Capítulo 9

2816 Words
Salgo de casa a toda prisa, con unas ganas de llorar que aniquilan. Papá se despidió de mi tan rápido, que no me dio oportunidad de abrazarlo por más tiempo que diez segundos. Es más de lo que lo he abrazado en cinco años. Aún es temprano y Henry me dijo anoche que mandaría a buscarme después del mediodía. Quisiera llamarlo pero el no lo a hecho y no quiero molestarlo, ya está haciendo demasiado por mi al recibirme en el palacio. Solo espero que eso no le traiga problemas con la familia, sé que me dijo que no me preocupara al respecto, pero, me es inevitable. A pocas cuadras de distancia de la que alguna vez fue mi casa, decido entrar a una pequeña cafetería, para desayunar algo mientras decido qué hacer. — Buenos días. —Saludo a la cajera, y trato de sonreír a pesar de mi dolor— Podría darme un Capuchino Fray Servando, un pan de queso y una botella de agua mineral por favor. — Buenos días, por supuesto. —Me corresponde la sonrisa— Serian seis euros con noventa. — Gracias. —Pago y al recibir mi cambio y recibo, me siento en una de las pequeñas mesas redondas mientras espero mi pedido. Veo hacia mi bolso entre abierto y el sobre amarillo a la vista, hace que me invada la curiosidad. Mi mano temblorosa y mi respiración se unen al rozar el sobre pero la llegada de la mesera a la mesa impide que continúe mi acción. — Buen día, señorita. Su pedido. —Dice sonriente y la miro para corresponder su sonrisa. Pero cuando alzo mi rostro, su rostro cambia de color. — Oh… —Susurra apenas— ¡Es usted la chica del periódico! La novia del principe Henry. Mi ritmo cardíaco se dispara y temblorosa tomo la pequeña botellita de agua y la guardo en mi bolso y a continuación hago lo mismo con el pan de queso, el cual esta dentro de una bolsa y luego agarro mi café. — G-racias. —Balbuceo— Creo que lo mejor es que me vaya. Me pongo en pie y ella alza ambas manos en modo de súplica. — No, no se preocupe. No diré nada, no haré escándalo. —En su rostro noto pena y comprensión— Disculpe mi imprudencia, es que me sorprendí al verla. Mi compañera no mencionó nada, al parecer no la reconoció, sino, me hubiese dicho. Asiento, aunque en mi interior abunda la duda. — Por favor, siéntese y desayune tranquila. Ya me retiro. Sin más la veo partir y segundos después aparece de nuevo pero para atender las otras mesas al otro lado de la cafetería. Me relajo al ver que nada a cambiado y decido sentarme nuevamente y comer en paz mientras pienso en qué hacer. Olvidándome así, del dichoso sobre amarillo. Al terminar mi desayuno, se me antoja una torta de triple chocolate y la misma mesera por suerte, es la que me atiende. No quiero llamar la atención de nadie más. Quien sabe si con esta mala suerte que últimamente me estoy gastando, alguna de las otras meseras también me reconozca y esa sí arme el escándalo. ¡No! Sencillamente no. Mejor prevenir que lamentar. Mientras estoy a mitad de mi delicioso pero delicioso postre, noto que la misma mesera que me ha atendido hasta ahora, me hace señales para acercarse de nuevo y asiento de inmediato. Y disimulando que está recogiendo la mesa, me susurra: — Señorita, uno de los clientes la a reconocido y están murmurando en la mesa de aquella esquina, al final. —Ella ladea la cabeza, señalándome con ese simple acto la mesa y con cuidado de no ser descubierta desvío la mira y confirmo lo que me está diciendo— También vi dos hombres sospechosos afuera, parecen reporteros o quizás paparazzi. Oh Dios… —Gimo horrorizada pues no estoy absolutamente prepara para enfrentar paparazzi. — Me tome el atrevimiento de contarle a mi jefe, no se moleste conmigo. —Supira— Pero no pude pensar en otra cosa mejor para ayudarla. Mi