CAPITULO 07
.
Narra Max
.
Qué jodido idiota. Eso es exactamente lo que soy. Salí de la casa de Stella anoche haciéndole pensar que estaba involucrado con otra mujer. La energía y la conexión entre nosotros se encontraba a tope y pude haberme perdido mirándola sus ojos de color verde topacio por el resto de mi vida. Sí, de mi vida.
Nunca creí en el amor, a pesar de que mis padres tuvieron un matrimonio maravilloso y se preocupaban profundamente uno por el otro. Simplemente no creía que fuera para mí. Sembré mi lado salvaje en la escuela de pregrado, pero reduje la velocidad en la escuela de leyes. Algunas mujeres han mantenido mi interés, pero nada más que un par de noches. La energía necesaria para una relación seria a largo plazo no me interesa.
Pero en el momento en que mis ojos se posaron sobre Stella Sullivan, supe que iba a cambiarme. Traté de deshacerme del deseo creciente por esta mujer, pero no sirvió de nada. Mis pensamientos se desvían a ella todo el día. Mi cuerpo zumba de lujuria cuando pienso en pasar mis manos por su cabello largo y oscuro mientras la abrazo. Jesucristo, su cuerpo, con todas sus curvas, me vuelve loco.
Su dedicación y dureza es admirable, pero su vitalidad y brillo son la verdadera razón por la que me siento atraído por ella. Vi algunas fotos en su casa ayer por la noche, de amigos y de familia y quise saber mucho más sobre ella.
La mirada de decepción en su rostro plagó mi mente y no pude dormir en absoluto. Sin querer ver nunca más esa mirada de nuevo causada por mí, tomé una decisión. No le puedo decir todo, pero le diré acerca de Erica.
.
- ¡Dana! – grito por el intercomunicador.
- ¿Qué? – me responde.
- Llama a Stella Sullivan y dile que venga a las diez. Dile que tenemos que repasar algunas cosas y que planifique despejar su agenda por el día. Luego, llama a Lace y encuentra su lugar favorito para comer el almuerzo. Y reserva.
- Max McCoy, si alguna vez me gritas de esa manera otra vez, me vas a extrañar cuando me vaya. – Dana se encuentra en mi puerta con los brazos cruzados. La expresión de su rostro me hace hacer una mueca. – Tu padre intentó una vez y le dije lo mismo.
- Mierda, lo siento. Estoy bastante nervioso esta mañana.
- ¿Quieres decirme por qué? – se sienta frente a mí.
- Lo arruiné anoche con Stella. – arrojo mi pluma sobre el escritorio. – Me preguntó si estaba involucrado con alguien y me quedé helado.
- No creo que eso clasifique como que lo estropeaste.
- Sí, si te hubieras invitado a ti mismo a su casa, le hubieras llevado un arreglo de flores de doscientos dólares y una botella de vino de cuarenta. Luego hubieras procedido a sentarte con ella en el sofá hablando por más de una hora para llegar a conocerse uno al otro.
- ¿Lo hiciste?
- Sí y lo peor es que me preguntó porqué no podía dejar de mirar sus ojos. Son hipnotizantes. La intensidad fue feroz. Todo lo que quería hacer era… bueno, no importa.
.
Pienso en lo extraño que sería decirle a Dana que deseaba deslizar mi lengua por los labios carnosos de Stella hasta que gimiera y abriera la boca para mí con plena sumisión.
.
- Entonces rompió el momento preguntándome si estaba involucrado y le dije que era complicado.
- Hablando de señales mixtas.
- Sí, su mirada de dolor fue aplastante.
- ¿Vas a contarle lo de Erica?
- Sí. Hoy, si me escucha. Es por eso que la quiero aquí.
- Una pregunta rápida, ¿Por qué doscientos dólares en flores?
- La floristería al lado de la tienda de vinos estaba cerrando, tuve que pagar extra para que la abrieran e hicieran un arreglo. Y compré todo lo que remotamente me recordó a Stella.
.
Dana asiente y se levanta para irse.
.
- Max, sé que crees no merecer la felicidad, pero la mereces. Lo que pasó con tu padre será atendido. No creas que no he notado lo que has estado haciendo en los últimos tres años. Y la cosa con Erica no es saludable. Necesitas sacarla de tu vida ya.
.
Entonces se va. Tiene razón, siempre la tiene.