Creo que no hace falta mencionar lo que sucedió después de eso.
Por supuesto que me entregué a él y esta vez como nunca antes. Porque hicimos el amor con toda la extensión de la palabra.
Sentí su querer en cada beso y caricia, fue tan intenso y abrumador que me fue imposible no llorar.
Ahora, puedo decir con certeza, que lo quiero.
En serio, muy en serio.
Lo quiero.
Y me quedaré, sí.
Porque él merece un oportunidad y yo… También.
Teniéndolo a mi lado, tuve el valor para afrontar la situación con el bendito sobre amarillo.
El DVD era un vídeo de mi padre, donde explica a detalle todo lo ocurrido con mi madre biológica, y el motivo de su matrimonio con Requelle, mi madrastra.
Una historia larga de contar, pero en resumidas cuentas, mi madre Elizabeth fue una gran mujer y también el verdadero amor de mi padre, ella murió en el parto, dio su vida por mí hasta el último segundo, pues ella sabía las consecuencias y nunca le importó. Por último, mi padre nos explica su mal comportamiento hacia nosotros, aunque esto último… (Creo que su explicación iba dirigida más a mi hermano que a mí y tal cosa me hace pensar que quizás Kylee ya sabría algo de todo esto y es por ello que tampoco quiso venir de regreso) En tal explicación, me hace saber que todo fue para mí protección. Pues en realidad, su mal trato y poca “Importancia” demostrada hacia mí, me salvó la vida.
Y finalmente, las carpetas.
Una de ellas son los documentos de la casa de mis abuelos. La segunda, es la herencia en vida de todos los bienes de mi padre que obtuvo antes de casarse con la víbora de Requelle y la tercera, todo lo que alguna vez fue de mi madre.
En conclusión.
Puedo decir oficialmente que soy rica.
Bueno, mi hermano también.
Ambos lo somos.
Pero la verdad, es que nada de esto importa a sabiendas que mi padre, está a merced de la familia de esa mujer.
Porque sí, otra de sus tantas confesiones también fue sobre ello. Pues la familia de Requelle, pertenece a la mafia más putrefacta del mundo.
Sí, a esa… A la mafia Rusa.
En fin, como les decía, a sido mucho por un día y ya es tarde, no quiero irme a dormir llena de tristeza y de tantos malos sentimientos.
Lo único que ahora abunda en mí y en lo cual me quiero aferrar y porque no, también refugiar, son en mis crecientes sentimientos por el Duque.
Así que después de cenar y tomarnos una taza de té, me dejo envolver por los brazos de Henry y me acurruco en su pecho, para darle así rienda suelta, a este profundo sueño que ya me pesa.
07:00 AM
Despierto al escuchar una canción a todo volumen, cerciorándome unos segundos después que en la inmensa habitación abundan los altavoces.
La voz de Henry cantando desde la antesala a todo pulmón me hace sonreír levemente y como puedo, debido al gran cansancio y sueño que aún me aplasta, me siento en medio de la cama y lo escucho cantar…
Love in war
Let’s point them cannons at the ground
Let the dust just settle down
‘Cause there’s no use anymore
Take your stand
If you would look into my eyes
Then you’d know to give it time
My heart must get so heavy in your hands
I don’t need you to let me down easy
I don’t need you to swallow your pride
But I couldn’t take it if you did it right now
So promise you won’t leave me
Until I’m ready for you to
Promise you won’t leave me
Until I’m ready for you to
El ritmo de la canción se me hace pegajoso y en algún momento, me encuentro sonriendo ante la ironía y ante el movimiento circular u danzante de mi cabeza y manos.
Sé que la letra de la canción es una indirecta hacia mí pero muy directa, así que me hace sonreír con más fuerza, aunque dudo de que él se haya percatado que ahora estoy despierta.
La camiseta de Henry me cubre hasta las rodillas, pero al estar acostada se me sube más arriba de la cintura, así que al bajarme de la cama con cuidado, la camiseta gris desciende sobre mis piernas al instante.
Camino hasta la antesala y al apoyar mi cuerpo contra el marco de la entrada de esta, sonrío al verlo de pie frente al gran espejo secándose el cabello y moviendo la cintura al ritmo de la canción.