jefe está dispuesto a ayudarla a salir por la puerta de emergencia, cuando usted guste. — ¡Gracias! —Asiento con vehemencia y me pongo en pie— Lo haré ahora, me iré antes de que esto se vuelva una locura. — Sígame. —Ella sonríe mientras se da la vuelta con la bandeja en manos. Y mientras pasamos por la caja, un hombre grita desde la calle. — ¡ES ELLA, ES ELLA! —Sus gritos me hacen chillar levemente del susto— ¡Señorita DeMarco! ¿Es cierta su infidelidad con el Duque de Leith hacia su exnovio Andrés? — ¡Señorita DeMarco, una foto para la BBC! Gimo aterrada al ver todos los flash reflejarse sobre las vidrieras de la cafetería y rápidamente me vuelvo hacia la mesera, quien toma de mi mano y me lleva con ella hacia la cocina de la cafetería. — Aquí señorita, espéreme aquí, buscaré a mi jefe y cerraremos la cafetería de ser necesario. No digo nada y solo asiento con la cabeza. Tengo los nervios de punta. Los sentimientos al borde. No puede ser que ahora los medios me persigan a todas partes. Ni siquiera tenía cuarenta minutos en la cafetería y ya estaban los paparazzi y reporteros afuera de esta. Con mis manos temblorosas, rebusco mi teléfono dentro de mi bolso y al conseguirlo, ingreso a mi agenda y seleccionó el contacto a llamar. Este repica tres veces y… — Hola, ¿Cómo estás? ¿Has podido hablar con…? Lo interrumpo. — ¡Por favor ayúdame! —Sollozo— Están afuera, están por todas partes, con sus flaches y gritos. — ¿Dónde estás? —Espeta. — En una cafetería, a cuatro cuadras de mi casa. Tuve que irme, porque todo se complicó y… —Sollozo con fuerza perdiendo la voz por unos segundos al escuchar todo el alboroto afuera— Por favor… Yo no quiero esto. No quiero esa atención, me aterra. ¡Me aterra mucho! — ¡No te muevas de ahí! —Gruñe— Liam irá por ti ahora mismo. — ¡Rápido por favor! — Estaré allí lo más pronto posible, los alcanzaré, te lo prometo. —Escucho a Henry dictar órdenes con desesperación y luego vuelve hablarme un minuto después— Llegaré en veinte minutos, pero Liam llegará antes. Confía en el, es mi guardaespaldas de absoluta confianza y nada te va a pasar mientras estés a su lado. Asiento la cabeza como si él pudiera verme. — Estoy en la cocina, el dueño de la cafetería me escoltara hacia la salida de emergencia. —Susurro mientras veo a un señor de unos sesenta años entrar a la cocina— Una de las trabajadoras me escondió aquí. — Eso me parece excelente, dale las gracias de mi parte. Todo estará bien, ¿Me crees? Muerdo mi labio inferior, aterrada. No me gusta este tipo de atención, no me gusta llamar la atención en ningún sentido. Pero con él me es inevitable, todo a nuestro alrededor es un desastre. ¿Esto realmente funcionará? Nuestro plan… Bueno, más suyo que mío. ¿Más que bien, no será un error? — ¿Elicia? —No sé porque siento que a través de su voz el trata de calmarme, sacándome plática— ¿Me crees? — Te creo. —Sollozo— ¡Pero mira la locura que todo esto a formado! — ¡Hey! —Susurra con ternura aunque puedo percibir su temor por mi estado— Tú y yo… ¿Lo recuerdas? — Sí… —Gimo mientras cierro los ojos y me aíslo del presente. — Linda, tú y yo. —Suspira— Nada más, piensa en eso. Mi mundo, tú mundo, ambos colisionando y haciéndose uno solo, para así formar nuestro mundo. El ritmo acelerado de mi corazón se nivela, controlándose y volviendo a la normalidad, al escucharlo. Me gusta escucharlo. Es tan filósofo y poeta. — De ensueño, verdad. —Murmuro solo para él. — De ensueño. —Repite y esa voz tan suave y ronca a la vez, me eriza la piel al instante— Liam ya está llegando, está al pendiente. Voy por ti en diez minutos. — Okey. La llamada finaliza y al darme la vuelta el que supongo es el dueño de la cafetería, me