El sonido de tacones al tocar el piso en el pasillo con dirección a la sala de junta llamó la atención de más de una persona que se encontraban en sus puestos de trabajo o caminaban en sentido contrario al de Anna y su séquito de hombres que la flanqueaban. No hubo murmullos a su paso, pero Anna supuso que los habría luego de que ella ingresará a la sala juzgadora que para ella era la rectificación de su sentencia de muerte. En el último piso de un edificio de veinte plantas No tan grande como el ego de quienes se encontraban en la cima de lo que para ellos era el éxito en su punto máximo. Para Anna todos eran unos sexistas, machista y engreídos bien vestidos.
El vestido blanco que había escogido resaltaba ante el interior del mobiliario color ónix que le daba un aire más frío y profesional a la estancia, reparo en que las personas muy poco utilizaban prendas llamativas ni de colores fuertes. Eso la divirtió. Era algo que su padre haría. Anna miró con disimulo a Valentín quien caminaba con toda confianza a su lado, Paolo iba a su otro lado, y detrás sus abogados. El ambiente de pronto se sintió pesado y asfixiante, el grupo de personas con trajes finos y sin expresión en sus rostros, levantaba los pelos de punta. El aura de autoridad era demasiado fuerte, el aire se espeso aún más cuando las puertas de la sala de junta se abrieron y mostraron a hombre y mujeres sentados en cuatro hileras de roble pulido que formaban una mesa rectangular con un ancho en cada fila de unos cincuenta centímetros.
Anna se detuvo en la entrada, recorrió con la mirada toda la habitación, reconoció a cada persona presente.
—Buenas tardes— se quitó las gafas de sol y les dedico una sonrisa. recibió una respuesta unánime con el mismo saludo y uno que otra sonrisa de algunos veteranos. Camino hacia el lugar que anteriormente era de su hermano, pero que ahora pertenecía a ella. Valentín, se sentó a su izquierda en un asiento vacío al igual que Paolo, sus abogados tomaron asiento en la parte de atrás donde estaban dispuesta varias sillas en línea.
El vicepresidente de la empresa, Mike Smith, amigo y socio del fallecido hijo Western encendió su mi micrófono y empezó la reunión.
—Buenas tardes, damas y caballeros. Iniciaremos la junta. Como es de nuestro conocimiento el lamentable fallecimiento de nuestro presidente, Antonio Western, un hombre honorable que llevó a la empresa aún nivel económico más elevado que su padre, también fue un hombre leal, fiel y trabajador. Se recordará siempre con lo mejor que siempre nos demostró. Sin embargo, hoy. Iniciamos una nueva junta para el cargo del nuevo presidente de la compañía. Por tal razón, están todos reunidos en esta mesa. Legalmente a quien pertenece el cargo es a la señorita Anna Western, es por lo que está en este lugar. Como heredera y más cercana parienta del fallecido presidente, además, de su arduo trabajo con nosotros es justo que tome su lugar. No obstante, todos tienen el derecho de protestar y declarar situaciones y expresar opiniones respetuosamente. Lo primero que vamos a debatir sería la posición de la señorita Ana. Empecemos.
Un sonido suave pero alto sonó. El vicepresidente le dio la palabra a un socio. Un hombre que, si bien parecía muy joven, Anna imagino que la experiencia era extensa.
—Seré claro, soy el segundo accionista mayoritario. Walbeiro Wolton, y dudo de que mi dinero este en buenas manos. Sin ofender señorita Western, pero usted inspira todo, menos autoridad.
Ana alzó la ceja esbozando una sonrisa que pretendía ser dulce, pero no dijo nada.
—Me parece que subestimar las habilidades de los demás es algo de familia—comento Valentín—, aún no ha empezado mi apadrinada y ya empiezan a juzgarla.
—Es joven, amable y bueno... Y es exactamente eso lo que tememos, que no pueda tener las agallas necesarias para tomar decisiones, además, quién sabe si alguien intenta aprovecharse de ella y tomar el manejo de la empresa
—Señor Walvbeiro, nuestro fallecido presidente dejo todo plenamente calculado...
El señor Walbeiro desato una guerra de opiniones en las que Anna iba perdiendo. Uno por uno fue dando su opinión. Mientras Anna se mantenía en silencio, escuchando, pero sin decir nada. Aunque su rostro parecía calmado y aparentemente sin expresión Corporal era relajada. Dentro de ella todo era un caos, si bien, no quería ser presidenta. Solo el hecho de convertirse una y callarles las bocas a todas esas personas ignorante y estúpidas aumentaban cada minuto su determinación.
—vicepresidente, disculpe que lo interrumpa, pero seamos honestos. Es una nena que apenas y sabe el manejo de la empresa— Anna dirigió su vista hacia el hombre qué hablo.
—Siempre hizo un trabajo excepcional en relaciones públicas, conoce a nuestros clientes—defendió alguien.