Al ver ese movimiento tan peculiar, muerdo mi labio inferior sin poder evitar volver a sonreír en el proceso. No tiene ni idea de lo sensual y tierno que se ve bailando así.
Y lo mejor, es que él aún no parece percatarse de mi presencia, así que de puntitas camino hacia él y al llegar, rodeo su mano con el secador con la mía y se lo quito, hago lo mismo con el peine que tenía en la otra mano y su mirada se encuentra con la mía a través del espejo.
— ¿Te desperté? —Alza la voz por encima de la canción que ya está por terminar.
— Querido Henry, entendí la indirecta. —Su risa es contagiosa y me confirma lo que ya suponía, lo cual me sorprende porque cada segundo que pasa, descubro cuánto e llegado a conocerlo en tan corto tiempo— Gracias, no te dejaré. Aún…
— ¿Aún? —Se gira para encararme y sus manos rodean mi cintura.
— Aún. —Repito mientras asiento risueña.
— Ya no estoy feliz… —Dice y hace un puchero— Odio estar limitado. Mejor di que nunca lo harás y ya. —Ahora dice caprichoso, frunciendo la mirada.
Y ante eso, no puedo evitar reírme, soltar carcajadas es ahora lo mío.
— ¡Ay señor Duque, es usted todo un caso!
— Sí, acepto casarme contigo. —Dice gruñón mientras besa mi cuello y chillo de la risa.
— ¡Yo no dije eso! —Gimo entre lágrimas por la risa.
—Claro que sí, dijiste “Caso” y ya no te puedes retractar.
— Sí que puedo. —Digo entre risas después de darle un casto beso en los labios y obligarlo a girarse para terminar lo que él estaba haciendo en su cabello antes de interrumpirlo.
— No lo voy a permitir. —Sostiene risueño.
Diez minutos más tarde…
— Me gusta como quedó. —El dice mientras apago el secador y le pregunto dónde lo guarda— En el armario, en la segunda gaveta central de la isla.
Asiento la cabeza y me encamino hacia el armario, no había tenido la oportunidad de detallarlo a más profundidad, pero este armario es casi del tamaño de mi tienda de ropa en Bélgica.
Ubico la pequeña Isla en medio de la que podría decirse que también es una habitación y después de guardar el secador junto con el peine en la gaveta, aprovecho que ya estoy aquí para ir al baño y asearme.
Me cepillo los dientes en la misma ducha al terminar primero mis necesidades básicas en el inodoro, y al finalizar, envuelvo la toalla de Henry aún húmeda a mi alrededor y me seco lentamente.
Al salir del baño he ingresar nuevamente al armario, busco con la mirada alguna de mis dos maletas, pero no las veo.
Hago una mueca con mis labios y al salir del armario regreso a la antesala. Ya la música no está, todos los altavoces están apagados y en la habitación abunda un profundo silencio, hasta que escucho a Henry gritar:
— ¡Pues no me parece! Y si no estoy de acuerdo, creo que deberías evaluar lo que estás pidiendo.
El finaliza la llamada y al girarse, pone los ojos en blanco al verme.
— ¿Todo bien? —Digo en un hilo de voz.
— Sí. —Asiente restándole importancia al asunto.
Decido hacer lo mismo, pues no quiero inmiscuirme de más en sus asuntos.
— Oye… Quería preguntarte sobre mis maletas. Mire en el armario y ya no están.
— Oh sí, con lo del sobre… —El se pasa la mano por el pelo y baja la mirada.
— ¿Seguro estás bien?
El me da la espalda y espeta:
— ¡No! ¿Bien? —Resopla— Ahora no lo estoy.
Trago saliva con fuerza ante su tono de voz y entrelazo mis manos al mismo tiempo que dejó de mirarlo.
Camino lentamente hasta la ventana, lo más cerca que me sea posible pues Henry me ha comentado que no debo abrirlas siempre, sobre todo, como estoy ahora, en paños menores, pues dice que nunca faltan los mirones.
