Capítulo 12

3608 Words
— Tiene muy buen gusto, señorita Eli… —Valeria susurra a lo que sonrío. Y me hace feliz escucharla decir finalmente mi nombre. Creo que no le quedó de otra, después de todo, me salí con la mía. A medias. — Muchas gracias, me encanta el diseño. —Digo mientras guardo la última prenda y cierro una de las tantas puertas del gran closet. Me giro para encaminarme de vuelta en la habitación, por el área de la cama, con una de mis dos maletas en mano y al llegar, la dejo al pie de la cama y Valeria hace lo mismo con mi segunda maleta, ambas ahora vacías. — ¿Dónde crees que pueda guardarlas? Ya no hay más espacio en el armario. —Murmuro pensativa al mismo tiempo que llevo mi dedo índice hacia la boca y lo muerdo. Miro hacia cada rincón de la inmensa habitación y al ver una esquina vacía, exclamó feliz: — ¡Allí! Valeria asiente con vehemencia. — Estaba por decirle lo mismo. Me irrita un poco que no me tutee del todo, pero supongo que le llevará algo de tiempo, pues se nota que se tomó muy en serio las exigencias de Henry. Ese tema, será interesante de hablar en nuestra cita, debo hacerle saber mi inquietud, pues no quiero que nadie tenga un pensamiento errado de mi aquí en el palacio. Y hablando de él, nunca mencionó a dónde iría, hace más de dos horas desde que se marchó sin ni siquiera darme un besito de despedida. Digo… Por las apariencias. Se supone que soy su “Novia” Y si vamos a aparentar una supuesta relación, la idea es aparentarlo muy bien. Que sea creíble ante la sociedad, por lo tanto, debió darme un besito cortito al menos de despedida. Pero en vez de eso, ni un adiós. Simplemente, desapareció después de mostrarme tremenda sorpresa y dejarme con la boca abierta. Hombre al fin. Ruedo los ojos ante el pensamiento y una leve sonrisa se deleita en mis labios. — ¿Qué edad tienes, Valeria? —Me giro de pronto hacia ella. Quiero pensar en otras cosas, distraer mi mente de todo esto aunque sea por un breve momento. — Treinta. —Sonríe a lo cual asiento. — Me llevas tres años. — ¿De verdad? —Dice boquiabierta como si esto fuese la gran cosa. — Sí, pronto cumpliré mis veintisiete. — ¡Que emoción! Pensé que usted era contemporánea con el príncipe. — Supongo que no. —Sonrío tímida y camino hacia la puerta de la habitación— Tampoco es para tanto, la edad es lo de menos. — ¿Sería muy atrevido de mi parte, si le pregunto qué regalo le hizo al príncipe? —Se sonroja— Digo… Lo pregunto porque ha de ser difícil regalarle algo a una persona que lo tiene todo. Palidezco, Henry en ningún momento me ha mencionado lo de su cumpleaños. ¿Cómo no me di cuenta? ¿Hace cuánto fue? Estoy tan absorta de todo desde que lo he conocido. Rayos... Vivo en la luna. Trago saliva con fuerza y le esquivo la mirada. — A veces, los detalles más simples, hacen la gran diferencia. —Musito y finalmente abro la puerta— Hasta mañana, Valeria. Gracias por todo, que estés bien. Y sin más, huyo de su presencia. — Hasta mañana, señorita Eli. —La escucho decir en medio de la puerta de la habitación. Camino sin rumbo por los largos y anchos pasillos por largos minutos y cuando estoy por descender unas escaleras aunque algo oscuras, una suave mano rodea mi antebrazo. — Buenas tardes, señorita DeMarco. Me giro y ladeo una sonrisa al ver al hombre frente a mí. — Buenas tardes, Liam. — ¿A dónde pensaba ir? —Pregunta frunciendo los labios, como si estuviera… — Hmmm. —Miro hacia las escaleras y la oscuridad que veo en ellas es abrumante— Pues… Por allí. — ¿Al cuarto de máquinas? —La sonrisa en su rostro ya es inevitable. Ahora entiendo la oscuridad que proviene de las escaleras. Y no puedo evitar reírme. — ¡Vale, me agarraste infraganti! —Ladeo la cabeza— No sé a dónde ir, estoy perdida. — ¿Necesita un tour? — Te lo agradecería. Le