De regreso a su agrio hogar, Anna no volvio dichosa, más bien, molesta. Detrás de ella una nube gris la perseguía para hacer llover sobre su cabeza, el aura que emanaba de la heredera Western era todo, menos de buena vibra. Entro por la puerta trasera, tal y como hacía siempre que ingresaba a su casa con las fachas que llevaba, ser Anabelle tenía sus complicaciones y el estilo Motosiclero que llevaba desentonaba hasta con los utensilios de cocina de la mansión Western. Quizás, la papelera de cocina costaba más que todo su atuendo. Recordó la primera vez que había sido pillada por un m*****o de su familia. Su padre. Un hombre de buen parecer y a la vez estricto a no más poder, un estadounidense de sangre, que no toleraba imperfecciones; se había quedado paralizado ante la visión de su hija quitándose una peluca a altas horas de la madrugada. La primera pregunta que le lanzo fue:
— ¿Anna? —los ojos de su padre se habían abiertos de manera sorprendente, ella había jurado que sino pestañeaba se iban a salir de sus órbitas, la vena del cuello le palpitó—¿No te alcanza tu mesada? En serio, hija, si necesitas más, solo dilo, no tienes por qué estás haciendo estas cosas ¡Es una vergüenza! Una hija mia, vestida así ... ¿Andas metiendo droga? ¿Ahora te vas de motera o peor aún, de zaqueadora. Creo que estoy exagerando. ¿Es un disfraz? Si, eso debe de ser, te fuiste a una fiesta... No, mejor aún ¡Andas en carreras clandestinas!— la última exclamación de su padre fue un grito que Anna supuso estaba conteniendo desde hace mucho tiempo. En ese entonces, El cabeza se familia quien ya sabía de las andanzas de su segunda hija le había p*******o otra salida, saberlo era una cosa y verlo en directo era otra. Él creyó que era algo pasajero, pero al pasar los meses y Anna siguió con lo mismo, corto todas sus entradas económicas, pero como era de esperar después de que Anna se revelara, no obedeció. El dinero no era un problema para ella, dado que de las carreras ganaba mucho. La segunda vez que fue cogida con las manos en la masa, su madre había sugerido ropa de mejor calidad y un escondite donde podía cambiarse antes de venir a casa, no sin antes casi desmayarse, luego de enterarse de que su preciosa hija no era una espectadora sino una competidora, se desmayó. Si bien, con su padre no tenía una buena relación, su muerte de dolía. Y por extraño que parecía se encontró añorando las reprimendas de él y los constantes comentarios de su madre acerca de la compostura y la moda. Anna se quedó de pie con una mano en la encimera y miro justo el lugar donde su progenitor muchas veces la espero para regañarla.
—Si, señor — murmuró.
—¿Sabes? Terminaré desheredandote, bueno, si antes no te matas tú misma en esa moto —imagino cada palabra y cada expresión que él hubiese dicho.
—No la compre con tu dinero, y no esta a mi nombre.
—Pero de todos modos la manejas, ni siquiera tu hermano es tan osado ¿Que haré contigo Anna, ni siquiera en el internado te quieren? ¡¿Que crees que haces, niña?!— la vena del cuello que siempre sobresalía cuando estaba enojado siempre aparecía, luchas veces temió que explotara, cada gesto que vino a su mente de su padre le pareció tan real que, no puedo evitar seguir contestando a reproches imaginarios.
—Vivir la vida papá ¿No ves? Estoy asfixiada en esta casa y en la rectitud en la que vivo, todo es mecánico, ¡quiero libertad! Pero bueno, mi hermano se las arregló para ponerme una esposas horrendas—reprocho con desdén.
Con una risita que a sus oídos sono a histeria, se despegó de la encimera y se dirigió a las escaleras del servicio que conectaban con el área de las habitaciones, se quitó la peluca y soltó su cabello, le pareció pesado y demasiado largo para el gusto de su madre a quien vio al final del pasillo con una expresión de desaprobación.