— Santiago… —Dice a medias— Quiere tratar de manipularme con sus artimañas —Ambos nos giramos de golpe—. No lo quiero cerca de ti. ¿Me oyes?
— Está bien, pero... ¿Por qué? —Susurro.
— Porque lo conozco y sé cuáles son sus intenciones —Dice con evidente frustración—. El tratará de ponerte en mi contra, tratará de engañarte con falsas mentiras sobre mí.
— ¿Y acaso hay algo que deba saber y que aún no me hayas dicho?
— Quizás... —Su mirada lasciva me hace tragar con fuerza— Hay mucho de lo cual aún no hemos hablado, como el hecho, de que ambos tenemos un negocio juntos.
Mis labios se fruncen y siento mis mejillas sonrojarse ante su ahora linda mirada nerviosa.
— Creo que de hecho, deberíamos hablar de ello lo más pronto posible —Asiento mientras lo escucho retomar la palabra—. Sé todo de ti, es justo que sepas todo de mí. No quiero secretos entre los dos si de verdad haremos esto y si en especial quiero que te quedes.
— Está bien.
— ¿Qué te parece una cita en los jardines del palacio esta tarde? —El pregunta y me sonrojo.
— ¿La ocasión amerita un vestuario elegante o sencillo?
— Creo que amerita, lo mejor que se pueda vestir para una primera cita en un jardín.
Sonrío ante eso y vuelvo ha asentir con la cabeza.
— ¡Hecho!
— Volviendo al tema de tus maletas. —Dice al acercarse— Están en tú habitación.
— ¿Mi qué…?
Palidezco, pues ya me había hecho a la idea de que dormiríamos en la misma habitación.
— Sí, ¿Recuerdas la llave? Ayer… Mi retraso, fue debido a que estaba al otro lado de la ciudad, ultimando unos detalles. Pero ya está lista.
— ¿Tan rápido?
— Hamm, que te digo... —El ladea la cabeza de un lado a otro— Mi equipo es eficiente.
Asiento y me alejo de su lado para caminar hacia la cama, al sentarme, susurro:
— No sé que vestir. No traje nada más en mi mochila.
La verdad eso de la habitación para mí sola en un palacio tan grande como este, donde fácilmente podría perderme y rodeada de tantas personas aún desconocidas para mí, no es que me agrade mucho.
Sin embargo, es mejor esto a que seguir en casa junto a Requelle y mi hermana Annie.
Henry se sienta a mi lado y acariciando un mechón de mi cabello goteante, musita:
— ¿Me crees si te digo que sé lo que estás pensando?
Niego con la cabeza.
— También me encantaría que durmieras junto a mi cada noche —Me ruborizo—. Pero esa no es la imágen que quiero hacer llegar a mi abuela y así afianzar lo que ya dicen las noticias amarillistas sobre nosotros —Suspira—. Y tú no eres lo que ellos pretenden demostrar, eso es algo que ya sé, pero mi familia no y con esto quiero demostrarlo. Quiero demostrar con esta acción, que lo nuestro es real, lindo y sagrado para mí, que me lo estoy tomando en serio y que no es un juego. Además, están las costumbres familiares y el protocolo real… Ya los he roto suficiente. —Su mano abandona mi cabello y ahora acaricia mi cuello— No me pongas nunca más esa carita y dime que me entiendes, por favor.
Mi vista se nubla por unos instantes y al parpadear, susurro:
— Sí, lo entiendo a la perfección.
Él sonríe y sus labios se apoderan de los míos con ternura por breves segundos.
— Esto es temporal, hasta que decidas quedarte junto a mí o marcharte para siempre.
*****
Camino junto a él fuera de la habitación tomados de la mano y al llegar al pasillo, solo bastó pasar dos habitaciones para detenernos frente a una puerta.
Él se gira para estar frente a mí y musita en voz baja:
— Antes de irme a cumplir mis labores reales, quiero ver tú reacción con mis propios ojos —Alza las cejas juguetón—. Te prometo regresar a tiempo para nuestra cita.
— Está bien. —Le sonrío.
— Recuerda lo que hemos hablado. —El aprieta mis manos irónicamente al decir— La historia de “Cómo nos conocimos”.
