Un mes después. —Buenos días, señora Lozano—me saludó Juliana, la cocinera. Liam se había encargado de contratar personal para la hacienda, personas locales que no conocían nuestras antiguas vidas. Aun me resultaba extraño que me llamaran por otro nombre y apellido, para los empleados, yo era una viuda que había perdido a su esposo en un accidente automovilismo, algo alejado de la realidad, como no me quería quitar mis alianzas ni mi anillo de plata que me había regalado Dalton, Liam tuvo que aceptar que diera esa versión. —Buenos días—respondí—. ¿Ha visto a mi padre? —pregunte. —Está afuera con pablo, ya sabe, hablando sobre la cosecha—respondió. Mi padre pudo encontrar un pasatiempo, pablo era el esposo de Juliana, como campesino local tenía conocimientos de esa área, nos ayudó a co

