A la mañana siguiente, cuando Sara se levantó, sintió un fuerte dolor, en todo su cuerpo, y en particular su boca, sentía como si hubiese hecho, mucho esfuerzo en la zona bucal. Miró, a su marido, que se encontraba dormido, encima de ella, en su rostro, irradiaba una felicidad incomprensible. Se empezó, a preguntar qué había sucedido, la noche anterior, no recordaba nada. Lo último, que recordaba, era que se llegó a beber, sus benditas botellas, a pesar de que se había, dicho que no se iba a beber nada, solo unos cuantos cócteles. No pudo soportar la tentación, al ver esas ediciones limitadas, de whisky champagne. El sabor era delicioso, y no podía parar, pero ya después de la quinta, o sexta copa, para ella, todo era borroso, no recordaba, absolutamente nada. Al sentir que su mujer se