— ¡Oh sí! —Asiento al instante— Seré discreta, no te preocupes.
— Lo sé. —Besa mis manos— Solo quiero cerciorarme de que estarás bien, mientras no esté.
— Lo estaré, por favor no te preocupes. Dudo mucho que algo pueda pasarme aquí, este palacio es como una fortaleza.
Lo veo ladear una sonrisa.
— Sabes que no me refiero a eso, es solo que no quiero que nada ni nadie te haga sentir incómoda o fuera de lugar mientras no esté.
Me río.
— Pues si a esa vamos, créeme. Estoy fuera de lugar aquí, no estoy acostumbrada a esto. Pero ya estoy entendiendo a lo que te refieres. —El suelta una de mis manos y aprovecho ese acto para acunar una de sus mejillas— Nadie va a influenciarme en tú contra, o hacerme salir corriendo de aquí mientras no estés.
Ambos volvemos a reír.
— Más te vale. —Susurra contra mi boca— Liam será tu nuevo guardaespaldas, estará para todo lo que necesites. ¿Está bien? —Finaliza y asiento.
A continuación, Henry abre la puerta que está frente a nosotros y ladeando la cabeza me insita a pasar, al mismo tiempo que se hace un lado para ingresar a la que será mi habitación.
Y cuando lo hago… De por sí la habitación me deja sin aliento, está hermosamente decorada y sin duda es del tamaño del primer nivel de mi casa en Bélgica.
Pero lo que me deja totalmente sin palabras, es toda esa ropa de grandes marcas regadas por todas partes que él me señala.
Mi corazón se acelera y apuesto a que mis ojos brillan por todo lo que están viendo.
¡Es mí momento!
— Escoge lo que más te guste, lo que quieras y será tuyo de inmediato. Si algo te gusta pero no es de tú talla, ya sea porque te quede grande o pequeño, solo dile a Valeria y ella lo arreglará. —Una chica aparece de entre uno de los closets puesto que está ordenando la ropa y detiene todo lo que está haciendo, para sonreír ampliamente hacia mí y apenas le puedo corresponder el saludo.
— ¡Mucho gusto! —Dice mientras extiende su mano hacia mi— Es todo un placer conocerla, estoy para lo que necesite, solo dígame qué es lo que desea y será suyo, ya sea en calzado, prendas y joyería.
Ahora sí le correspondo el saludo como es debido y asiento nerviosa.
Pero al ver a la chica darse vuelta de nuevo hacia el closet para continuar ordenando, me giro hacia él para reclamarle tremenda locura.
— ¡Henry! —Espeto, pero mi queridísimo príncipe azul, ya no está.
Se ha ido y sin darme aunque sea un besito.
Claro… Huyendo como siempre.
Sonrío ante su gracia y me vuelvo hacia la modista.
— ¿Quiere venir y mirar más de cerca? Si hay algo que no le gusta puedo sacarlo del closet y de la lista. —Ella pregunta entusiasta y asiento.
— De hecho, sí. —Me paro a su lado.
— Aún no he sacado toda la ropa de muestra. Pero el Duque me dijo, que al menos tuviera listo lo más esencial para que así usted pudiese empezar a decidir.
Vuelvo asentir al mismo tiempo que mis labios se unen y hacen un piquito, como el de los pajaritos arroceros.
Sí, lo hago cuando estoy indecisa o muy pensativa.
Y de repente recuerdo…
— ¡Mis maletas! —Exclamo en un chillido y la modista da un respingo— Tengo ropa, en mis maletas… —Digo eso último en voz baja al mismo tiempo que busco con la mirada mis dichosas maletas, las cuales Henry me dijo que estaban aquí— ¿Sabes dónde están?
Ella parece negar con la cabeza, pero luego se queda pensando y a los segundos musita:
— ¡Allá! —Me giro hacia donde ella señala y al verlas, sonrío.
— Gracias.
Acuesto ambas maletas en el piso y al abrirlas de par en par, me vuelvo hacia Valeria.
— ¡Puedes venir! —La ínsito ha acercarse pues parece que trata de mantener distancia, quizás por nervios, respeto o porque quizás así Henry se lo haya pedido— Aquí está todo lo que traje hace unos meses desde mi casa en Bélgica.
