CAPÍTULO 13

1801 Words
Al salir de la pizzería Anabella quiso separarse, pero Richard no la dejó. —Aprovechemos y hablemos de negocios, mientras Ethan se divierte—propuso agarrandola por el antebrazo. Ella miro la mano y él inmediatamente la soltó. —¿Exactamente de que? —pregunto entrecerrando los ojos. —No te hagas, acaso ¿Aún no sabes quien soy?—inquirio con una sonrisa petulante—Soy fácil de reconocer, mi mostró es difícil de olvidar. —¡¿Eres, Jim de bts?! —exclamó fingiendo euforia y dando saltos de emoción. Richard frunció el ceño. —¿Jim de qué?, no se de que hablas, mujer—bufo ofendido. —Ahh, ¿No lo eres?— la decepción en ella lo confundió más—. En fin, no importa. No podrías serlo ni en un millón de años —¿Ah, no?— sonrío irónicamente—. ¿Me estás comparando con otro hombre? ¿Quien es ? Y, además, no creo que exista alguien más como yo, pequeña rebelde, soy único en mi especie. —Es un jovencito de un grupo de k-pop y tu un vejestorio—respondió con simpleza, como si nada pasara, pero lo cierto es que si estaba pasando algo. —Y tu una a salta cunas— solto endureciendo la mandíbula—. ¿A tu edad, siguiendo a adolescentes? —No me importa, con tal de a saltar esa cuna en específico, lo demás es secundario. Richard gruño, le dio la espalda y agarró la mano de su hijo alejándose. Riendo diverida Annabelle lo siguió. —Entonces... ¿Los negocios? Señor enfadoso. Él la miro de reojo. —¿Ahora si te importa? Señorita infantil. —Depende, señor maduro. —Parece no interesarte, señorita orgullosa. —No me ha dicho de que se trata, Señor Molesto —No se si debería decirte, señorita desconfianza. —Ahh... ya se— adivino—. ¿Quieres apadrinarme en las carreras? Señor rico encubierto de clandestinidad. Él se detuvo, la miro. —Tal vez, aunque ese no es el negocio principal, y ya adivinas te quien soy te lo cuento—la reto. —Esta bien, me acaba de entrae la curiosidad, señor Williams — sonrió con dulzura. Él entrecerro los ojos. Por un momento reflexionando sobre que hacer y que decir para tejer una red de telaraña al rededor de esta mujer que, am parece ya sabia quien era y por su expresión, él supuso que, ella lo sabía desde el primer momento en que se vieron. Y eso, le hizo hacerse más pregunta sobre el curioso personaje que era Anabelle. —¿No piensas aprovecharte de mi? Soy rico y además dueño de una de las mejores empresas automotriz a nivel mundial, yo que yo ya estuviera planeando una trata para que te patrocinará o mucho más. —Me ofende. No soy caza fortunas, y si, pensé en realizar algún plan legal que incluya su patrocinio. Digo, tiene maquinas impresionantes. —Gracias, me gusta conservarme — dijo guiñandole un ojo —Hablo, de las motos—Annabelle rodo los ojos —Tan engreído. —No crees que debías de tener más respeto hacia mí —No—fue la escueta repuesta de ella. — ¡Ay, papá! —se quejó Ethan —. Ya quiero subirme a algún juego — sin aviso el niño agarro la mano de Anna y la arrastró hacia la casilla de compras. Richard se preguntó si era bueno dejar que su hijo compartiera tanto rato con Annabelle, no quería darle una idea errónea sobre ella, muy pronto se casaría con otra mujer, y al él, le interesaba que su hijo se llevará mucho mejor con la mujer que sería su esposa, miró a Annabelle y por primera vez desde que esa mujer le llamó la atención considero la posibilidad de serle infiel a su futura esposa. No había sido su intensión, pero la rebelde Annabelle tenía algo que lo atraía como un imán. —¿Que te parece la montaña rusa?—le susurro a Ethan en español — Además, tu padre paga todo ¿cierto señor Williams? — inquirio volviendo al idioma ingles, giro el rostro para mirarlo, Richard vio en los ojos de aquella mujer la petulancia mezclada con la maldad—, después de todo, tiene con qué. Ethan río y empezó a canturriar sobre los juegos a los cuales se quería subir. Suspirando, Richard, no le quedó más de otras que seguirle la corriente a esos dos en todo lo que se le ocurrieran. Que si los algodones de azúcar, la casa del terror, la casa de los espejos, los dulces... etc. Quería explotar, y cuando estaba a punto de cortar de una vez toda aquella locura, su hijo hacía eso en su carita que lograba que sus palabras fueran tratadas en seco. Pero lo peor era la diabólica Anabelle, quien se aprovechaba de cada situación. En un momento Anabelle se acercó y en un asento que le pareció demasiado latino, ella le comento: — No se como dejas que una desconocida se acerque a tu hijo, no me conoces podría secuestrarlo o ser una caza fortunas—, él la miro con fijeza. Penso en toda la razón que tenía Anabelle y él, por su egoísmo y necesidad de saciar ciertos placeres con una mujer, había puesto en peligro a su único hijo, pero la rebelde mujer no le inspiraba desconfianza sino una curiosidad tremenda. —Tienes razón, ahora mismo me voy con mi hijo, no vaya a ser que lo secuestre y lo entrenes para que sea un profesional de carreras clandestinas.