CAPITULO 09
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Narra Max
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- Me congelé anoche. Mereces una explicación.
- Está bien. – Me mira con confusión absoluta.
- No estoy involucrado con nadie. Una mujer vive conmigo, pero es puramente por obligación. Es una larga historia, pero te he deseado desde el momento en que entraste en mi sala de juntas.
- ¡¿Vives con otra mujer?!
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¡Mierda! ¿Eso es todo lo que escuchó?
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- Si, pero es complicado. Te dije que tenía que tomar algunas decisiones difíciles y ella era una. La traté mal y me mordió el trasero. Tenía que hacer algo, así que dejé que se mudara conmigo.
- ¿Qué tan complicado es?
- Lo suficientemente complicado para tener que compartir el espacio con ella, pero tiene su propia habitación. Vivimos diferentes vidas.
- ¿Puedes explicarte un poco más?
- Sí, pero no hoy. Necesito que me conozcas, a mi verdadero yo, antes que cargues tu cerebro con el egoísta y vengativo Maxwell McCoy. Cada minuto que he pasado contigo, he sido yo mismo. Trabajar contigo es un soplo de aire fresco. Recuerdo cuánto me gustaba la parte comercial de las cosas. Me encanta tu entusiasmo y nuevas ideas, tu habilidad para llegar a todo, tu inteligencia. Hay una conexión entre nosotros y sé que la sientes también. Puedo ser un bastardo egoísta por perseguirte, pero nada puede detenerme.
- Max, mi cabeza da vueltas. No estoy segura de lo que quieres de mí. – Me mira con una expresión indescifrable.
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Envuelvo mi brazo alrededor de sus hombros rígidos y la tiro hacia mí, nuestras narices casi se tocan.
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- Quiero que veas al Maxwell McCoy que puedo ser cuando las demandas de las empresas no están en mis hombros. Lo creas o no, solía tener una vida fuera de estas puertas de la oficina. Me gustaría encontrarla de nuevo y espero que algo de ella sea contigo. Quiero llegar a conocerte, Stella, por dentro y por fuera. Vamos a trabajar en estrecha colaboración en este proyecto, pero después de la jornada de trabajo, me gustaría ver a donde nos lleva la atracción. No quiero que nuestra relación sea puramente profesional. Quiero más.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué?
- Sí, ¿Por qué yo? Eres un hombre de negocios muy exitoso que sale con modelos.
- Bella, no hagas eso. No te menosprecies. Para mí eres exquisita y no solo por tu belleza física. Eres hermosa e inteligente. Las ideas que diste de las comunidades en América del Sur muestran tu generosidad. Han pasado casi dos semanas desde que entraste a estas oficinas, a mi vida. No he podido sacarte de mi mente. El encuentro con Chris, nuestra cena, anoche, todas las veces que hemos estado juntos me tienes deseando más. Estoy completamente atraído por ti. – Su rostro se suaviza con mi declaración y el uso del nombre que le di anoche.
- ¿Qué pasa con tu “compañera de piso”? – Hace comillas en el aire y pongo los ojos en blanco.
- Me ocuparé de Erica. – Su cuerpo se relaja un poco, pero puedo decir que todavía está preocupada. – Vamos a intentar esto de nuevo, voy a besarte ahora. Después voy a hacer mi mejor esfuerzo para mantener mis manos fuera de ti mientras trabajamos durante el día. Esta noche, vamos a salir a una agradable cena y te mostraré que estamos bien juntos. Terminaremos muy diferente a ayer por la noche si tengo éxito.
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Sonríe levemente y su mirada va a mi boca. Me inclino ligeramente, jugando con ella, y susurro contra sus labios:
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- Quiero ser claro en esto, cuando te bese de nuevo, vas a besarme de regreso. ¿Entiendes?
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Asiente ligeramente y nuestras bocas se acarician. Trato de esperar una respuesta verbal, pero mi cuerpo reacciona por sí mismo. La empujo hacia mí y lamo la abertura de sus labios. Los abre y deslizo mi lengua encontrando la suya al instante. Inclina la cabeza para un mejor ángulo y la devoro. La chupo, muerdo y pruebo. Mis manos van a través de su cabello largo tirando de él lo más cerca posible mientras agarra mi camisa.
Profundizo el beso, tratando de transmitirle mis disculpas y mi hambre. Nada en mi vida se ha sentido tan bien. Sus gemidos me ponen duro de nuevo y me encuentro solo respirando el aire que me da. Me pierdo a mí mismo en ese beso y pienso en lo que está por venir. Muevo su espalda para tumbarla en el sofá y me permite cubrir su cuerpo con el mío. Le beso desde la mandíbula a la oreja, hasta que un golpe suena en mi puerta.
Salta debajo de mí, pero la sostengo con fuerza, preguntándome quién demonios me necesita en este momento. La perilla gira y estoy agradecido que Dana pueda cerrar la puerta desde el exterior con llave. Stella comienza a menearse, lo que hace a mi pene más duro y me quito de encima de ella sin muchas ganas.
