Capítulo 10

2968 Words
Sus embestidas hacen que mi espalda resbale contra la pared de la ducha debido a la humedad y con más ganas aferro los dedos de mis manos en sus hombros. Su boca besando mi cuello y sus dientes mordiendo mi piel, me hacen gemir de un placer abrumador. Nunca había sentido algo parecido, y eso es algo que puedo jurarlo. A veces, no es lo mismo tener relaciones sexuales por placer o capricho, que por deseo, necesidad y una profunda intensidad. Nuestra intensidad y especie extremo de deseo mutuo, es lo que hace de estos momentos únicos y abrumadores. Quizás no me esté explicando bien y ustedes no puedan entenderme, pero yo sí puedo hacerlo y creo que eso, al fin y al cabo, es lo que debe importar. Nunca nadie me había hecho llegar al clímax como Henry logra hacerlo, él realmente logra hacerme sentir deseada y muy apreciada o valorada. Cuida cada detalle, no se le escapa nada y la atención que me brinda, me excita tanto. Su tacto, besos y caricias… Oh Dios, sí. Me elevan al cielo y al infierno. Y cuando gruñe y gime mi nombre, me pierdo en ese universo alterno que ambos creamos cuando estamos al borde del abismo. Sí, me gusta que me haga suya y que gruña o gima cuando el clímax lo aborda. Sí, me gusta que me haga el amor como toda una fiera salvaje pues me hace volar a la cima del mundo con su calor y el mío hechos uno solo. Sí, me gusta mucho su toque. Él es diferente, todo él lo es. Y vaya que sí lo es. — Oh linda Elicia… No creo que algún día pueda cansarme de ti. —Su linda boca roza la mía— Eres digna de mí. Siento como mis jugos vaginales bajan entre mis piernas y las suyas al sentirlo acabar en mi interior. Oh madre tierra. Una vez más él me ha hecho llegar al clímax total, hasta el punto de llorar. Pero de placer. Con cuidado, Henry aleja mi espalda de la pared y al girarse, las gotas del agua caliente impantan contra mi cuero cabelludo, haciéndome abrir los ojos y ver que estamos ambos nuevamente bajo la lluvia. Sus grandes y suaves manos recorriendo mi cuerpo junto con la esponja bañada en jabón, me mantienen quieta bajo la regadera. — No me canso de mirarte. —Musita muy suavemente contra mi oído— Tienes un cuerpo muy hermoso, linda Elicia. Frunzo mis labios amortiguando una sonrisa y al ladear la cabeza para mirarlo, pues estoy de espaldas a él, susurro tímida: — Gracias… —Muerdo mi labio inferior— Lo mismo digo, para ti también. Él hace una camino de besos en mi cuello y continua enjabonando cada parte de mi cuerpo. Al terminar de ducharnos, Henry me lleva de regreso a la habitación en sus brazos y cae de costado sobre la cama aún conmigo en brazos y chillo frustrada pues quería ser soltada antes de su grandioso salto. — ¡Henry! —Chillo y este ríe con fuerza mientras intento alejarme pero él me rodea la cintura con sus brazos. — Ven acá. —Gruñe contra mi pelo. — No. —Chillo consentida y este aprieta las manos a mi alrededor. — Sí. Ruedo los ojos dándome por vencida y suelto un suspiro ruidoso. Con sus manos, él acaricia las hebras de mi cabello relajándome por completo, cansada ya por todo lo acontecido, sin darme cuenta y sin querer aún, mis ojos se cierran instintivamente. Horas después… Estiro mis manos a mis costados y me doy vuelta en la inmensa cama, mientras siento como las sábanas de seda y algodón cubren mi aún desnudes. Unas voces provenientes de la antesala me hacen abrir los ojos en el acto, sacándome así de mi profundo sueño. — Me importa una mierda lo que digan mis tíos —Esa es la voz de Henry, y se escucha muy enojado—. Quiero que Elicia tenga seguridad y nadie me hará cambiar de opinión o mucho menos razonar. — Lo entiendo alteza y sabe que lo apoyo —Esa es la voz de Liam, la reconozco bien—. Lo vivido hoy fue muy riesgoso para la señorita DeMarco, pero sus tíos dejaron claro el deber de seguir los protocolos, la señorita Elicia no