—Perdón, pero después de varias perdidas, no creo que este mentalmente estable para dirigir una compañía. No quiero ofender, pero perder a casi toda su familia en un tiempo corto no deja a nadie estabilizado.
Anna se enderezo en su asiento, pudo visualizar por su periferia la mirada expectante de Valentín.
—Creo que su edad no es apropiada.
—Es una mujer ¡Voto por el señor Walbeiro!_ exclamo otro hombre.
—¡¿Y que si es mujer?! ¿Acaso a su esposa se le dificulta algo? — espeto una mujer con voz fuerte.
Las miradas entre mujeres y hombres empezaron a echar chispas.
—Creo que, si es presidenta, eso nos dará buena reputación, el público la ama—comento un hombre de mayor edad—, además, todos esperan exactamente eso...
—¿Y si nos lleva a la quiebra? —volvió al ataque Walbeiro Wolton.
—Señores... damas —El vicepresidente hizo sonar una campana —¡El Raund ha terminado!
—Pero... tengan en cuando que...
—Señor Biñez, disculpe, pero tengo la palabra, por favor déjenme hablar y calmar todas sus preocupaciones—pidió el vicepresidente.
El último comentario que se escuchó fue como el chavo del ocho.
—Ni siquiera dice nada, es obvio que se la comerán viva... hermosa, pero al parecer tonta.
Ana quien hasta el momento permanecía en silencio dirigió su mirada calmada hacia el hombre del comentario. Walbeiro. Los presentes algunos lo miraron otros carraspearon o en su defecto rieron.
— Bueno, debo decir que siempre has sido un canalla— comento Valentín abriendo unas carpetas—, por favor señor vicepresidente, continúe.
Las miradas de Valentín y Walbeiron se cruzaron. Una batalla silenciosa entre dos grandes tiburones.
Anna de proto sonrió echándose hacia atrás y cruzándose de brazos. Pudo distinguir que el tal Walbeiro frunció el ceño sin dejar de mirar sus comisuras alzadas.
—Bueno. Con respecto al miedo de un hombre que quiera aprovecharse de Anna, su hermano a estipulado un matrimonio antes de morir, con una persona con bajos índices de avaricia en la empresa. Por eso está presente el día de hoy, Mikhail Wolton.
Curiosa, Ana fijo sus ojos en el hombre que se colocaba de pie y caminaba hacia el vicepresidente.
—Wolton, ya está casado — Walbeiron Resoplo.
—No será con el señor Wolton, sino con otro—reprendió Valentín con socarronería.
—No he aceptado un compromiso. — cogio un baso de agua y se los llevo a los labios. Anna volvió a sonreír en dirección de Walbeiro quien desvió la mirada.
—No eres tú —corto Valentín—. Jamás permitiría eso.
—¿Entonces? además seria un honor para ella, aunque yo realmente no estoy interesado en niñas mimadas.
—Parece que no te enteras de los asuntos mundanos de tu familia, pero bueno que se puede esperar...
—Te estas pasando, Bianchi. —advirtió Walbeiron
Anna reparó de pies a cabeza a la nueva figura que entraba en el juego, de seguro era una ficha importante, pues la habían reservado para lo último. Era claro que no era su prometido, pues ya habían dicho que estaba casado. Entonces, ¿quién era?
— Es quien te consigue a la esposa perfecta, deberías probarlo —señaló un hombre al lado de Walbeiro.
—Si, fue quien organizó mi compromiso —comento otra persona—, bueno, no exactamente él, sino su bella esposa, Zoé Wolton.
Varios hombres rieron.
En un rápido escaneo Anna pudo distinguir lo guapo que era Wolton, pero no era la única que escaneo, pues Mikhail hizo lo mismo con ella. La miro durante un largo rato. Luego apartó la mirada con lo que le pareció a Anna una risita divertida.
—Lamentablemente mi esposa no está disponible en estos momentos, está embarazada y en sus últimos meses de embarazo. No quiero que se exceda.
— Sigo pensando que una mujer no puede manejar una empresa—comento el mismo hombre que insistía en que ella no era adecuada.
Varias mujeres de la directiva lanzaron miradas de incredulidad.
—Voto por la presidencia de Anna Western
—Igual yo
—Yo también
—¡Calma!—pidió Walbeiro—Aun no estamos en votaciones —mirando al hombre del comentario lo censuró con la mirada.
—De todos modos, ya lo decidí— se encogió de hombros una mujer.
— el señor Wolton nos trae una propuesta—a clareándose la garganta el vicepresidente dándole paso a Milkhail.
—No es de conocimiento público, pero Antonio Western dejo estipulado un contrato de matrimonio, he elegido el candidato perfecto para la señorita Western —señaló a alguien que les paso a todos una carpeta, cuando una fue puesta delante de ella Anna tuvo miedo de abrirla.
Tomando aire, coloco su mano derecha sobre la carpeta. Entonces la abrió. El rostro que le devolvió la mirada la dejo sin aliento y con el corazón acelerado.
"Esto tiene que ser una broma" — pensó nerviosa.