CAPITULO 10
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Narra Max
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Siete horas más tarde, terminamos. En algún momento durante el día, Stella se quitó sus altísimos zapatos y se recogió el cabello con una especie de clip. Se paseó por la oficina y luego llamó a Dana para un descanso. Bueno, un descanso para ellas. Tuve que hacer una lectura a través de la nota de prensa del show de mañana por la mañana. Dana y ella me dieron instrucciones sobre la forma de ser sensible, aunque firme, y hablar directamente a la cámara.
Estaba exhausto y cansado, pero seguí adelante debido a la energía de Stella. Dana mencionó que la cena sería entregada pero le di una mirada torcida, asintió y luego se fue por la noche.
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- Stella, vamos a cenar. – voy al bar y me sirvo un whisky.
- Una vez más, Sr. McCoy, no me lo pidió. Y no te preocupes, no puedo salir a cenar, así que no preguntes.
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Me doy la vuelta para verla empacar el bolso, sin mirarme.
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- ¿Por qué no?
- Es noche de tacos en mi casa. Lace y yo hacemos una noche de tacos y vemos la televisión. Yo cocino y ella calienta los… bien, no hace mucho.
- ¿Es una noche de chicas? – por favor di que no.
- Supongo que no, a veces viene nuestro amigo Ryan y no es una chica.
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Los celos se mueven dentro de mí. ¿Quién diablos es Ryan?
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- ¿Quién es Ryan? – pregunto con voz ronca.
- Un amigo de la universidad.
- Bueno, si él va, pueden disfrutar de las margaritas de primera clase que hago. Aprendí de los mejores.
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Empiezo a guardar mis cosas y mentalmente hago una lista de artículos para recoger.
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- No recuerdo haberte invitado. – Stella me mira con humor en sus ojos.
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Se necesitan dos pasos para llegar a ella y poner mis manos en su rostro. Me inclino y la beso suavemente, saboreando solo la vainilla esta vez.
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- ¿Puedo ir a la noche de taccos?
- Esa, Sr. McCoy, es la manera de pedir algo. En mi casa a las siete. – Se ve nerviosa pero se eleva y picotea mis labios ligeramente.
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Cuando se va, hay una cosa más que tengo que hacer antes de ir a la tienda y a mi casa. Llamo al celular de Dana. Cuando escucha lo que necesito, se muere de risa y está de acuerdo. Manejará los detalles y preparará el anuncio. Después de mañana, espero que quede claro nunca me cuestionen y no se metan con Stella Sullivan.
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Dos horas después…
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- ¡Puedes ser un jodido idiota, pero haces una gran margarita! – grita Lace encima de la mesa.
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Está bebiendo su tercer trago y evidentemente siente los efectos.
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- ¡Lace! – el rostro de Stella se sonroja mientras mira a su amiga. – Te dije que era un malentendido.
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Estirándome, envuelvo mi brazo alrededor de ella y la tiro hacia mí. Lace y su amigo Ryan nos miran. Ryan es un chico grande. Más alto que yo, con estructura muscular, y me considero bastante grande. Tan pronto como entró, quise reclamar a Stella. Lace y ella corrieron hacia él y lo aferraron con fuerza. No me gustaba la forma en que sus brazos fueron alrededor de él, específicamente los de Stella. Todo lo que pude hacer fue alejar mis celos y continuar la preparación de las bebidas.
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- Dime otra vez lo que dijo ese idiota. – pidió Lace a Stella, refiriéndose al estallido de Edward.
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Stella reproduce la escena en mi oficina. Oír lo mucho que le faltó el respeto, todavía me enoja. Ella se ríe, pero Ryan me mira. Trato de pensar en algo que hablar con él y la única cosa que se me viene a la mente son los deportes. Finalmente se abre cuando habla de su Fantasy-football en unas pocas semanas y los jugadores clave que vendrán después. Suspiro de alivio porque, el Fantasy-football es mi especialidad.
Mi teléfono comienza a vibrar en mi bolsillo y el nombre de Erica aparece en la pantalla. Stella levanta una ceja hacia mí cuando lo silencio.
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- Vamos, terminemos de limpiar la cocina. Tengo que entrar en mi cama. Estas margaritas tienen gran sabor ahora, pero me arrepentiré de esta tercera por la mañana. – dice Lace a nadie en particular.
- Te llevaré a tu casa, Lace. Stells puede llevar tu auto a la oficina mañana. – dice Ryan limpiando la mesa.
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Nadie discute y ayudo a llevar los platos a la cocina. Cuanto más rápido hagamos esto, más rápido nos dejarán solos a Stella y a mí. Miro a los tres amigos moverse en sincronía y doy un paso atrás para memorizar dónde va todo. Con mi situación en casa, espero estar mucho aquí.
Podrían ser las bebidas, pero Lace se desheló conmigo y me abraza fuerte antes de salir. Ryan estrecha mi mano y lo invito a unirse a mis hermanos y a mí en nuestra liga Sportsline en unas pocas semanas.