—No se porque tú estilo me gusta y disgusta a la vez ¿Como podremos casarte si sigues en esas andanzas?
—Imagínate mi sorpresa al escuchar un testamento que me obliga a hacer precisamente eso que tanto quisiste, pero que yo tanto odie, bueno, aún odio. ¡En serio mamá! ¿Los tres conspiraron contra mi? Ya decía yo que era muy mala idea mandarlos a los tres al mismo lugar —suspirando Anna se recostó en la pared y miró el lugar en donde su madre casi siempre utilizaba para acecharla.
—Mas te vale que nadie sepa de tus inclinaciones rebeldes. ¿Crees que tu nuevo esposo concentira esto?
—La verdad... No lo sé, madre, pero de algo estoy segura y es que, cuando pueda le seré infiel con mi querida moto, nunca la dejaré —sonrío al imaginarse la mueca de desaprobación en el rostro de su bella madre—. ¿Por qué no me llevan con ustedes ?—solto de repente en un ataque de histeria — ¡Estoy harta!— los ojos le picaron, las lágrimas amenazaron por salir, pero las reprimió, el sabor amargo del llanto sin soltar fue un recordatoria de lo que era su vida y la responsabilidad que tenía sobre ella, empezaba a notar el peso en sus hombros, un peso que jamás d***o llevar.
Se enderezó y paso junto a la puerta de la habitación de su hermano, está se abrió y lo vio allí de pie mirándola con una expresión de curiosidad. La mano que se extendió hacia su brazo no era real, pero así la sintió.
—¿Una noche de chicas? —la sonrisa que le regaló era calida, esa que escondía una gran tristeza detrás, siempre lograba tocar algo en su corazón—. Buenas noches, hermana.
Al igual que siempre hacia, él se retiraba a su cuarto y no decía nada más. Aunque su hermano era amable y aveces cálido, nunca tuvieron una acercamiento o una relación fraternal cercana, a ellos siempre los tuvieron separador. Siempre en diferentes actividades.
Siguió caminando por el pasillo. La soledad le parecía extraña y desoladora, Anna no era muy apegada a su familia, pero precisamente en ese momento los estaba extrañando. Aunque luego de sus muerte se sintió más libre, ahora. Dentro de una mansión con más habitaciones que habitantes parecía un centro comercial con almacenes sin clientes.
Los recuerdos eran escenas inéditas que quería borrar de cada rincón de la casa donde vivía y de su mente. Trataba de ser fuerte, pero Anna se preguntaba hasta donde llegaría su límite. La mansión siempre fue su jaula de oro, nunca la dejaban jugar con niños que no fueran de su estrato social, no la dejan hacer cosas divertidas, no iba al parque de diversiones. Jamás supo lo que era un romance escolar. La universidad la cambió y no fue precisamente por las clases, sino las personas y el mundo nuevo que vio allí, era una universidad de ricos, pero existían ricos que estaban locos de remate. Y existían personas inteligentes que no eran ricas, pero se ganaban un buen lugar en dichas universidades. Allí, empezó su nueva vida y su nueva afición.
Abrió la puerta de su habitación y entró, no reparo en nada a su alrededor. Se quitó toda la ropa con bastante incomodidad, no podía utilizar sus dos manos. Gruñendo tiro la última prenda y se metió en el baño, abrió el grifo de la bañera. Necesitaba un baño antes de ir al encuentro del nido de vivoras que eran los socios de la junta directiva de la empresa. Desnuda se metió en el agua. Se hundió por completo durante unos minutos, el pensamiento de quedarse de por vida allí atravesó su mente como un rayo, asustada salió apresurada de la bañera y abrió la regadera. Anna, dejó correr el agua fría para aclarar sus pensamientos retorcidos que, ya habían empezado a tomar un rumbo espeluznante. Luego de quince minutos cerró la llave y salió, logro colarse una bata de camino al pasillo.
