CAPÍTULO 7

2363 Words
Carlo sonreía con satisfacción. Los dos hijos de Ren no dijeron nada solo se quedaron allí observando. Sobre todo el curioso Thomas que lo veía de forma extraña, una forma que no le seguía gustando a Richard. -- ¿No vas a ver correr a Anabelle?-- le pregunto Carlos -- Estoy seguro de que va ganando.-- se acercó y se puso la mano en el hombro. -- Si, de hecho iba detrás de Jos para verla -- señaló hacia donde se encontraba su amigo y muchos más quienes gritaban viendo las pantallas de sus celulares. --Claro, bueno. Entonces Ren nos vemos -- se despidió Carlos. -- Oh, cierto. La carrera-- respondió el otro hombre con su sonrisa misteriosa. Ren, los vio alejarse aún sonriendo. Sobo sus manos como quien se prepara para comer algo que cazó. -- Eso, chicos. Se llama confraternizar con un buen negocio.-- miro a sus hijos señalandolos con un dedo acusador-- No hagan nada escupido ¿Entendieron? Ambos asintieron sin rechistar. Al otro lado de ellos se encontraba Joseph celebrando la ventaja que Anabelle le llevaba al caballero de la noche. No dejaba de gritar como una nena, su novia quien se encontraba a su lado no para de reír a su costa. Richard solo miraba la pantalla concentrado. -- Ya están dando la vuelta de regreso-- decía Carlos. -- Ella va a ganar-- sonrio Rebeca. -- ¿Te gusta?-- le pregunto Carlos a Richard, este lo miro atentamente. -- ¿Que o quién?-- respondió con otra pregunta sin querer delatarse. -- Como que quién o que. Pues... mi chica. Anabelle ¿Que si te gusta?-- insistió. -- De pende. Carlos hizo un sonido medio modesto medio frustrado. -- Realmente eres tal cual te describió Jos-- se quejó. -- ¿Que dijo?-- miro a su amigo lanzándole dardos asesinos por los ojos. -- Eso no importa-- le resto importancia Carlos-- ¿Te gusta o no? -- De pende. -- ¡Ay! ¡Santo cielos!-- exclamo llegando a su límite-- ¡¿Que si te gusta para tu proyecto o lo que sea?! -- Ahh...-- dijo llevándose una mano a su barbilla -- Creo que si, me gusta. -- ¿Ves? No es tan difícil responder algo tan sencillo-- Carlos se sentó en un banquillo sin dejar de mirarlo. -- ¿Sabes? Ya tengo bastante con Jos como para soportarte a ti, dirígete a mi con más respeto -- Lanzo sin contemplación y molesto. -- Ya -- fue la cueta respuesta de Carlos. Indignante. Pensó Richard. Totalmente indignante, que falta de todo con él. Escucho la risa de su amigo y lo volvió a mirar con mala cara, Joseph se puso serio inmediatamente, pero cuando Richard volvió a su celular comenzó a reírse por lo bajo. Pasados varios minutos la gente volvió a alborotarse más, los competidores estaban volviendo y allí entonces se vería quien llegaría de primero. El circuito había tenido varias vueltas y obstáculos que atravesar para que estos entraran a otra carretera y volver a tomar la que nuevamente los llevaría al lugar de partida. El sonido de las motos se escuchó y todos volvieron a gritar dejando sus celulares. Richard se dirigió con los demás a la pista esperando a los pilotos. Un momento después se pudo distinguir la luz de ambas motos, ellos parecían venir a la misma velocidad y a la par. No sé dio cuanta en que momento comenzó a ser pulso para que ella llegara de primero. Al momento en que ambos pasaron por la meta su grupo y varios más gritaron en Victoria. Ella había ganado. Y eso lo alegro enormemente, no solo porque ganaba dinero sino porque era simplemente ella. En unos segundos Anabelle se detuvo frente a ellos con una sonrisa de alegría. -- ¡Que les dije mis chavos! -- les grito en español. -- Eres la mejor ¡Te amo!-- le grito Carlos. Ella respondió lanzándole un beso. Volvió a arrancar y salió de la carretera para adentrarse en medio de la gente que la felicitaba. -- Definitivamente me gusta -- murmuró Richard Más de uno lo escucho y más de uno se echo a reír ante el imposible que veían. Si, era un imposible si ese hombre llamado Jack quería algo sentimental con la bella y rebelde Anabelle. De un momento a otro, todo dejó de ser risa para convertirse en caos. Varias motos entraron de prisa y quienes manejaban gritaban. --¡La policía! ¡Desalojen! ¡Rápido! ¡Ya! Richard pensó inmediatamente en Anabelle, la gente comenzó a subirse en sus motocicletas e irse, todos corrían. Él salió disparado junto a los demás. Al llegar a la suya propia busco