José Miguel Media hora después del parto, estuvimos de vuelta en la habitación. Estaba atestada de familiares, amigos, compañeros de trabajo. Ninguno de los dos podía creerlo. La euforia que los invadía era exorbitante. Stefanía solo sonreía y respondía a los abrazos de quienes se acercaron a ella. La enfermera pidió permiso entre el montón de gente. Ellos se apartaron y a Stefy la regresaron a la camilla. —Lo mejor será que descanses, cielo. —Le dijo la cuarentona—. De nuevo, te felicito por los bebés, cariño. ¡Son hermosos! —Mi novia sonrió, la doctora se despidió y se retiró. Una vez la enfermera estuvo fuera de nuestro campo visual, corrieron a abrazarla y llenarla de besos. Me interpuse entre los visitantes y mi persona, impidiéndoles acercarse a mi novia. No porque no quisiera com

