Capítulo 13

3884 Words
No tengo ánimos para nada de citas y aunque después de ese baño con agua fría pude calmar mi ataque de ansiedad, no pude quitar mi decaimiento emocional. Pero a pesar de todo ello, estoy arreglada y a la espera de Henry mientras hablo por teléfono con mi amiga Elena, para distraerme un rato. — ¡Eres una suertuda! —Chilla— Y una mala amiga, por no contarme antes que eras tú la chica del periódico, como lo hiciste con Thaiz. Ella se refiere a cuando los paparazzi nos captaron por primera vez saliendo del palacio tomados de las manos. Esa fue la publicación que desató toda esta locura y por la cual ahora, estoy viviendo aquí. — Thaiz lo supo de pura casualidad al igual que yo, Elena. —Sonrío— Además, seamos sinceras, ella es más discreta que tú. — ¡Pero cómo te atreves! —Se hace la ofendida y luego suelta una risotada— Soy un pan de Dios en la discreción. — Un pan tostado que se desase por la desesperación que el chisme le genera. —Replico— Igualmente, así te quiero. Ambas nos reímos. — ¿Cuándo podemos vernos? ¡Necesito ese chisme completo! —Dice con euforia. — Pronto, he estado pensando en eso, no creas que las he olvidado —Suspiro—. Al contrario, las extraño mucho. Si supieras todo por lo que he pasado, Elena… — ¿Todo está bien con él? —Pregunta nerviosa— ¿Te trata bien? Sonrío ante esa última pregunta. — Es que si lo vieras, es el hombre más atento que he conocido en toda mi vida, Elena. — Bueno… Tampoco es que has conocido a muchos. —Ese comentario nos hace reír de nuevo. — Cierto. — Entonces… ¿Todo está bien con él? — Sí, Henry es un hombre maravilloso, no tengo nada malo que decir al respecto. Es solo que… —Guardo silencio unos instantes— No todo es lo que parece o como lo pintan los medios, algunas cosas suelen ser complicadas. Mi familia, no lo está haciendo ameno tampoco. — Ay amiga, lo siento. —Murmura sinceramente— Pero sí, eso es cierto, Annie es una arpía y tú madre ni se diga, estoy sorprendida con sus declaraciones a los medios. — Lo sé, pero no esperaba menos, a este punto. — ¿Tendrán repercusión entre ustedes tales declaraciones de Annie? No creo que la familia real este muy contenta con las declaraciones de tú familia ayer en la noche. — Ni yo lo estoy y acabo de verlas, no sé sí Henry esté al tanto. Cuando hablamos hace unas horas no mencionó nada al respecto, así que no sé a ciencia cierta cómo esté lidiando su familia con esto. — Que sepas que a mí y a Thaiz nos han contactado de los medios pero nos hemos negado a dar declaraciones, no nos creemos con derecho a ello y tampoco queremos hacerlo sin tú consentimiento. — Muchas gracias, amiga. Te lo agradezco. — Sé que me gusta el chisme y a veces hablo demás, pero eres mi mejor amiga y jamás haría algo que te perjudicaría públicamente. — Lo sé, Elena y por eso te quiero. —Sorbo mi nariz, las emociones abunden, necesitaba escuchar aunque sea a una de mis amigas— Muero por verte y contarte todo, pero primero debo consultar con Henry. Ahora con esto de las declaraciones de mi familia, lo que menos quiero es seguir dando molestias, espero diga que sí y pueda invitarlas aquí. O ir a sus casas, pero no sé si pueda hacer eso aún. — ¡Oh por Dios! Olvídate de eso, prefiero lo primero. Imagínate yo dentro de ese palacio desfilando todo este monumento que me gasto de cuerpo —Me río en voz alta—. Fui hace años, en una de las aperturas al público, pero no se podía recorrer todo el lugar. Así que no lo disfruté mucho que digamos. Pero lo poco que ví, me dejó volando y soñando. — Ay Elena, eres todo un caso... —Murmuro entre risas— Si me vieras, vivo perdida entre tanta grandeza y sus dimensiones, no me ubico entre tantas habitaciones. Es inmenso y tiene tanto por recorrer, esta mañana mi guardaespaldas me hizo un pequeño tour, pero no continúe porque la verdad me cansé. — ¡Tienes guardaespaldas! —Chilla. — Sí, Henry designó a su hombre de más confianza para mí protección. — ¿Es en serio? — Que te digo, que Henry es un hombre maravilloso. —Repito. — ¡Ahora