sonrío y él me corresponde. Y haciendo un ademán con la cabeza, Liam me indica que lo siga, lo cual hago de inmediato. A los pocos minutos, me doy cuenta de lo agradable que es su personalidad y me alegra que Henry tenga personas como Liam a su alrededor, cuidando de su bienestar y seguridad. Y al recordar eso, detengo mi caminar y me pregunto en voz alta… — ¿Dónde está Henry? —Liam voltea a verme y frunce el entrecejo— Sí, a ver… Si tú estás aquí, él también. ¿Cierto? ¿Por qué no me avisó que regresó? ¡Quiero verlo! — No, él sigue fuera del palacio. — ¿Y por qué no estás con él? La seriedad en el rostro de Liam se intensifica. — Pensé que ya lo sabía. —Se aclara la garganta— Estoy aquí para cuidarla, a petición del Duque, usted necesita protección, así que él me pidió protegerla. Mis labios se resecan, recordando lo escuchado el otro día. Claro… Ya lo recuerdo perfectamente. De cuando los estuve espiando. ¡Y Henry me lo dijo antes de irse está mañana! Frunzo los labios y lo miro fijamente, pues aún tengo muchas preguntas. Nunca pude saber quién lo cuidaría… — ¿Y quién lo cuidará a él? Eres tú su hombre de confianza. ¡Henry me lo dijo! El sonríe ahora. — Y es por ello que estoy aquí —Su semblante deja de ser tan serio—. No se preocupe por él, siempre tiene a los mejores guardaespaldas de toda la ciudad a su alrededor. — ¿Cómo puedes estar tan seguro? El ladea una sonrisa. — Porque cada guardaespaldas que forma parte del equipo de seguridad del príncipe, a sido preparado y supervisado por mí. Ante eso no tengo nada que responder pues siento que me a dado un buen jaque mate, así que asiento levemente la cabeza y retomo mi caminar a lo cual, él me sigue de cerca. Cabe acotar, que me fue inevitable no darme cuenta de su atractivo. El Liam tiene lo suyo y estoy segura de que si Thaiz o Elena lo conocieran, querrían devorarse por completo al pobre hombre. Pensar en ellas, me hace recordar cuanto las extraño y lo mucho que ya tengo sin verlas. Porque sí, cinco días es mucho tiempo. Me gustaría verlas pronto, tenemos tanto de qué hablar, yo tengo tanto que contarles… Necesito a mis amigas. Sé que quizás, con el pasar de los días, posiblemente me sienta sola aquí mientras Henry no esté. Ya en planta baja, observo las habitaciones y entre tanto en tanto, me topo con la hermosa biblioteca. Sonrío y me adentro en ésta sintiendo de cerca los pasos de Liam, quien se detiene a cierta distancia de la mía. — Esto es una belleza… —Murmuro en voz alta. Cuando entré por primera vez hace unos días, no tuve la oportunidad de mirar más de lo que hubiera querido, pues me distraje suficiente con la hermosa vista que la presencia de Henry emana. Subo las escaleras que dan al nivel superior he inspecciono los grandes estantes abarrotados de libros antiguos, llenos de historia e inmenso valor tanto económico como de historia. Me siento en un pequeño pero muy cómodo y acolchado mueble mientras observo con detalle los acabados de la tapa dura del libro que mis manos ahora sostienen. Y al abrirlo, confirmo lo que ya presentía, este libro es auténtico, nada de imitación u copias baratas. Es un libro auténtico de la grandiosa novelista, Jane Austen. Olerlo entre páginas es mi deleite y a mitad de mi lectura de la hermosa obra Emma, siento mi estómago gruñir y una mueca se alza en mis labios. Tengo hambre. No he desayunado, Henry tampoco lo hizo antes de irse. Nos despertamos tarde de todos modos, o bueno, eso creo. Con cuidado, cierro el libro y lo llevo entre mis manos conmigo. ¿Creo que no habrá problema si llevo esta reliquia para terminar de leerla cómodamente en mi habitación… O sí? Pensativa, termino de bajar las escaleras y Liam aparece de la nada. Sonrío con ternura y le pregunto: — ¿Crees que haya problema si tomo este libro