—hizo ademán de marcharse, pero ella lo detuvo colocando una mano en su antebrazo. —Tarde para escapar, guapo —chasqueo la lengua—, tu y yo tenemos cosas de las que hablar. —Bueno, que interesante—esbozo una sonrisita—. Me alegra, entonces...—Richard dejó de hablar para buscar con la mirada a su hijo, al no verlo se alarmó— ¿Donde está Ethan? Anabelle miro a su alrededor y tampoco lo vio. Se movieron rápidamente buscando al niño. Richard quiso mantener la calma, pero al tratarse de su hijo no sabía si podría aguantar por mucho tiempo. Se reprendió una y otras vez por acceder a este tipo de cosas, esta precisamente era una de las razones por la cuales no iba con su hijo a lugares concurridos. Ethan era un niño muy curioso. Debio dejarlo en clases y no oírlo a buscar, nunca debió de sacarlo a jugar. En su casa estaba mucho mejor cuidado que a merced de personas desconocidas. Giro en círculos intentando encontrarlo en algún lugar, de pronto; Un montón de risos castaños se movió entre las personas en el parque, esos mismo risos corrieron en dirección a Richard y se pegaron a sus pies como lapa. —¡Papá! — con la mejillas coloradas de pura excitación infantil, Ethan casi salta emocionado—¡Algodones de azúcar! ¡Muchos algodones de azúcar! —¿Algodones de azúcar?— gruño entre dientes, se había asustando y ahora estaba muy enojado —¡No los comerás jamás! Y esta p*******o volver a venir a un parque de diversiones, nunca volveremos— espeto casi en un rugido. Ethan momentáneamente se puso pálido, agrandó los ojos y luego achacó la cabeza. —¿Te das cuenta de lo que haz hecho? —el niño no dijo ni hizo nada, Richard siguió con su reprimenda—. Te despertaste de mi y fuiste por ahí solo, estas castigado jovencito, y ahora mismo nos vamos a la casa. No volverás hacer esto ¡Me entendiste! Los hombres de Ethan temblaron del llanto, asintió con la cabeza, pero Richard no se apiadó y lo tomo por la mano. —Eh... señor Williams— lo interceptó Anabelle —¿No cree que esta exagerando? Es un niño, ellos muchas veces no saben lo que hacen, estoy segura de que no era la intención de Ethan... —Anabelle—la cortó enfadado —, no es de tu incumbencia, él no obedeció una de mis estrictas reglas y ahora tendrá que asumir las consecuencias, ahora, me disculpo pero nos vamos—la esquivo y empezó a caminar llevando a rastras al niño. —¡Oye!—grito Anabelle—¡Que te estoy hablando corrió detrás de él y se interpuso en su camino —. Eres un grosero, ¿como te atreves? Es un niño, estaba teniendo un día feliz y tu se lo acabas de arruinar acusó apuntándolo con un dedo —. Miralo, ese niño está aterrorizado. Richard no se tomó un segundo para mirar a su hijo, sino que agarró el dedo acusador y lo apartó con brusquedad. —Se como criar a mi hijo, no te metas porque no te incumbe, tu y yo solo tendremos un compromiso laborar en cuanto lo hablemos y a lo que se refiere con mi hijo es mi problema. Anabelle sonrio con maldad, sus labios se estiraron en una mueca extraña que Richard no supo como interpretar, pero de algo si estaba seguro, y era que esta mujer que tenía enfrente el nombre que llevaba le hacía honor. Ella se acercó a él con paso lento, le dedicó una mirada petulante, lo recorrió de arriba abajo, hasta detenerse en el rostro masculino, sin dejar su sonrisa macabra. — Ni todo el dinero del mundo, podrá arreglar lo que en un futuro se convertirá tu hijo, ustedes los ricos tienen una extraña manera de educar a sus hijos, lo cierto es que, el bajo estrato cria mejor que ustedes—borrando su sonrisa de repente, Anabelle le dio un pisotón con tanta fuerza que Richard se dobló en dos y ella salió corriendo gritando:—¡Ogro! ¡d***o no volverte a ver jamás, y acuérdate de mi cuando tu hijo te odie o algo mucho peor le ocurra! —mirando sobre su hombro Anabelle encontró la mirada llorosa del niño y le lanzo un beso—¡Se fuerte, cariño!—le grito en ingles. —¡Maldita mujer!—grito Richard rojo de ira—¡Las pagarás!—siguió gritando, pero ya Anabelle era una mancha borrosa que poco se distinguía de lejos. Cojeando busco una banca cercana para sentarse, se llevo la mano al pie para mitigar el dolor, Ethan lo siguió con la mirada gacha. ¿Pero que se creía esa mujer?. Ahora resulta que una aparecida le decía como criar a su hijo, era una entrometida, nadie había pedido si opinión. Penso. Gruñendo por lo bajo y busco de lejos esa cabellera corta de rubio. No lo encontró. Volvió su atención a su hijo y vio lo cabizbajo que estaba, suspiró.
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