observa anonadado junto con parte del personal. Mis mejillas de sonrojan ante el sentimiento de observación de estas personas. Pero después de escuchar la voz de Henry, y toda esa confianza transmitida, me siento más segura conmigo misma para susurrar: — El Prince Henry, me ha pedido que les haga saber su agradecimiento por toda la ayuda hacia mi persona. —Les sonrío— Bueno, a todos. Veo como el señor saca pecho, orgulloso de su acción y con una mirada alegre pero al mismo tiempo un rostro firme y serio, musita: — No se preocupe, a sido todo un placer señorita. Le sonrío y hago lo mismo con la mesera, a la cual me atrevo a preguntar… — ¿Cuál es tu nombre? — Millie, señorita. —Me mira sonriente— Millie Hamilton. — Pues muchas gracias, Millie. — ¿Y el suyo señor? —Ahora le pregunto al dueño de la cafetería. — Elliot Ness. —Deja de sonreír al escuchar una voz provenir fuera de la cocina— Mejor sígame por aquí, señorita. Lo sigo sin chistar y me lleva a una oficina. La cual tiene una puerta de emergencia. Al llegar, escuchamos varios golpes en esta. — Debe ser Liam, es el guardaespaldas de Henry. —Le digo a el señor Elliot y este asiente con la cabeza. — Es posible, pero primero hay que cerciorarse — Sí, gracias. El señor desliza la pequeña placa de advertencia y ve por un huequito quien está tras la puerta, segundos después voltea a verme con el ceño fruncido. — Hay seis hombres afuera. ¿Está segura de que son ellos? — Déjeme ver, por favor. —Suplico mientras camino hacia la puerta y el señor se hace a un lado, al mirar por el huequito confirmo lo que ya sabía— Son ellos. Me vuelvo hacia el señor y le sonrió aliviada. — ¡Señorita DeMarco! —Alza la voz mientras toca la puerta— Es Liam Howitt, vengo por usted, de parte del príncipe Henry. ¿Está allí? ¿Me recuerda? — Por favor, abra la puerta. —Digo hacia el señor Elliot— Ellos son las personas que esperaba. — Como no, señorita. ¡Ya mismo abro la puerta! Al salir, mi alivio es inmenso al ver a Liam y a los demás hombres que supongo, forman parte del equipo de seguridad. Liam me mira de arriba abajo, cerciorándose con la mirada de si estoy bien y le sonrío en agradecimiento. — ¿De verdad está bien? ¿Alguien llegó a tocarla? — ¡No! Estoy bien, gracias. Liam extiende su mano hacia mi y me ayuda a bajar las escaleras para ahora estar por completo, dentro de una especie de estacionamiento subterráneo. Es un lugar pequeño, para un máximo de veinte autos, supongo. Pues solo veo cinco. Con cuidado, el me lleva a la primera de las dos camionetas negras que estacionaron a solo centímetros de la puerta de emergencia y cuando está por abrirme la puerta, otras tres camionetas negras ingresan al pequeño estacionamiento y las llantas de una de éstas rechinan contra el pavimento, debido a la alta velocidad y por la brusquedad al detenerse. Por un momento me asusto, pero a los segundos, veo como Henry sale a toda prisa de esta al abrir la puerta sin delicadeza, para venir corriendo hacia donde estoy. Al verlo correr hacia mi, me alejo de Liam y mi bolso rueda de mi hombro izquierdo, deslizándose por mi brazo inerte hasta caer al suelo. No alcanzo a dar tan siquiera dos pasos cuando los brazos de Henry se extienden al llegar a mi y me elevan en el aire junto a el, llevándome consigo y apretándome con todas su fuerzas contra su pecho, mis pies pierden el norte del nivel del suelo. Dejándome sin aliento ante su abrazo verdadero he intenso y su aliento rozando mi cuello. Llevándome así, al más lindo cielo. Porque cerca de el, sé que estoy a salvó. A su lado, cerquita. Se que nada puede pasarme. No me pregunten porqué. Pero es lo que mi alma siente. Estoy segura cuando estoy a su lado. Estar entre sus