pertenece a la familia real, por lo tanto, no merece protección. — Sé a dónde ellos quieren llegar con eso —Henry espeta—. Me quieren castigar a través de ella por toda la polémica en la que estamos envueltos. ¡Y no lo voy a permitir! —Gruñe eso último. Con cuidado de no exponer mi cuerpo, me siento en la cama y en la esquina de esta veo una bata y un abrigo de seda. Ambos de un color gris tan elegante y brillante como el de las sábanas. Los tomo rápido con una de mis manos y me visto de inmediato. — Le he prometido a Elicia seguridad y mi total protección, le dije que la mantendría a salvo —La voz de Henry se hace presente nuevamente y mi corazón salta del susto mientras camino de puntillas hasta la entrada de la antesala—. Sabes muy bien que cumplo mis promesas. La vida de esa linda chica es un desastre ahora y todo por mi culpa. —Gruñe— No debí traerla conmigo esa noche, pero lo hice y en el fondo, y a pesar de todo lo que está pasando, no me arrepiento, porque sin duda, ella es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. ¡Y lo sabes! Me detengo a mitad de camino al escuchar eso último y mi vista se nubla al instante, parpadeo rápidamente para impedir que una lágrima salga de mis ojos pero tal acto, es imposible. — Con todo el respeto que se merece, me atrevo a decir que lo he notado, e visto su cambio repentino desde que la ha conocido. Al llegar a la entrada de la antesala, me oculto para no ser vista y descubierta espiando. Veo como los labios de Henry se ladean en una sonrisa y asiente mientras se da vuelta. Dándome así, la espalda sin darse cuenta. — Me conoces, has trabajado para mí por cinco largos años. Conoces mi vida amorosa mejor que nadie, has sido alcahuete de todas mis fechorías. Liam sonríe. — Es parte de mi trabajo, alteza. Cuidarlo es mi misión y ser un alcahueta… —El hace una mueca y Henry se ríe. — Ella es… No sé, ella tiene algo que no puedo evitar, algo que me atrae hacia ella como un imán. —El se da la vuelta, estando de frente hacia Liam otra vez— Nuestra conexión es… Alucinante. —Sonríe con la mirada perdida— Además, nunca pensé que estaría de nuevo con una mujer después de mi primera y ultima vez. Ambos se ríen. — Todas las mujeres tienen su encanto, alteza. Es cosa de saber conocer y llegar a ese encanto. Henry asiente con vehemencia. — Y en eso tienes toda la razón, pues a ella, los encantos le abunden. — Entonces, todo estará bien. Nada de lo que opinen los demás podrá sobre ello. Henry vuelve a sonreír. — Sé lo que ellos piensan, pero no me importa, porque les demostraré lo contrario. Elicia es importante para mí ahora, y si tengo que pagar por su custodia con mi propio dinero hasta quedarme sin un solo euro, entonces lo haré. —Su repentina seriedad me deja sin aire— Quiero que busques a los mejores y de tú absoluta confianza. — Siempre. ¿A cuántos? — Por ahora, creo que tres custodios son suficientes. Y tú los vas a liderar. Liam pone los ojos en blanco. — Pero estoy con usted, no puedo liderar a ambos al mismo tiempo. Podría descuidarlo y mi deber es cuidarlo sin distracciones. — Amigo mío, aún no me has entendido. — Me temo que no. — Lo que estoy tratando de decirte, es que tú vas a liderar su custodia. Será tu nueva función ahora, quiero y necesito que la protejas. Elicia necesita ser protegida por el mejor y sin duda, ese eres tú. — Pero… — Yo estaré bien y lo sabes. Te has encargado de conseguir al mejor equipo de seguridad en Edimburgo y junto a la guardia real es imposible no estar más que seguro —Henry le sostiene la mirada—. Por favor, tienes que estar con ella, su seguridad es lo más importante para mí. Liam suspira profundamente, con los ojos muy abiertos. — Me preocupa que a raíz de esto usted tenga problemas con… Henry lo interrumpe. — No te preocupes por eso. Me haré cargo, fui yo quien personalmente te escogió entre cientos