—Hazlo —dijo Rusia. —Hazlo —repitió Argentina. —Sólo hazlo —trató de convencer el venezolano. México volteó un poco su cabeza en dirección a los chicos que le hablaban y les dedicó una mueca insegura mientras se acercaba a la puerta de la habitación de USA; alzó un poco su mano derecha muy, pero muy nervioso dispuesto a dar unos toques a la madera. Aquello se veía como una pésima idea, sin embargo, lo mejor era que se disculpara cuanto antes con Canadá, quien seguramente no quería verle ni en pintura. —Maldita sea, ya sólo hazlo y que sea en silencio para que me dejen leer en paz —se quejó Alemania desde uno de los sillones con fastidio mientras el ruso se le acercaba. —Ya valió v***a —murmuró el mexicano tocando la puerta discretamente, deseaba que los norteamericanos estuviesen durm

