En cuestión de minutos, ellos hicieron acto de presencia en mi habitación. Miranda y Manuel se asustaron al verme tan hinchada. Esmeralda, mi madre, les explicó que no se debía al embarazo sino una infección que acababa de agarrar y desconocía el motivo. —¿Pero ella va a estar bien? ¿No afectará al embarazo? —inquirió Manuel. Esmeralda negó con la cabeza—. Ay, mi princesita, vas a salir de esto, mi amor. —Dios quiera y no sea nada grave. —habló Eduardo, quien se sentó a un lado en la cama, y me apretó la mano—. Flaca, no te preocupes que tú eres fuerte y eso no será más que una desagradable experiencia. —Yo mañana iré a la casa a buscar mis implementos y vendré a examinarla mejor, así sabré que es lo que tiene y qué lo causó. —intervino Esmeralda, antes de que yo pudiese responder—. ¡Jo