de postulantes, es mi decisión. No la de ellos. Dejo de mirarlos y apoyo mi espalda contra la pared por unos instantes, y al cabo de un minuto decido volver a la cama y acabar con el tiempo de espía y chismosa. Con mis manos, limpió las lágrimas que vagan libremente por mi rostro y sorbo mi nariz. Es frustrante darme cuenta que solo doy problemas a todos los que están a mi alrededor. Y aunque una parte de mí se alegra por saber lo importante que soy para Henry, no puedo evitar que la otra parte de mi alma sufra en silencio por todo lo que me atormenta. Escucho como la puerta de la habitación se cierra de golpe y un respingo me abandona. Al bajar la mirada, veo mi bolso y el sobre amarillo sobresalir de este y mi cruda realidad vuelve a golpearme sin piedad. Al intentar agarrar el bolso, caigo de rodillas al suelo debido al temblor en mis piernas. Las siento como gelatina al intentar ponerme en pie, así que después de intentarlo por segunda vez, desisto de ello y me quedo sentada en el suelo apoyando la espalda contra la orilla de la inmensa cama y apretando el sobre amarillo contra mi pecho. Las preguntas me ciegan, los pensamientos me abundan y el dolor emocional… Me atormenta. Sollozo en un hilo de voz y sorbo mi nariz. Busco fuerzas internas de donde ya siento no tener más y abro el sobre con suma lentitud y cuidado. Como si fuera un tesoro. Mis manos tiemblan, sin control y sin querer rompo demás el sobre amarillo. Amarillo, amarillo, amarillo. No creo que vuelva a gustarme ese color, jamás. Dentro del sobre, solo hay dos carpetas, un DVD y una pequeña nota. «Tú nombre, es en honor a ella. Te amo, Elicia Joe.» Papá. Cubro mis labios con una de mis manos para acallar un sollozo y la pequeña nota se humedece con mis lágrimas. — Elicia… —La voz de Henry me toma por sorpresa y suelto un gemido doloroso por el llanto que trato de apaciguar pero que sin poder controlar más, me abandona— Linda, dónde est… Henry cae de rodillas a mi costado al encontrarme tirada en el piso y aleja el sobre de mis manos rápidamente y me acobija en sus brazos. — ¿Qué pasa? —Pregunta con voz agitada— ¿Qué es eso? Él agarra el sobre pero de inmediato intento quitárselo. En vano. — ¡No, espera! —Sollozo, pero caigo de costado en el suelo. — Elicia... —Gime al verme caer de sus brazos. Lo veo tirar el sobre en la cama y de inmediato vuelve a acunarme en su pecho. — Háblame, ¿Qué está pasando? Dime lo que sea y lo arreglaremos —Besa mi cuello—. Te lo prometo. — ¡No! —Chillo frustrada— Ya para de prometerme cosas, lo único que logras es problemas con tu familia. Y no quiero, ¡Ya no quiero más problemas! Me alejo abruptamente y logro ponerme en pie esta vez. — Solo quiero ir a casa, con mi hermano y nunca más volver. Estoy harta, estoy… Mi respiración se agita y me impide seguir hablando, en realidad, me impide gritar mi dolor. La mirada de Henry no me abandona, su rostro muestra ansiedad y quizás, impotencia. O temor u confusión. No lo sé con exactitud y tampoco tengo cabeza para adivinar, lo cierto es, que cuando lo veo ponerse en pie y dar dos pasos hacia mí, giro sobre mis talones y corro hacia el baño para encerrarme y aislarme de todo. — ¡Elicia! —Alza la voz y apoyo mi espalda contra la puerta al mismo tiempo que cubro mis labios para acallar mi llanto— ¡Abre la puerta, Elicia! Por favor. — Déjame sola, te lo suplico. El deja de golpear la puerta al instante. Y cuando escucho sus pasos alejarse, dreno todo mi dolor y comienzo a llorar como si no hubiera un mañana. Quien lo creería… Mi madre resultó no serlo y quién fue mi verdadera madre, murió en su intento de traerme al mundo. La que por años creí mi vida, resultó no serlo. Porque he vivido engañada todo este tiempo. He vivido y crecido siendo maltratada por una mujer que no es nadie en mi vida y a quien respetaba en el fondo, a pesar de todo