sí que no lo dudo en lo absoluto! —Vocifera emocionada— Oye… ¿Y está lindo el guardaespaldas? Me río. Sabía que preguntaría eso. — Te aseguro que sí. Pero no más lindo que mi príncipe azul. — Ah bueno, ese ya es otro asunto. —La escucho suspirar— Elicia, sabías que… La voz de Elena se hace eco cuando me percato desde el balcón de mi habitación que dos camionetas negras están ingresando a la propiedad, me apresuro a esconderme tras la ventana pues recuerdo de inmediato lo que Henry me advirtió, eso de no abrir mucho las ventanas ya que nunca falta un curioso mirando por telescopio. Cuando las camionetas se detienen frente a la puerta principal, bajo la mirada lo más que puedo desde mi escondite, para ver quién a llegado. Tres guardias reales salen de la segunda camioneta y dos de la primera, estos últimos abren la puerta trasera y de ella sale Henry. Seguido por una joven mujer de muy elegante vestir, quién sale de la segunda camioneta. Ambos desaparecen de mi vista al ingresar al palacio y de inmediato cierro la puerta corrediza de mi balcón y me adentro a la habitación. — Elena, me tengo ir, Henry a regresado y viene acompañado. ¡Te llamo pronto! — Oh, está bien. ¡Te quiero! — También te quiero. Finalizo la llamada y corro hacia mi cama dejando el teléfono en la mesita de noche. Busco el libro de Emma oculto bajo la almohada, y le hecho una ojeada hasta donde lo deje por última vez antes de arreglarme hace una hora. Pues Henry ya tiene de retraso casi dos horas. Finjo que estoy leyendo, pero obviamente no lo estoy haciendo. Es solo una distracción mientras espero a que él aparezca en cualquier momento irrumpiendo en la habitación. Pero no lo hace, sino hasta casi media hora después, cumpliendo así, sus dos horas de retraso. Creo que voy anotar eso. — Hola… —Susurra mientras me pongo de pie y lo veo venir hacia mi. Sus manos invaden mi cintura, se aferran a la suave tela del vestido que cubre mi piel un tanto pálida a falta de sol y segundos después, sus brazos rodean mi espalda en un fuerte abrazo. Huele fresco, delicioso, a jabón de baño mezclado con el aroma de su costoso perfume de Hugo Boss y eso me hace saber que se dió un baño recientemente, quizás por eso aparece ahora cuando hace media hora que lo vi llegar. Su intenso respirar mezclado con su fuerte abrazo me hace también saber y sentir, que su día hasta ahora no ha ido del todo bien, igual que el mío. Así que le correspondo su abrazo con la misma intensidad y fuerza que él me evoca. — ¿Cuánto se puede extrañar a una persona? —Susurra contra mi cuello y mi piel se eriza— ¿Cuánto como yo a ti? Sus labios besan mi cuello y luego descienden hasta mis mejillas, para sellar así su camino en mis labios, quienes lo reciben con todo gusto. Mis manos cubriendo y acariciando su cabello lo incitan a aferrarse a mi boca, a no soltar mis labios y acariciar mi alma con sus besos llenos de fuego, necesidad y pasión. Su lengua jugando con la mía me hace apretar mi pecho contra el suyo en nuestro cálido abrazo y sus manos en mi espalda, ahora bajan lentamente hasta apoderarse de mi cintura y luego con sutileza, de uno de mis glúteos, sonrío entre besos ante esa acción, pero en cambio, Henry gime con perspicacia ante su travesura. — Tengo a alguien que presentarte —Dice en voz baja al terminar de besarme con esa boquita matadora—. Mi prima Stella está de visita en la ciudad y se quedará en el palacio unos días. — ¿De verdad? —Palidezco. No la conozco, tampoco sé quién es. No es que yo sea muy seguidora o conocedora de todos los miembros de la familia real. Y de hecho, pesándolo bien, ella será el primer m*****o de la familia que conoceré y eso es algo que no esperaba hacer todavía, no por los momentos. No tan pronto. Al parecer Henry puede leer mis pensamientos y su abrazo reconfortante, me lo hace saber. — Tranquila, todo estará bien. No hay que temer, ella es de las buenas. —Me sonríe— Somos primos cercanos. Aunque… —Su semblante cambia repentinamente— Le advertí que sea