Sus ojos se abren cada vez más al ver toda mi ropa, mientras le voy mostrando pieza por pieza.
— Oh vaya, señorita DeMarco. Toda su ropa es espectacular, tiene un estilo muy definido, entre lo sencillo, vintage y actual. ¡Me encanta!
— Muchas gracias, Valeria. —Le devuelvo la sonrisa— Y por favor, llámame Elicia, o Eli. Pero no me trates como si fuese la hija de algún presidente o alguien inalcanzable, eso me hace sentir extraña.
Me río ante mi pensamiento, pero ella no lo hace, al contrario, se sonroja.
— Disculpe, no creo que pueda. Es q-ue… —Se queda sin habla cuando la miro con el ceño fruncido y luego parece reaccionar— Digo… Bueno, quiero decir… Es que usted es la novia del Duque, mi deber es darle su lugar.
— ¿Y cuál es mí lugar? —Inquiero saber y ella palidece, la chica parece de mi edad y muy experimentada en lo que hace, pero verla así me hace entender el nivel de respeto que le tienen a la familia real, obviamente— Escucha, sé que estás intentando quedar bien y hacer tú deber. Pero yo soy una simple mortal, como todos, no hay nadie a nuestro alrededor y tampoco formo parte de la familia real. —Suspiro y le vuelvo a sonreír— Así que llámame Elicia, o Eli ¿Está bien? Si vas a ser mi modista o lo que sea, creo que lo más conveniente, es llevar una cómoda relación y comenzar con el tuteo no tiene nada de malo.
— ¡Me encantaría! —Dice al fin, como si estuviera quitándose un gran peso de encima— Pero… Es que no quiero problemas con el Duque.
— ¿Problemas? —Mis cejas se arquean— ¿Por qué?
— Sí. —Se muerde el labio, como si estuviera dudando en decirme o no, pero la aliento a que lo haga— Vera… He trabajado para el Duque durante cinco años y nunca había sido tan exigente como ahora lo está haciendo. Por ejemplo, esta mañanita, cuando llegue al palacio, todo el personal estaba en el jardín interno en una reunión convocada por él. Y el Duque se vio muy protector con todo lo que se trataba de usted y exigió a todos los empleados presentes, respeto y distancia. Pues no quiere que nadie la abrume, también pidió que usted tuviese un tratado especial y que fuese llamada de manera respetuosa y no banal.
— ¿Y eso último sería cómo?
— Señorita DeMarco. —Ahora ella es quien sonríe.
En cambio yo… No sé cómo sentirme, porque, a una parte de mi le agrada que él se preocupe tanto por mi bienestar, pero, por otra parte, no puedo evitar pensar que ahora los empleados tengan un mal concepto de mí, debido a las exigencias de Henry.
— ¿Si sabes que yo no pedí ese tratado, cierto?
— Sí, ahora lo sé. —Mantiene la sonrisa— Pero realmente es lindo darse cuenta de que él solo la quiere proteger.
— Sí, ¿Pero a qué costo? —Suspiro— No quiero que todos los empleados del palacio tengan una imágen errada de mi persona. Ya me basta y sobra con la de los medios.
— No se preocupe, a todos nos quedó muy claro la intención del príncipe Henry. Aquí todos lo quieren mucho y están feliz de verlo tan cambiado y de vuelta en el palacio.
— ¿A qué te refieres con devuelta?
— ¡Nada! —Dice de repente y se da la vuelta para regresar al área del armario.
Su respuesta no aplana mi inquietud, sino que la aumenta. Pero soy paciente, la reina de la paciencia cuando realmente quiero serlo.
Así que por ahora, decido ignorar su evidente evasión de respuesta y regreso al closet junto a ella.
Hay mucha ropa que deseo mirar.
Y viendo mi vestimenta actual, necesito escoger algo ya para cambiarme. Me gusta vestir la ropa de Henry, es suave y cómoda, pero esta pijama no favorece mi figura y no es lo que quiero vestir por el resto del día.
Además, aún tengo dos semanas para saber lo que ella quiso decir.