Las lágrimas de Katherine corrían por ambas mejillas. “No... ya no duele. Katherine, no llores." “No tienes que negarlo. Sé que estás herida." Katherine me acarició suavemente la cabeza con su mano. “No quiero que Katherine piense demasiado ni que se preocupe." “¿Cómo no voy a preocuparme? Solo quedamos nosotros. Cuando supe que nos había atropellado un coche, casi quise regresar a Nueva Orleans en ese momento. Pero no pude hacerlo porque estaba ocupada estudiando y tampoco podía tomarme un permiso repentino del trabajo.” “Ahora estoy a salvo. De ahora en adelante, me cuidaré bien, lo prometo.” Alcancé y limpié las lágrimas de la mejilla de Katherine. “Muy bien, mi niña traviesa.” Katherine me frotó suavemente la nariz con su dedo. “¿Dónde se ha ido tu novio ahora?”, preguntó la abu