Stella los abraza y besa a ambos antes de acompañarlos. Aprovecho la oportunidad para mirar alrededor de su lugar y disfrutar de su estilo. Fotos de ella y asumo que de sus padres y de su hermana en juegos de fútbol, vacaciones de la familia, y múltiples eventos elegantes. Lace y Ryan están por todas partes también. En cada una de las imágenes, la sonrisa de Stella me atrae. Es impresionante.
La puerta se cierra y me vuelvo para verla mirándome. Ya han pasado horas desde mi oficina y he querido degustarla de nuevo desde que llegó. Camino a ella y me detengo cuando levanta su mano a mi pecho.
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- Max, tenemos que hablar. – toma mi mano y me lleva hasta el sofá. – No estoy segura que este “nosotros” sea una buena idea. Tal vez deberíamos dejar que se enfríe hasta que hayamos cuidado de JOS.
- ¿Por qué? – mi voz es áspera.
- Soy dueña de una pequeña empresa. Mi reputación lo es todo para mí. Mis decisiones y acciones son muy planeadas y calculadas. Ha sido un camino difícil para mí llegar a donde estoy. Viste como me trató Bryan sin tener en cuenta ninguna de mis ideas. Aplastaría a Sullivan RP si los rumores dicen que me dieron el trabajo porque te estoy viendo.
- ¿Saliendo conmigo, quieres decir? Porque te veo a donde quiera que voy. Estás en mi cabeza sin parar. Así que vernos entre sí no es la palabra correcta.
- ¡No nos conocemos lo suficiente para estar saliendo!
- ¿Quién lo dice?
- ¡Yo! Nos acabamos de conocer, apenas sabemos algo del otro.
- ¿Estás atraída por mí? – su rostro se calienta y sus ojos se abren ancho.
- Sabes que lo estoy.
- Además de mi aspecto, ¿por qué estás atraída? Sé cómo me veo. El cabello oscuro, los ojos azules, musculoso. Nunca he tenido problema con las mujeres en mi vida. Pero explícame que hace que te guste.
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Se queda callada, demasiado callada. Entonces me mira con sinceridad.
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- Me gusta cómo hablas de tu familia y lo mucho que los quieres. Es increíble que hayas renunciado a todo para venir a casa y hacerte cargo por tu padre. Eres brillante y humilde, nunca alardeas de tu posición. Me escuchas cuando hablo y actúas como si las cosas que digo fueran interesantes. Conociste a mi mejor amiga y no saliste huyendo. Y esta noche, hiciste que Ryan se sintiera cómodo, a pesar que estaba evaluándote. La forma en que me atrapaste en tu oficina hoy fue halagadora. Y te tomaste la molestia de averiguar mi vino favorito. Eres muy encantador.
- Mira, esas razones son exactamente por qué somos una buena idea. Ni una sola vez mencionaste mi posición, estatus, o dinero. Podríamos sentarnos aquí toda la noche y todavía no habría tiempo suficiente para que te dijera las razones por las que me siento atraído por ti. Eres genuina, Stella, y te quiero en mi vida. No le pondré una línea de tiempo a esto. Vamos a llegar a conocernos uno al otro, a pasar tiempo juntos, aprender estas cosas juntos. No nos agruparemos en una categoría generalizada de cómo las cosas tienen que ser. No soy un hombre normal, si todavía no lo has averiguado. Personalmente espero cada minuto para poder conocerte.
- Parece que tienes un poco de equipaje que nos puede causar problemas.
- Deja que me ocupe del equipaje. Tú sigue siendo tú.
- ¿Podemos mantener el secreto hasta que nuestro proyecto haya terminado?
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¡Mierda! Eso no es para nada lo que quiero, pero entiendo de dónde viene. Su negocio es importante para ella.
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- Si eso es lo que quieres. No me gusta, pero lo haré por ti.
- Gracias.
- Ven aquí y convénceme que no lo estropeé. – estiro mis brazos y se abalanza hacia delante obligándome a retroceder.
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Caemos en contra de su sofá y nuestros rostros quedan a centímetros de distancia. Me pongo duro contra su muslo y ella sonríe.
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- Otra cosa, Max, quiero tomar esto lento. Mi última relación no terminó tan bien.
- Está bien, lento está bien.
- ¿En serio?
- Sí.
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Paso los dedos por su cabello, que se siente como la seda. Incluso cuando me imaginaba tocándolo, nunca fue tan bueno.
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- Otra cosa…
- Stella – refunfuño – Renuncia cuando debas. Cedí en ocultarnos e ir lento. No hay mucho más con lo que esté de acuerdo.
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Empieza a discutir, pero cierra la boca y sostiene mi mirada.
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- Está bien, Max.
- ¿Puedo besarte ahora, o vamos a seguir hablando?
- Puedes besarme ahora.
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Baja sus labios a los míos y poco a poco recorro su contorno con la lengua.
La jalo apretado contra mi cuerpo, para poder capturar su boca con la mía. Al contrario que en la oficina hoy, no se contiene y encuentra empuje con empuje mientras nuestras lenguas se arremolinan y nuestros cuerpos se moldean juntos. Mi pene está tan duro contra la cremallera que me duele, pero nada hará que me mueva de esta posición. Se siente tan bien en mis brazos. Ahora solo tengo que convencerla de ello.