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- ¡McCoy! ¡Déjame entrar ahora! ¡Tenemos que hablar! – grita Edward Hurst y gimo.
- Stella, este es el idiota de los idiotas. No es feliz y probablemente dirá algo inapropiado. Va a tratar de tirar su mierda en mi dirección y puedo tomarla. Pero si empieza contigo, no te sientas afectada. No dejes que te afecte. ¿Entiendes? – le susurro al oído.
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Asiente y toma su bolso, por lo que la mesa de café en mi oficina parece una estación de trabajo en segundos. Los dos ajustamos nuestra ropa y un sentido de orgullo surge a través de mí cuando veo sus labios hinchados y enrojecidos. Sacude su cabello sobre su hombro, protegiendo su rostro levemente y haciendo señales para que lo deje entrar.
Cuando abro la puerta, Edward tiene ira en sus ojos. No se da cuenta que Stella está sentada en el sofá.
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- ¡Qué mierda! ¡Acabo de enterarme por Bryan que contrataste una firma, propiedad de una mujer sin nombre, para cuidar del desastre de JOS! ¿Cómo te atreves? Tenemos grandes jugadores poderosos en estas solicitudes de propuestas, que podrían no solo sacarnos de este lío, sino también darnos putas ventajas. Pensé que se suponía que eras inteligente. No tomar las decisiones de nuestro negocio por un par de senos y v****a.
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Stella hace todo lo posible para controlar su temperamento, pero las gotas se aglutinan en su frente y Edward mira por encima. Su rostro se suaviza un poco cuando la ve, entonces sus ojos se estrechan. Está claro lo que está pensando.
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- Edward, esta es Stella Sullivan, de Sullivan RP. – digo, con los dientes apretados quiendo sacar la mierda de él por los comentarios groseros.
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Edward recupera un poco la compostura, estrecha su mano y luego me mira.
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- ¿Por qué tu puerta estaba cerrada?
- No lo estaba. – contesto friamente.
- ¡Como el infierno que no!
- Bueno, supongo que Dana hizo eso por accidente. – le doy una mirada que es a la vez helada y decidida.
- Dime en lo que están trabajando. – exige.
- Ya lo sabes.
- Seguramente si contrataste su empresa, no tienes que llevarla de la mano. Tenemos que estar viendo las adquisiciones y estar trabajando en una estrategia de relaciones públicas. ¿Qué demonios, McCoy? ¿Bryan tiene razón?
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Stela silba audiblemente. Me da una mirada inquisitiva.
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- Edward, debes tener mucho cuidado aquí. Elige las siguientes palabras que saldrán de tu boca con delicadeza. Tu posición en el consejo está en peligro. No me hagas llamar a Recursos Humanos para darle una queja sobre tus inapropiadas acciones con un proveedor de terceros. Si quieres una reunión, habla con Dana y programaremos un momento. Pero te recuerdo que tomo las decisiones a nivel empresarial. Bryan fue inculto, sesgado y buscaba regalos. No estaba buscando los mejores intereses de Hurst & McCoy, ni por nuestra marca JOS. Tomé el mando. Así que escucharás los planes para volver a construir la compañía con el resto de la junta. ¿Hay algo más? – me mira con disgusto y luego forma una sonrisa falsa.
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Sabe que me haré cargo de este lío y qye sacaré de él un par de millones de dólares, o más.
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- No muchacho, nada más. – mira entre Stella y yo y decide hacer un punto. – Los veré a ti y a Erica en la cena la noche del domingo. – entonces sale sonriéndole a Stella.
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Su rostro cae y me mira con dolor. Cierro la puerta asintiendo a Dana para cerrarla de nuevo. Cuando llego al sofá, la levanto y la pongo en mi regazo, manteniéndola cerca. El olor de un perfume floral llena el aire que nos rodea e inhalo profundamente, tratando de domar mi enojo.
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- Así que en realidad es un imbécil, ¿eh?
- Sí, nena, el rey de los imbéciles.
- ¿Vas a cenar con tu compañera de cuarto en su casa?
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¡Mierda! Quería evitar esto por un tiempo. Pero tiene que saber la verdad.
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- Erica es su hija. – espero que maldiga, pero no lo hace.
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Me sorprende con una sonrisa y me entrega una carpeta.
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- Bueno, creo que debemos demostrarle que soy más que un par de senos y una v****a fácil, ¿eh? Vamos a trabajar.
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¡Jesucristo! Al oír la palabra v****a salir de su boca me dan ganas de saltar sobre ella. Pero me abstengo y continuamos nuestro esquema de anoche. Eventualmente, se desliza en mi regazo y se sienta a mi lado, señalando diferentes escenarios. Dana solo nos interrumpe con el almuerzo y verificamos la hora. Me guiña el ojo varias veces porque sabe lo mucho que todo esto significa para mí.