amable, ella es cercana a Santiago, son amigos y por desgracia no entiende muy bien lo que a pasado. — Oh… —Vaya, parece que esto no pinta para nada bien, si ella es su amiga obviamente ya tomó partido— Interesante. — No te dejaré sola —Asegura—. De igual manera, no creo que Stella se atreva a salir con una grosería. Me respeta, ambos nos respetamos. —Suspira— Solo quise ser precavido, tanto con ella como ahora contigo, pues no quiero que por esa confusión ella piense de ti lo que no es. —Aspira con fuerza— Porque a este punto, no sé lo que le ha dicho Santiago o si tan siquiera han hablado. No quise preguntar. — Está bien. —Asiento aparentando calma. Pero la verdad es que estoy tan nerviosa, que hasta estoy que me orino encima. — ¿Supiste de las declaraciones de mi hermana Annie? —Murmuro apenada al recordarlo y así cambio de tema. — Sí… —Asiente con la cabeza, mirando hacia la puerta— Y la verdad es una pena, pero por ellas —Se ríe, lo cual me sorprende—. En mi opinión y la de muchos más, tú madre y hermana hicieron el ridículo. Con todo el respeto que mereces, claro está. — ¿Entonces no estás enojado? El frunce el entrecejo. — ¿Y porqué lo estaría? — Por tú familia. ¿Esto no nos trae más inconvenientes con ellos? —Dejo de mirarlo— ¿Que estarán pensando de mí…? Ellas me hacen ver como si yo fuese una aprovechada y oportunista. ¡Y no es cierto! — Lo sé, bonita. —Sus manos acarician mis mejillas— Y no, no hay inconvenientes con mi familia hasta ahora, porque he dejado claro que todo lo que ellas dijeron no es cierto, es totalmente falso. Y si hubiera problemas con mi familia, créeme que haría todo lo que esté a mi alcance para acabar con ellos. — ¿De verdad? —Sorbo mi nariz, las ganas de llorar son abrumadoras pero me resisto— No quiero seguir dándote problemas, mucho menos con tú familia. Él aleja su rostro unos centímetros del mío y me hace saber su descontento ante mi pensamiento. — ¿Pero quién te ha dicho que me das problemas? —Espeta atónito. — Bueno… —Tartamudeo— Santiago y tú… Me interrumpe. — Mi relación con Santiago ya estaba mal cuando te conocí, por no decir que estaba rota —Afirma—. Así que tú no tienes culpa de ello, al contrario, conocerte fue mi salvación, mi escape para no volver a recaer posiblemente en algo tan tóxico como lo fue nuestra relación. —Su rostro regresa a mí, cerca del mío— Esa noche, cuando nos conocimos… Fui al club para concluir la historia con él, quise verlo en un lugar público y no a solas, en un lugar donde no pudiera manipularme. Porque créeme… él es bueno en eso —Esa confesión me hace parpadear continuamente—. Pero ni siquiera llegué a la mesa, ni siquiera llegué a verlo pues a mitad de camino, me cruce con otro conocido, nos quedamos hablando y olvide el verdadero motivo por el cual estaba allí. — ¿Lo dejaste plantando? — Técnicamente, sí. — Oh vaya… Por eso cuando nos vió al día siguiente estaba tan alterado, ahora lo entiendo. —Me sonrojo. — ¡Sí! —Asiente— Y luego cuando ya me iba de club, apareciste tú. —Dice sonriente al rozar su nariz con la mía— El mejor regalo de cumpleaños. Mis ojos se abren de par en par al recordar lo que Valeria, la modista, me dijo esta mañana. Hace unos días fue el cumpleaños de Henry, quiere decir que… — ¿Esa noche fue tú cumpleaños? —Susurro— ¿Verdad? Él sonríe con ternura, como nunca antes lo había visto sonreír en casi toda esta semana que llevo de conocerlo. — Como te decía, mi prima Stella… — ¡Henry! —Chillo interrumpiéndolo— ¿Porqué no me lo dijiste antes? — ¿Y cuál es la diferencia? —Ríe con ternura— Cuando amaneció, ya no era mi cumpleaños. — Pero… ¡Ay! —Gimo triste— Quizás mi reacción hubiera sido diferente, más cordial. ¡Que se yo! — Pues a mí me encantó tú reacción, fue autentica. Me encantó porque fuiste tú y no aparentaste justamente eso… Falsa cordialidad. Su respuesta me hace sonreír y mordiendo mi labio inferior, dejo de mirarlo para ahora mirar nuestras manos entrelazadas. — Conocerte esa noche también fue un regalo para mí —Digo al fin