brazos es la prueba de ello y es más que suficiente para mí. — ¿Estás bien? —Gruñe sin aliento mientras aparta los mechones de cabello que cubren mi rostro— ¡Dime que estás bien! — Sí… —Sollozo en un hilo de voz. Estoy hecha un manojo de nervios. Un desastre emocional. — ¡Viniste! — Sí, te dije que vendría. —Acerca su rostro al mío— Yo siempre vendré… Su boca acaricia la mía con una ternura que me hace volar fuera de este universo. Y aunque el beso es breve, es más que suficiente para que sea eterno en mis recuerdos. — Toda el área está despejada, señor. — Gracias. —Henry responde al dejar mis pies sobre el suelo. Al darme algo de espacio, veo a Liam caminar hacia nosotros con mi bolso en manos y al entregármelo, le agradezco y este asiente con una leve sonrisa. Después de que Henry le agradece a todo el personal de la cafetería involucrado, por la ayuda que me han brindado, nos despedimos y marchamos del lugar. Prometiéndole a todos ser recompensados por su buena labor. Al salir del estacionamiento subterráneo, los paparazzi aún están en las afueras de la cafetería, pero cuando ven las camionetas salir, corren hacia nosotros intentando alcanzarnos. — Aún me cuesta creer que esta sea mi vida y que lo de ellos sea un trabajo. —La voz llena de frustración en Henry, me hace saber que está agotado de la situación tanto como yo. Y eso que apenas estoy lidiando con ello, no me puedo imaginar lo que él está sintiendo, pero trato de no pensar en ello y decido no opinar al respecto. Prefiero acurrucarme a su lado y apoyar la cabeza en su hombro, como símbolo de apoyo y compañía. ***** Al llegar al palacio, Henry me lleva en brazos hasta su habitación y con cuidado me deja sobre la cama. Quita de mis manos mi bolso y lo deja sobre un sillón que está al lado de la mesita de noche. Y mientras camina hacia mi, su mirada no abandona la mía. Al llegar, se pone en cuclillas y sus manos rodean mis rodillas para empujarme hacia adelante, dejándome casi en la orilla de la cama. Con sus manos ahora roza mis mejillas y atrae mi rostro hacia el suyo. Trago saliva con fuerza y me paso la lengua por los labios ahora resecos. El respira con fuerza y luego exhala al mismo tiempo que cierra los ojos y roza la punta de su nariz contra la mía muy suavemente. — ¿Seguro estás bien? —Musita contra mi boca, lo cual hace que entre abra mis labios. — Si… —Gimo casi sin aliento en respuesta y el se pone de pie después de darme un casto beso en los labios. A continuación, sin decir nada más él sale de la habitación y se pierde en la antesala. Cuando regresa, trae consigo una toalla sobre sus hombros y una pequeña cajita negra en las manos. Me sonrojo al verla. ¿De verdad lo hará? Al llegar a mi, se sienta en la cama y me mira ladeando la cabeza y una sonrisa. — Tarde en llegar a ti porque estaba planeando una sorpresa. — ¿Para mí? —Digo ingenuamente, como si todo fuese para mí. — Sí. —Responde con una sonrisa y eso acalla mis pensamientos auto-burlistas. — Me gustan las sorpresas. —Miento, pues casi no me gustan. Aunque quizás, ahora las suyas sí. — Ten. —Me extiende su mano y me entrega la cajita. Nerviosa lo miro y luego a la cajita de madera negra. — ¿Qué es? —Susurro entrecortada. — Ábrela, velo por ti misma. Le hago caso y al hacerlo, palidezco. — ¡Henry! Su risa, es tan linda, que me hace olvidar lo que acabo de ver pues ahora, solo tengo ojos para mirarlo a él. — Que linda te ves así. Sorprendida y enojada. — ¡Basta! —Rio y el me rodea con sus brazos. — Vamos a ducharnos, tú y yo tenemos algo pendiente… Me río con fuerza al recordar nuestra conversación telefónica de anoche y mi pervertido pedido.
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