. De verdad, se los digo, ese cartel era digno de respeto. —Me daña la retina —refuta volcando sus orbes verdes, insolente—, además, tiene muchos brillitos y purpurina. Parece más un tributo a los unicornios que un cartel de advertencia. Entiendo, tengo que ahorrar mi creatividad. —¿Cómo que nos vamos? ¿A dónde? —pregunté ya sentada en la cama, de brazos cruzados, con una mirada que podía aniquilar. No me juzguen, no soy muy simpática por las mañanas. Tengo hambre. —Verás, es una sorpresa. La palabra sorpresa en la boca de Steven tenía un único sinónimo: ¡Trampa! Y yo no caigo en trampas. —No vas a engañarme. —fío de por sí. —Te va a gustar. Me lo agradecerás después. —No saldré de esta cama —declaro— ni, aunque me saque el mismísimo Christian Grey. Aunque Grey no busqué sacarte sino mantenerte en la cama. —Sales por las buenas o me veré obligado a sacarte por las malas. Se ha puesto en la defensiva, no me gusta esta versión cabreada, cuando en sí Steven eran un gruñón altanero. —De verdad, no quiero ir. —pongo mi mejor cara de cachorro abandonado que hay en mi arsenal. ¿Qué si funcionaba? Era letal. Claro que iba a funcionar con Steven. —¡NO! —vocifera regalándome un brinco—. De que vas conmigo, vas conmigo. Ok, debo actualizar y mejorar mi mecanismo de defensa. No hay camino. No hay escapes. Teníamos que ceder, equipo. Chispas, odiaba ceder. —BIEN. —grité irritada por la derrota. Él sonríe gustoso. —Te doy cinco minutos para arreglarte, si en diez no bajas, te arrastraré con lo que tengas puesto. —sentenció dando por terminada la conversación, saliendo como todo un semental. Dios, ¿sabes? no me vendría mal una paciencia o compañero nuevo. Tranquila. Respiro amor, soy amor, doy amor. Respiro amor, soy amor, doy amor. Respiro amor, soy amor, doy amor. (Bis) No olvides el BIS. Ahora toca la parte difícil: Desalojar a la pereza de mi fabuloso cuerpo. Tuve que reunir todas las fuerzas (incluida aquellas cuya existencia desconocía) para lograr levantarme de la blanda y calentita cama. Te extrañaré. Me dirigí al baño, me bañé, lavé mis dientes y luego de unos minutos estaba lista frente al espejo, analizaba mi atuendo sencillo y simple. Vestido casual en tono rosa cereza, era nuevo y me encantaba mucho, lo combiné con unas zapatillas blancas. Mi cabello castaño natural era lacio, como llevaba tiempo sin cortarlo, me sorprendí de su largo, siempre lo llevaba a la altura de los hombros, pero ahora terminaba en mi cintura ¿Cuándo creció tanto? Ha pasado un tiempo. Mi maquillaje era sencillo, natural, constituía en rubor, base, labial y mucho corrector de ojeras que no las ocultaba del todo. Estúpido insomnio. Ya lista, bajé a desayunar con Sr. Gruñón. —Buenos días, Mia. Su sonrisa era muy agradable, ojalá pudiera decir lo mismo de su carácter. —Buenos días, Steven. —devolví sonriente. Nuestros desayunos tradicionales eran cereales con leches, pero en mi plato no estaban mis cereales de colores con leche chocolatada, en su lugar una torre de panqueques con miel y fresas lo reemplazaba. Esto no era buena señal. La última vez que Steven hizo algo así fue en gesto de disculpa ¿Qué había hecho? Les cuento. Había una vez un Steven que decidió usar mi bici para ir a una discoteca, mala idea, lo sé, pero su cerebro no lo sabía, de regreso se estrelló, la bici quedó como un monopatín y él ni un rasguño. No le hablé durante tres semanas, hizo tortitas para persuadirme, obvio no le disculpé, no sin antes comprarme una bici nueva. —¿Qué hiciste ahora? —ataco entrecerrándolo entre mis párpados— ¿No te habrás metido con mis gomitas? Oh, Steven si te las comiste juro que voy a... —Nada de eso. —interrumpe evitando mi posible ataque de