con la mirada a Anabelle, se asusto cuando vio la moto de ella sola junto a la de carlos este mismo miraba a su alrededor. -- ¡Anabelle! Richard la buscó con la miraba, se detuvo ante un pelo rubio que estaba no muy lejos de él. No sabía si era Anabelle pero se arriesgaría, se subió a la moto y manejo hasta llegar a ella. Era ella, y estaba luchando por salir del alboroto. Él la llamó. -- ¡Anabelle! Anabelle, escucho que alguien la llamaba, busco pero no supo quien la llamaba, volvió a escuchar su nombre, pero estaba vez divisó a la persona. Era el tal Jack. Corrió hacia él sin importar que era un desconocido. Ella simplemente quería salir allí. No podía permitir que se la llevaran a la cárcel. Esto era malo. Muy malo. Nadie debía de enterarse quien era ni donde estaba. -- ¡Vamos! ¡Subete! -- le grito el recién conocido Jack. No, no podía irse con él tampoco, su moto no podía quedarse allí, entonces vio a su amigo intentando acercarse a ella. --¡Vete!-- le gritaba ella a su vez. -- ¡No! -- fue su grito en respuesta. Actuo de inmediato y se subió en la parte de atrás de la moto de Jack. -- Ve hacia donde está Carlos-- demandó. -- ¡Vete! -- le lanzo sus llaves -- Carlos no lo dudo y corrió. Ella vio como su grupo de amigos se reunía montaban rápidamente y se iban. Él la llevó a un apartamento. Habían entrado a un parqueadero de un edificio que para nada se veía deshecho o barato, este tipo tenía que tener plata. Y eso lo empeoraba aún más. Se vio dentro de aquel enorme parqueadero lleno de más autos lujosos. Esto era malo, bastante malo. Santo cielos ¡No! No, no podía entrar a ese lugar, tenía que ir se ya mismo de allí. Era demasiado sexy para resistirse. Habían transitado por casi todo Manhattan para poder llegar al lugar de la que supuso era la residencia del tal Jack. Un nombre bastante curioso para un hombre tan grande y rudo. No, no pienses en sus rudeza ni en sus músculos, ni en esa sonrisa y más abajo... se dio una bofetada mentalmente. Tenia que concentrarse, esta persona de aquí en frente era alguien extraño para ella. Bueno, ni tan extraño, aunque él quiso camuflarse estaba claro que no lo sabía hace muy bien, ella estaba segura que lo había visto antes y fue en alguna revista. -- Mira, te agradezco el haberme sacado de allí, pero ahora me tengo que ir, y estoy muy lejos de mi casa. Gracias -- sin mirarlo se dio media vuelta para irse, pero ¿Para donde iba? De todos modos no sabía ni donde se encontraba ¡Por Dios! La policía casi los había atrapado, para su fortuna Jack era buen corredor y excelente esquivando a la ley. Se preguntó si él estaba acostumbrado a esto. --¿Gracias?-- lo escucho mascullar-- ¿Así, sin nada mas? ¿Solo un simple gracias? Ella lo ignoró y siguió caminando, se dio cuenta que no sabía por donde salir, pero aún así no se rindió y siguió buscando la salida. Mejor llamaba a un taxi que la llevará a su casa. Busco su celular, intento marcar pero eso era imposible, aquel lugar no tenía señal. --¡Lo que me faltaba! -- resoplo. -- Si, que bueno que te hayas dado cuenta que es un lugar sin re-sección-- ella lo miro enojada. -- Lo cual es muy malo, si alguien intenta matarte o violarte ¿cómo pedirias ayuda? No viviría aquí ni si fuera gratis -- alzó el brazo buscando señal pero esta simplemente no llegaba. -- Eso no servirá, si quieres puedes subir a mi apartamento y llamar desde allí-- ofreció. Al mirarlo sospecho que algo tramaba, su pose relajada y sin intención gritaba a voces "si tengo un intención" -- Y arriesgarme a no salir nunca de allí. Nadie sabe que estoy aquí podría ser violada y asesinada en tu apartamento-- nego con la cabeza. --Vamos, eres Anabelle ¿No sería yo quien debería estar espantado con semejante nombre? Puede que no solo sea tu nombre sino tu verdadero ser. -- Mira quién habla, el famoso Jack quien tiene nombre de Destripador. Cualquiera lo asociaría con el del Titanic, pero yo siempre veo más allá de la cara Bonita.-- el miro al techo pensativo. --¿Estas diciendo que soy bonito? -- sonrió petulante. -- Estupido, egocéntrico-- le espeto de malas pulgas. -- Grosera -- Patán -- Hermosa... No pudo más y dejó salir su frustración haciendo un bochornoso ruido con su boca mientras daba saltitos de pura rabia. Jack soltó una carcajada al ver su pataleta. --¿Que es esto? Me he traído a mi apartamento a un niña de seis años-- nuevamente se carcajeo. Anabelle abrió las aletas de su nariz, lo que sucedía cuando estaba a punto de explotar, sentía que allí mismo le iba a dar un ataque de rabia. No le gustaba sentirse acorralada, estaba cansada de eso. Odiaba la manipulación. -- Quiero irme ¡Ya!