—¡Clara!— llamo desde la puerta de entrada. Al no ver que la muchacha aparecía, ella misma fue en su busca. Bajo por las escaleras principales. No temía por encontrarse con nadie, pues no tenían visitantes luego de la velación de la muerte de su hermano—¡Clara, por Dios! ¡¿Donde estas?!—volvió a llamar.
Una mucha de tez Morena salio a su encuentro con un paso apresurado.
—Señorita Anna, lo siento, estaba ocupada —se disculpó ofreciéndole una sonrisa que hacían ver uno hoyuelos.
Anna suspirando, asintió sin ganas de hablar o de saber que hacía Clara, que a su parecer estaba bastante sonrojada para estar lavando platos.
—Por favor, ayúdame a cambiarme, esta mano no me dejará hacerlo bien— Empezó a caminar en dirección a las escaleras, pero a la mitad del camino divisó a una figura alta en su sala.
Valentín alzo la mirada de los papeles que tenía en la mano y le dedicó una sonrisa para nada cálida. Y fue entonces cuando la nube gris que se había posado sobre Anna, empezó a dar truenos.
—Señor Bianchi—saludo con toda la dulzura que le fue posible—, un gusto tenerlo por acá, pero ¿A que se debe? No pensará que huiré— sonrió con calidez ocultando la molestia que le parecía su presencia, era una invasión a toda regla.
—Para nada, es mi deber escoltarla y llevarla sana y salva a la reunión, señorita Western.
—Oh...—batió las pestañas —, que amable— el sonrojo en sus mejillas, pudo haber parecido de timidez, pero en realidad era de enojo. Los escoltas no eran de su gusto.
—De nada, una mujer como ustedes no debe dejarse sola, quien sabes que cosas le podrían pasar — sin borrar su sonrisa Valentín siguió hablando —, para mí es un honor, aunque la verdad preferiría hacer otras cosas, pero bueno, aquí estoy.
Anna quiso borrarle la sonrisa de un bofetada, pero en ese instante ella no era Anabelle sino. Anna Western. una mujer con un patrimonio extenso que pendía de una maldición.
—Vaya, me siento halagada —musitó agachando un poco la cabeza —. Gracias por venir, no se preocupe, en unos pocos minutos estare lista y nos podremos ir
—Tómese su tiempo, no me importa esperar—por el rabito del ojo vio como Valentín volvió a los papeles que tenía.
Anna se despidió y subió las escaleras, en su habitación clara se echó a reír.
—Que bueno que tenemos trabajadores de fiar —farfullo.
—Se nos paga muy bien para no ir con chismes, además, es bastante divertido ver cómo las personas se comen el cuanto enterito —Clara rio nuevamente.
—Y yo pensando aquí que era pura lealtad —bufo quitándose la bata y quedando desnuda delante de Clara—. Tenía bastante prisa, pero prefiero tomarme mi tiempo.
Clara se carcajeo.
—¿Cuanto lo va a hacer esperar?—Clara siguió a Anna al clóset.
—No se, estar bella me toma bastante tiempo, quizás unas dos horas, llegaré tarde a la reunión pero eso no importa— respondió en tono despreocupado—, ¿no fue él quien me dijo que me tomara mi tiempo?
Busco en las filas de trajes de oficina que tenía, y no supo que elegir, no sabía si irse de ejecutiva, de se hija millonaria o de heredera malcriada. Se echó a reír ante lo último. Se decidió por un traje de falda de tubo, con una blusa de corte en ve que al final caía en una forma inclinada con pliegues abultados, el top que se colocó debajo era plateado, al igual que sus tacones. Era increíble cómo no resultaba una vestimenta escandalosa, más bien, emanaba un aire de dinero y profesionalidad.
Anna, nunca manejo otra cosa que las relaciones públicas de la empresa de su padre, a ella se le fue designado la caridad y fundaciones por su aparente temperamento sumiso y bondadoso. Le encantaba su trabajo, y siempre quiso ser trabajadora social, pero esa era una profesión no aceptable en su familia, Anna tuvo que recurrir a la máscara de apariencias para poder obtener cosas que queria, a sus padres no les interesaba ni les convenía el escándalo público. No obstante, Anna nunca iba a la empresa, todo lo hacía a distancia. Esta, sería una de las pocas veces que se vería a la heredera Westers pisar sus propias empresas y para desagrado de muchos, estaba segura de que, no sería la última vez, aquella sería la primera de muchas veces.