después de pensarlo tanto—. Lidiar con la tortura que he vivido en casa de mis padres… Bueno, de mi padre. Ya no estaba siendo fácil para mí, así que salir con mis amigas se había vuelto mi hábito y escape casi diario. — Con toda razón, Elicia. No te culpo. Lo que has vivido no es algo que a de ser fácil con lo que lidiar para casi nadie y mucho menos a diario —Suspira—. Y sabes, admiro esa fortaleza que emanas para afrontar la situación a pesar de todo. Aprieto mis labios ante su comentario, pues él realmente, en el fondo no sabe el daño que todo esto me a causado y lo mucho que he llorado. Ni siquiera yo estoy del todo consciente de cuanto es la magnitud del daño emocional. — Es que aún me cuesta entenderlo —Suspiro—. No entiendo porqué ella me hace esto. ¿Por qué tanto rencor hacia mi? Yo nunca le he hecho nada, mucho menos a mí hermana. — Supongo que su cariño hacia ti en el pasado fue fingido, como insinuo tú padre en el vídeo. —Dice mientras me acaricia la mejilla— Pero se nota claramente, que no pudo soportar el hecho de que tú padre haya estado enamorado de alguien más antes de conocerla. Y que por eso, nunca pudo quererla. Asiento de nuevo dándole la razón pues esa es una buena conclusión y a continuación aprieto mis manos contra su amplio pecho. Mis uñas rasguñan con suavidad la tela de su fina camisa de vestir mientras que su mirada busca la mía un tanto perdida en pensamientos. Lo que Henry a dicho tiene mucho, pero mucho sentido. Requelle solo fingió su cariño hacia mi para ganarme desde un principio, a sabiendas de que necesitaba un cariño materno y así ganarse de nuevo a mi padre de alguna manera. No puedo creer que hasta hace unos pocos años permití que ella hiciera de mi vida un infierno y ahora, por poco, lo permito de nuevo. La mujer que creía mi madre, resultó ser una víbora, pero de esas africanas, pues justamente esas, no tienen cabida ni piedad y la paciencia es su mejor don. El más fulminante. Ladeando la cabeza para mirarlo, susurro: — ¿Estás seguro de que no tendremos problemas con tú familia? De verdad no quiero que… Henry me deja sin aliento al plantarme un beso de esos que me vuelven loca y me llevan al borde del éxtasis, para segundos después, acorralarme contra la puerta. Y entre besos, me susurra: — Nosotros dejamos algo pendiente justamente aquí, si mal no recuerdo… Hace unos, quizás dos días. Gimo ante su imponencia y su matadora mirada seductora y ante la tentativa de sus hermosos labios rozando los míos. Rayos, nunca jamás me había sentido así por ningún otro hombre, siento que con solo verlo a los ojos, puedo volar a las puertas del cielo y extender mis manos para darle la más cálida bienvenida al clímax más abrumador y delicioso de toda mi vida. — Henry… —Vuelvo a gemir, pero esta vez diciendo su nombre en una voz tan bajita, que apenas creo y él pudo oírme. — Sí, Elicia… —Gruñe contra mi boca— Aquí estoy, a tú merced. Me sonrojo ante su comentario, porque creo, si mal aún no pierdo mis sentidos, que la que está a su merced soy yo y no al revés. — Has dicho que tienes a alguien que presentarme… Tú prima Stella… Él me interrumpe. — Y una mierda, ella puede esperar. —Espeta con su voz más ronca de lo que alguna vez pueda ser posible y termina de acorralarme por completo contra la puerta. Mis piernas envuelta alrededor de su cintura y sus manos sujetando con fuerza mis muslos, le dan la facilidad para descender hasta mis glúteos y así subir mi vestido hasta la altura de mi abdomen. Gimo ante su sutil y suave caricia de sus manos en mis glúteos y ante sus arrebatadores besos desbordantes de pasión, lujuria y deseo. Una de sus manos abandona su caricia en mi glúteo y asciende hasta mis hombros para echar hacia a un costado las ambas y finas tiras de mi vestido, dejando al descubierto mis pechos, a lo que lo escucho gemir cuando ve como mi pezón se eriza ante el calor de sus caricias y mi creciente deseo a ser tomada por él. Henry muerde su labio inferior y a continuación, no duda ni un