prestado? Quisiera terminar de leerlo en la habitación. — No lo creo... —Me devuelve la sonrisa y sus brillantes dientes blancos resaltan— Pero le sugiero que lo registre en el cuaderno. — ¿En el qué…? —Susurro atónita. — Venga conmigo. —Musita y lo sigo de cerca hasta llegar a un pequeño escritorio— ¡Aquí! —Señala— Debe escribir el nombre del libro, autor, la fecha en que inicia el préstamo, número u sección del librero y su firma. O también su nombre, como usted lo prefiera en este caso. Su mirada y la mía se encuentran al momento en que él se vuelve hacia mi persona, ambas miradas firmes, fijas en la otra. Y debo decir, que el chico posee un rango de seguridad tenaz. Intimida. Aunque no en un mal sentido, por suerte. Trago saliva y al aclarar mi garganta, musito: — ¿Dónde firmo? — Aquí. —Vuelve a mostrarme. Sigo la dirección que su dedo índice muestra y procedo a firmar y colocar todos los datos. Al terminar, me encamino hacia la puerta pero me detengo al escuchar a Liam reírse, me doy vuelta para ver cuál es la gracia o lo que tanto le a hecho reír y entré risas, lo escucho murmurar: — Esa no es la puerta de salida. — ¿Cómo que no? — No, ¿Quiere ver? — Pero si por aquí fue donde entramos… Le digo mientras lo veo pasarme por un lado y abrir la puerta por la cual yo pensaba salir. Y cuando la abre, suelto una carcajada. — Esta es la habitación de archivos y almacenamiento. Y aquella puerta… —Hace un ademán con la cabeza— Es la de salida, por lo qué… Es la puerta donde entramos. — Hmmm... —Frunzo mis labios aguantando las ganas de reír— ¿Cómo le haces para no perderte aquí? Este palacio es inmenso. Y las puertas de las habitaciones todas son iguales, es casi imposible no confundirse. Le digo mientras me encamino de nuevo, pero esta vez hacia la puerta correcta. — Nada es imposible, señorita DeMarco, mucho menos, en cinco años de servicio. — ¿Tanto tiempo? —Digo y dejo la puerta ha medio abrir para voltear a verlo. — En realidad, son diez años trabajando para la familia real, pero cinco junto al Duque de Leith. — Oh vaya, interesante. —Le sonrío y retomo mi salida de la biblioteca— Te debe gustar mucho lo que haces. ¿Cierto? —Detengo mi caminar de repente y su pecho casi choca con mi hombro a lo que me disculpo, él también lo hace y sonrío tímida— Lo digo, porque pienso al respecto y para mí sería tan aburrido hacer lo que exactamente estás haciendo conmigo. Él ladea una sonrisa y camina junto a mí. — Sí, me gusta mucho mi trabajo, cuidar a las personas importantes es una gran responsabilidad. —Musita por lo bajo mientras abre una puerta y me invita a pasar. Voy a responderle, a decir algo, pero el olor de la comida me hace agua la boca y seguir de largo mi camino, dejándolo a él atrás. — Leíste mis pensamientos. —Susurro mientras me adentro en la cocina— ¡Huele delicioso! Todos en la cocina detienen lo que están haciendo ante mi presencia, pero no les presto atención sino que me encamino directo hacia una señora que trae en manos una bandeja de camarones bañados en alguna especie de salsa roja. — Buenas tardes, señorita DeMarco. —Dice con una gran sonrisa mientras me acerco y le correspondo— ¿Desea probar? La sonrisa en mi rostro se ensancha y todos en la cocina sonríen. — Esperaba que alguno de ustedes me dijera exactamente eso. ¡Muero de hambre! —Chillo emocionada. — Con gusto, claro que sí. Ya le sirvo una pequeña muestra del menú para el almuerzo, señorita. — Oh, muchas gracias. —Le sonrío. Segundos después, el jefe de la cocina llama mi atención y al mirarlo, él me señala un pequeño espacio que me a hecho en medio de la gran isla de la cocina. Llego hasta él y me siento en el taburete de madera que otro empleado de la cocina a traído para mí. — Gracias, que amables todos. —Musito encantada. — No