No había vuelta atrás, ya todo estaba decidido.
una hora y veinte minutos después, Anna bajo y salió al encuentro de Valentín quien seguía leyendo documentos, para su sorpresa varias personas estaban acompañándolo y su abuela quien parecía encantada los atendía con cordialidad. La miró y arrugó el ceño. Valentín levantó la cabeza y la miró, un brillo particular destello en los ojos de él, Anna no puso distinguir que fue, pero lo que fuera no le gustó.
—Señorita Westers —saludo colocándose de pie, los demás hombres lo imitaron—, permítame presentarle a sus abogados.
—Un gusto —Anna le tendió la mano a cada uno con una sonrisa amable —, me imagino que tengo un excelente equipo legal.
—No lo dude, lo tiene—afirmaron todos al unísono. Lo cual, le pareció bastante gracioso.
***
Richard, no supo que hacer con su hijo luego de regresar de su día de aparente diversión, empezó a creer las palabras de Annabelle cuando su hijo no le dirigió la palabra ni la mirada, quiso recuperar el buen ánimo ente ambos, pero no le fue posible. Resignado, también guardo silencio.
Entro en el parking de su casa y se bajó. Ethan, salió corriendo en dirección a la casa. En ese momento su teléfono sonó.
—Mikhail—contestó al ver el nombre en la pantalla—¿como estas? —pregunto, de pronto se sentía muy cansado y solo quería relajarse.
—Richard, bien. Esroy llamado para mejorar tu ánimo.
—Aja... ¿Y? —se cerró la puerta del carro y caminó hacia la entrada de su casa.
— Imagínate, buenas noticias. Aunque tengas algunas citas con tu chica, me dirijo a una reunión con los ejecutivos de la empresa de tu esposa, Para cuadrar tu boda.
—Aún no me he casado— replicó.
—Pero lo estarás. Reitero. Aunque tengas tus citas con ella, si llego a un acuerdo con esta gente el compromiso será un hecho...
—Espera... —lo detuvo —¿La están casando a la fuerza? —pregunto reacio—, por que si es así, olvida que tan si quiera piense proponerle una copa de vino.
—Claro que no, no la obligamos, nadie lo ha hecho. Es solo que el patrimonio de su familia a quedado en sus manos y los socios están interesados con quien se casara su presidenta, además, la persona que digamos es como un tutor, quien velará por todos sus intereses resulta ser un conocido de mi querida esposa
—¿Noto celos en tu voz, Wolton?—sonrio divertido —, eso si que es interesante, quien lo diría, Zoé es una rompe corazones, hasta yo soy víctima.
—No eres víctima de nada —gruño Mlkhail a través del teléfono—, y no son celos, solo que él y yo no nos llevamos bien, pero Zoe insiste en que seria bueno tenerlo de nuestro lado.
—Se llama utilizar a las personas— rodo los ojos aunque sabía que Mikhial no lo estaba viendo.
—Como sea. En fin... la cuestión es que, me dirigió a esa reunión ¿Quieres venir? No necesariamente tienes que presentarte como su posible prometido, no queremos asustarla ni ponerla nerviosa. Solo ve de incógnito, aunque seas malo en esa área, eres difícil de ocultar.
Richard detectó diversión y burla en la voz de Mikhial, pensó en su propuesta de ir a esa reunión y observar la situación.
—¿Que dices? —insistió—, puede ser un método de analizarla, como actúa ante situaciones como esta... piénsalo, será bueno para tu desicion final...
Suspirando, pensó en que tenía que cambiarse y salir de rapidez, estaba bastante retirado de la ciudad.
—¿A que hora empieza? —pregunto calculando el tiempo de viaje.