por ser mi madre. He crecido, pensando que mi padre es un cobarde y desalmado y al final, resultó no serlo. Porque a pesar de estar presente, aunque distante, él siempre estuvo cuidándome. Lo creí un hombre avaricioso, loco por el dinero y en el fondo, solo estaba refugiándose en su trabajo tratando de huir de alguna manera de su horrible presente. Ahora entiendo, la cláusula del testamento de mi abuelo para recibir la herencia de mi abuela. Todo tiene sentido. Todo lo tiene ahora, él solo quería que me enterase de la verdad. Que junto a mi hermano, pudiéramos entender la situación y que perdonáramos a papá. ****** Salgo del baño quizás una hora después de encerrarme allí, salgo al ver por la ventana que está anocheciendo. Al cerrar la puerta y alzar la mirada, me quedo inmóvil al ver a Henry sentado en un sillón en una de las esquina del armario. Sí, el gran baño está junto al inmenso armario. ¿Ya mencioné que la habitación de Henry es igual de grande que mi casa en Bélgica? Bueno. Es como la suite de un hotel. — ¿Estuviste sentado allí todo este tiempo? — Sí. —Asiente y se pone en pie. — Pensé que te habías ido. — Jamás, Elicia. Mi vista se nubla nuevamente y ladeo la cabeza para no verlo. — Ya para, deja de ser así conmigo. —Sollozo. — ¿Así cómo? —Frunce el ceño mientras se acerca de manera sigilosa. — Así… Tan… Tan lindo y hermoso conmigo. — Bueno, también puedo ser malo si eso es lo quieres —Sonríe—. Pero el gran detalle, es que no me nace serlo contigo. Un puchero me abandona. — No, por favor, tú no seas malo conmigo. —Gimo y corro a sus brazos. Henry me abraza con fuerza y segundos después me carga de regreso a la cama. Y sentada en su regazo musito: — No creo poder seguir con lo planeado. —Sorbo mi nariz y siento las lágrimas caer— Debo irme. Volver a casa. Mi hermano volverá en dos semanas. Perdóname… Henry asiente con la cabeza y su mirada cae hacia nuestras manos entrelazadas. — ¿Crees en el amor a primera vista, Elicia? —Susurra cerca de mi rostro— Porque yo no lo creía, hasta que te conocí. Gimo con fuerza y envuelvo mis manos alrededor de su cuello. Mis ojos cerrados y mi labio inferior siendo mordido hasta cambiar de color por mis dientes, hacen más que evidente lo perdida que me encuentro en nuestro abrazo. — Podría decirte que te apoyo en tu partida, que solo me haría feliz tú bienestar y no el mío. —Susurra contra mi cuello— Pero estaría mintiendo y siendo egoísta conmigo mismo. Porque la verdad, mí verdad… Es que por nada del mundo quisiera perder la hermosa conexión que hemos creado. No quiero que te vayas, no quiero estar lejos de ti. Sus manos cubren mis mejillas, obligándome a verlo a los ojos. — No quiero que me dejes sin tan siquiera haberlo intentado —Mi vista vuelve a nublarse al verlo sonrojado—. Sin darme una oportunidad, porque creo que ambos merecemos una oportunidad. — Henry… Es que yo… — A menos que sea por él —Su mirada es triste ahora— ¿Es por el, aún lo quieres? Trago saliva con fuerza y lo miro pálida. — Entendería si así fuese, pero él no te merece, una persona que dice amar no hace lo que él te a hecho. —Suspira y cerrando los ojos acerca sus labios a los míos— Tú alma no le pertenece y lo siento en la mía, porque es allí donde en realidad pertenece, tú alma me pertenece a mí. Haz estado destinada para mí, siempre y eso aunque te vayas, jamás va a cambiar. Mi piel se eriza al sentir su respiración mezclarse con la mía. Me erizo al sentir como su aliento choca con el mío. Somos uno, lo hemos sido desde el principio. Nací para estar con el. Y él para estar conmigo. — Dices que tú hermano regresará en dos semanas, entonces concédeme ese tiempo. —Su mirada y la mía vuelven a encontrarse— Permíteme demostrarte lo mucho que merecemos estar juntos. Déjame demostrarte, lo mucho que te pertenezco.
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