se preocupe, nos alegra tenerla aquí, es lindo ver la realidad. —Dice el señor, el que parece el chef líder— Porque, ahora sabemos con quién pasaba tanto de su tiempo el príncipe Henry, ya casi ni comía nuestra comida y ahora, desde que usted llegó, hemos vuelto a la cocina como antes. Todos se ríen y me sonrojo. Apenas y tengo días aquí, bueno, técnicamente solo desde ayer, pero los demás días intercalados creo que también deben contar, pues aquí he comido esos días. Pero ¿Cómo es eso de que Henry casi no pasaba tiempo en el palacio? Trato de analizar la situación y… Bueno, seguramente mucho de ese tiempo lo pasaría con su ex y también ejerciendo sus labores reales. Así que mejor ni pregunto. La linda cocinera que me ofreció una porción del menú para el almuerzo, aparece con la bandeja y en ella, varios pequeños platos que contienen un poquito de todo lo que será servido a la hora de la comida. Ante el olor tan delicioso, la boca se me hace agua de nuevo y levantó la mirada hacia ella para dedicarle una gran sonrisa. — Muchas gracias. — Que lo disfrute, señorita. Espero sea de su agrado. Ladeo la mirada hacia Liam y le ofrezco. — ¿Te gustaría probar? — No, estoy bien, señorita DeMarco. — ¡Ayy! Pero que formal son todos. —Ruedo los ojos y varios se ríen— Me hacen sentir como si fuese alguien muy importante. — Lo es, señorita. —Dice el chef líder y lo miro— Es la novia del principe Henry, y eso ya la hace muy importante. Decido no responder pues las palabras de Henry merodean mi cabeza y se supone que lo que el señor a dicho, es la realidad. Ser prudente y decente. Respetuosa y considerada. Discreta y elocuente. Educada y amable. Esas fueron las palabras de Henry. Él los quiere y respeta a todos y si él lo hace. Entonces, por supuesto que yo también. — Gracias. —Sonrío tímida y procedo a probar la comida mientras todos se dispersan reanudando sus labores. Me deleitó con todo el contenido, no dejó nada del menú que me ha sido puesto en los pequeños platitos con muestras de lo que será nuestro almuerzo. La verdad es que si no estuviera rodeada de tantas personas, hasta los dedos me chuparía y pasaría por los platos. Sonrío ante ese pensamiento, pues suelo hacer tal cosa junto a mi hermano cuando estamos juntos y bromeando. Todas las muestras del menú estaban deliciosas. No dejé nada en los seis pequeños platos y a decir verdad, quedé con apetito. Pero me esperaré hasta que Henry llegue. Tampoco quiero parecer una loca glotona y descortés. Conversé unos minutos con todos en la cocina y el chef líder, quien lleva por nombre Doménico, me enseñó su lindo cuaderno de recetas y quedamos en que los próximos días me enseñará a cocinar su delicioso pozole. Nunca lo había probado, hasta hora. Pero él me hizo saber, que era uno de los platos favoritos de Henry. Y se supone, que como su querida “Novia” a mí me debe interesar todo lo que a él le guste. Cosa que en el fondo, sí me interesa. Porque para qué mentir u ocultarlo, Henry me gusta. Aunque bueno, eso ustedes ya lo saben. Saliendo de la cocina, me encamino por el largo y ancho pasillo hacia el salón principal que da hacia la puerta también principal del palacio. La cual, obviamente está cerrada y al lado de esta, dos guardias reales la resguardan. A mí espalda están unas escaleras que sobresalen ante todo pues su belleza es de ensueño, éstas llevan a la planta superior y decido ascender sobre ellas, estoy cansada y el tour para mí ya ha terminado. Sin Henry a mi lado no tiene sentido, pues a decir verdad, me gustaría conocer el resto del palacio a su lado. — Señorita DeMarco… —El llamado de Liam hace que me detenga a mitad de camino en el centro de la gran escalera. — ¿Sí? —Me giro para verlo. — Tiene una llamada importante. — ¿De quién? —Susurro en un hilo