-- casi grito esto último. Él dejó de reír pero sus ojos aún reflejaban diversión. -- Como ordené mi capitán-- dijo con voz firme y tomando pose militar. Intentando no reírse de este idiota, miro hacia el suelo con una mano en la cintura y otra en la frente. ¿Que iba hacer? No podía quedarse con este hombre, era muy peligroso. Nadie debía saber dónde se encontraba ni con quién se encontraba, jamás le había pasado este tipo de cosas. -- Sígueme. Ella lo miro, pero el iba caminando hacia un ascensor, de inmediato fue tras él. Si tan solo pudiera llamar un taxi y largarse de ese lugar tan peligroso. Tan solo estar cerca de semejante espécimen ya era peligroso. No pudo evitar repararlo, ese hombre está como quieres; alto, musculoso, guapo quizás demasiado para su bien, lo peor era que él era su tipo ¿Aquien engañaba? Él era el tipo de cualquiera, su mirada se desvió a su t*****o. ¿A caso un hombre podía tener uno tan firme? Eso debería der ilegal. Se quejó en voz alta casi lloriqueando. -- ¿Pasa algo? Ella le lanzo una mirada molesta, y para su desgracia eso solo lo hizo reír. Esa risa y esa sonrisa también deberían ser ilegal, una mujer no podría resistirse a recibir una dosis. Richard sonrio para su adentros, esta mujer era todo un espectáculo digno de ver. Le gustaba, demasiado para su propio bien. Era también el tipo con quien solo pasaba una sola noche y con la que no compartiría nada más, estas eran las más peligrosas. Ya lo sabia él. Su alerta de peligro estaba al máximo esa noche, mejor la convencía rápido de enredarse con él por esa noche y listo. Ya dentro del ascensor, la vio cruzar sus brazos a la altura del pecho y recostarse en la esquina del ascensor. --No muerdo. -- Así son algunos animales, solo esperan a que le des la oportunidad y ¡Zas! Te muerden y sus dueños solo dicen " El no muerde, tu lo provocaste" y el culpable termina siendo la víctima. A Richard le parecía muy divertido esta mujer de aquí, cada gesto, cada palabra, cada pose. Le gustaba todo. Lo cual lo metía en un gran problema, ella era el claro ejemplo de la mujer que jamás querría como esposa. Pero sus ganas de una noche no se iban. ¡Peligro! ¡Peligro! Su cerebro le estaba mandando claras señales de peligro que el momentáneamente manoteaba. Pero era cierto, ella era un peligro para él quizás era mejor dejarla ir para siempre. Suspirando, salió del ascensor cuando este llego a la última planta del edificio, era un penthouse a toda regla. Cual fue su sorpresa al verla a ella y notar que esta ni siquiera reparaba nada, no se via sorprendida ni cautivada con tanto lujo, ni mucho menos por la obra arquitectónica que era ese lugar. Todos. Absolutamente todos los que entraban por esa puerta se quedaban asombrados por cual quier cosa. Este era su apartamento de soltero, él no vivía allí del todo, su residencia estaba en las afueras de de Manhattan donde vivía con su hijo, este lugar era para sus fiestas privadas y demás cosas que no quería hacer frente a su hijo. La miro atentamente, Anabelle simplemente echo una escaneada para nada interesada y se sentó en un mueble. -- Bonito lugar-- dijo mientras saca su celular y tecleaba. ¿Bonito lugar? Ese penthouse costaba más que todo el edificio entero, junto con todo lo que llevaba dentro. Definitivamente esta mujer era extraña, una especie aparte de todo el género. -- Eh, gracias-- no supo que decir. -- Vendrán por mi en veinte minutos, como no conozco y no quiero ser idiota esperaré aquí arriba unos quince minutos-- le informo sin mirarlo. --¿Como sabes dónde estás?-- se extraño. -- Google Maps -- respondió como si fuera obvio. El celular de ella timbro y ella cogio la llamada. -- ¿Te importa si salgo afuera y contesto? -- Para nada. La vio caminar hacia el balcón, el vistazo que le echó a su t*****o no hizo sino motivarlo más, pero ya estaba visto que no iba a ser una noche movidita. Mejor así. No quería estos líos en su vida.
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