histeria. —¿Entonces? —Me aburrí de los cereales. El presentimiento de que algo andaba mal se acentuó en mi estómago, consiguiendo desaparecer mi hambre. No confiaba del todo en su justificación, y como no me bastó fui a asegurarme de que todo estuviera bajo control. Las gomitas estaban ahí. Mi bicicleta parecía intacta. Mi laptop no tenía historial de páginas XXX. Y mi colección de libros estaba completa. ¿Entonces qué hizo ese energúmeno? —¿Ya vistes que soy inocente? —me recalca—. Deja de ser tan suspicaz, renacuajo. —No pidas imposibles, estúpido. —Desayuna rápido o llegaremos tarde. —balbuceó con la boca llena de panqueques. Asco. Además de ser gruñón, mal educado. Válgame Dios. —¡No hables con la boca llena! —reprendí. —Pero no te enojes, mami. —hizo mofas. —Insurrecto. —Desquiciada. —Energúmeno. —Anormal. —Subnormal. —Tonta. —Pelele. —Patética. —Te odio. —Qué lindo se siente ser correspondido. —dijo llevándose las manos al corazón con cara de felicidad fingida. Debería ser actor. Nos miramos un rato después estallamos de risas. —Te odio desde el fondo de mi corazón. —solté limpiando una lágrima fugitiva del ataque de risa anterior. —Te odio con toda mi existencia. —respondió estando abrazados. Nuestra amistad era rara, pero éramos felices así. —Ya suéltame —me quejo—, mira que la brutalidad se me pega. Se separa de mí riendo para terminar de comer, yo me dediqué a digerir un poco del plato. Finalizamos nuestro primer plato del día, salimos del departamento y sentí impaciencia por no saber a dónde íbamos. Ya en el elevador inicié mi plan "Pregunta y forzar respuestas". Me giro para comenzar mi interrogatorio. —¿Me vas a secuestrar? —No. Que tosco. —¿A dónde me llevas? —No. Strike uno. —¿A qué lugar nos dirigimos? —No. Strike dos. —¿Eres gay? —Sí. ¡HOME RUN! Esperen... ¿Qué? —¿ERES GAY? —Algo. —¿Por qué no me lo dijiste antes? —Por qué no lo preguntaste. Okey. Su lógica era irrefutable. Anonadada salgo del elevador, diviso nuestro medio de transporte, iríamos a no sé dónde en la motocicleta de Steven o como él la llamaba "Mi baby". Ponerle nombre a una motocicleta es algo de estúpidos, y Steven lo era, por ello no me molesta. Abrochándome el casco subí a moto, la encendió y nos abrimos paso a ciudad frente a nosotros. Tenía unos meses sin salir del departamento, de mi habitación, y nada parecía haber cambiado, me impresiona que todo permanezca igual, me imaginaba miles de cambios, quizá la del cambio fui yo. El clima era fresco, la brisa acariciaba mi rostro intentando calmar mi nerviosismo, el olor a combustible y calle húmeda se inhalaba desde cualquier lugar, el sol se ocultaba; como mi valentía; entre las nubes grises que anunciaban lluvias. Tal vez para mí sólo había eso. Lluvia. Transitar las calles de la ciudad que me vio crecer me despertó tanta nostalgia. Todo me recordaba a ella, a veces creo que nunca la voy a olvidar, tampoco quiero olvidarla, lo que deseo es recordarla sin este dolor en el pecho. —Ya llegamos. —anunció Steven, frenando la moto y mis pensamientos. Me quité el incómodo casco, para disfrutar de la “sorpresa”. Miré un edifico totalmente pulcro y limpio, era de tonalidades blancas. Según el letrero estábamos afueras del "Hospital General de Houston". ¿Un hospital? ¿De verdad?

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

La embarazada sacrificada

read
3.2K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
55.4K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
25.9K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.8K
bc

Prisionera Entre tus brazos

read
102.0K
bc

Eres mío, idiota.

read
3.6K
bc

Profesor Roberts

read
1.7M

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook