¿Cómo es que se llamaban? Ah, ya, los Cardenales de Lara. Me mataría, eso era más que seguro. Un estridente sonido me sacó de la nube mental. Volví en sí, y le miré. Ella sacó el celular de su cartera, y, sin prestar atención alguna al identificador, atendió la llamada. Supuse que se trataba de su hermano o de su mejor amiga. Ambos prometieron llamarla antes de las doce de la noche, y ya faltaban diez. Resultó ser una video llamada, lo que emocionó más a mi novia. —Hola, hermanito. Pensé que no llamarías. —habló Stefanía. —No vale, flaca, te lo prometí, y aquí estoy, cumpliendo mi palabra de hombre. —alegó él. Supuse no se percató de mi presencia hasta que me miró—. Eeeeeeeeeeepale, cuñado, no te había visto. Me la estás cuidando, ¿verdad? Mira que, si no, te las vas a ver conmigo, cha