de voz mientras frunzo el ceño— No traje mi teléfono conmigo. — El Duque quiere hablar con usted. —Murmura al llegar a mí y entregarme su teléfono. Asiento encantada y le agradezco. A continuación, llevo el teléfono a mi oído y murmuro: — Hola… — ¿Por qué no tienes el teléfono a la mano? —Murmura irritado— Te he llamado constantemente, ya estaba preocupado. — ¿Todo está bien? —No puedo evitar preguntar ante su tono de voz. Me genera mucha curiosidad saber si algo pasó. — Necesitaba oír tu voz. —Dice ahora con más calma— ¿Tiene eso algo de malo? — No. —Sonrío tontamente. Ay Dios mío… Fréname la cosa que me estoy yendo de lleno y por completo. — ¿No has tenido inconvenientes? —El pregunta, como siempre preocupado por mi integridad. — No, la verdad es que todos han sido muy amables conmigo. — Me alegra escuchar eso. De verdad… Porque no quiero que nada te perturbe. ¿Lo sabes, verdad? Muerdo mi labio inferior y le doy la espalda a Liam. Mientras que con la otra mano aferro el libro que saque de la biblioteca contra mi pecho. — Basta… —Musito seducida ante su dulzura— Hasta ahora todo a sido muy agradable, aunque tú compañía lo es mucho más. Lo escucho suspirar y mi corazón salta de emoción. ¿Qué extraño es esto, no? Esta loca sensación de necesidad que ahora todo mi ser siente locamente por él. — Necesito… —Su voz pierde fuerza. — ¿Qué necesitas? —Digo con voz entrecorta. — Estar en tus brazos, hacerte el amor. Que me hagas sentir que todo va a estar bien. Vuelvo a morder mi labio inferior porque en realidad, eso es lo que justamente quiero hacer y necesito también de él. Pero hecho a un lado mis pensamientos, deseos y sentir, y me enfoco en lo que presiento con su tono de voz. — ¿De verdad tú estás bien? — No del todo... —Resopla— Tuve un inconveniente con Santiago, otra vez. — Oh vaya… —Lamento con sinceridad— Cuanto lo siento, de verdad. — Yo también, jamás hubiese deseado que todo acabase así. Pero él lo está haciendo muy difícil. — No sé que decir… Quisiera ayudarte, pero no puedo más que sentir culpa. Él está celoso y molesto de mí y con toda razón. Henry guarda silencio por largos segundos, que se hicieron eternos ante mi pesado sentir. — Está celoso porque por ti he hecho todo lo que por él nunca hice —Dice al fin—. Está celoso, porque lo nuestro ya no tiene remedio y porque ahora sabe, que tú llegada a mi vida, de alguna manera jamás tendrá fin. — No digas eso… Ustedes se quieren, quizás vuelvan y yo… —Mi voz decae sin querer— Regresaré a dónde pertenezco, a casa. — ¡Tú no digas eso! —Afirma severo— Te pedí una oportunidad para hacerte cambiar de opinión. Eres mía por las próximas tres semanas y quizás más. — Henry… — ¡No! —Espeta— Solo llamaba para decirte que me atrasare un poco mientras termino de resolver este inconveniente —Y sentencia a continuación—. Esto no cambia nuestros planes. Quiero que me esperes lista, estoy ansioso por nuestra primera cita. — Okey… — Musito en un hilo de voz y la llamada finaliza. Cabizbaja, le devuelvo el teléfono a Liam y retomo mi subida en la interminable escalera. Le pido a Liam que me guíe de regreso a mi habitación y al llegar, me despido de él y cierro la puerta. Mientras corro hacia el armario y luego hacia el baño, me deshago de la ropa que cargo puesta y me sumerjo bajo la regadera sin encender el calentador de agua. Los pequeños vellos de toda mi piel se erizan, mi vista se nubla y mi corazón se agita con angustia. Odio ser un problema para todos los que me rodean. No hago más que perturbar la vida de los demás. Incluso la mía con mis acciones. Quizás, si no hubiese tomado como la propia loca esa noche, jamás hubiese conocido a Henry y por lo tanto, jamás hubiese entorpecido su maravillosa vida.
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