segundo más en abordar mi pezón y hacerme perder la razón ante la succión, besos, mordiscos suaves y lamidas consecutivas, que ejerce en el con evidente pasión. Mis manos alrededor de su cuello se aferran a él y lo incitan al mismo tiempo a no detenerse. Su otra mano azota mi glúteo con fuerza y luego desciende hasta mi intimidad, desgarrando mi prenda interior para luego, solo instantes después, acariciar mi entrada vaginal y comprobar mi obvia excitación. — Tan mojadita… —Gime ahora contra mi boca después de abandonar mis pechos, a lo que también gimo en respuesta— Duro y constante, bonita. Seré duro y constante. Ruedo los ojos abordada por el placer ante su último comentario y también acto, pues su mano está torturando mi centro de placer sin piedad. Él está torturando la zona más sensible de todo mi cuerpo. Sí, esa… Mi clítoris. Su dedo índice desciende sobre el de arriba abajo con una lentitud y precisión que enloquece. — Ah… —Jadeo con fuerza ante su destreza y un segundo después, escucho levemente como el cierre de su pantalón de vestir cede— Por favor. —Suplico en un hilo de voz. — Di que sí… —Gruñe en voz suave contra mi boca y siento la cabeza y el gruesor de su m*****o deslizándose sobre mi clítoris y mi entrada vaginal. Gimo en respuesta y ladeo la cabeza hacia un lado, exponiendo mi cuello a la merced de sus labios. Mis uñas se aferran a su acuello y sin medir la fuerza y si lastimo su hermosa piel. Lo que a él parece no importarle en lo absoluto. La punta de su m*****o presiona contra mi entrada vaginal, pero no entra, lo cual me hace gruñir de frustración ante su tortura. — ¡Por favor! —Suplico en un gemido. — Di que sí. —El repite. Asiento desesperada y con los ojos muy cerrados, casi duelen de lo apretados que están, concentrada en su totalidad en lo que estoy sintiendo. Mi corazón late descontroladamente. Siento que me voy desmayar, pero es gracias al placer que él evoca en mí. — No te escucho… —Murmura en tono muy cariñoso y entre besos contra mi oído. — Sí. —Susurro sin más, seducida ante él, aunque sin saber a lo que le estoy diciendo que sí. — Te prometo que todo va estar bien. —Gime contra mi boca y su m*****o lentamente se introduce en mi interior— No quiero que me dejes… —Gimo en respuesta cuando su m*****o invade toda mi cavidad vaginal, sin prestar casi atención a sus palabras— Joder, eres tan estrecha. — ¡Henry!—Jadeo con fuerza ante sus lentas embestidas, sé que no quiere lastimarme y que se está tomando su tiempo para adaptar su m*****o en mi interior, pero necesito que me haga suya. ¡Ya! Lo necesito, estoy abrumada, muy deseosa y excitada. No creo aguantar demasiado, se me avecina un clímax arrasador, lo puedo sentir a la vuelta de la esquina y él me está volviendo loca con su tortura. — Se mía… —Dice entre besos— Di que sí. — Lo soy. —Gimo en respuesta— Soy toda tuya ahora. El sonríe, lo veo sonreír a pesar de tener los ojos entrecerrados. — Di que sí. —Vuelve a repetir y me embiste con rudeza, dándome justo en el punto G. — ¡Sí! —Chillo extasiada. — ¿No vas a preguntar a qué? Ignoro su pregunta y me dejo perder ante las riendas del placer, al sentir como sus embestidas suben de nivel y de como mi espalda choca contra la puerta una y otra vez. — Eres mía, Elicia. Eres mía ahora… —Dice al mismo tiempo que gira sobre sus talones y nos lleva de regreso a la cama. Al llegar, Henry se sienta en la orilla de esta, conmigo todavía en su regazo y me hace suya, me hace suya como si no hubiera un mañana. Me embiste con todas sus fuerzas, sin darme oportunidad de mecer mis caderas sobre él y me deja hasta sin habla, sin aliento y sin fuerzas necesarias para sostenerme por mi misma cuando el imponente clímax me aborda. Grito, chillo, lloro y gimo sin descanso hasta volver a perder el aliento al sentir un líquido caliente empapándonos a los dos. Seguidamente por las sacudidas de Henry, al también llegar al clímax sin poder controlarse. Cayendo de lado sobre la cama y llevándome entre sus brazos en el proceso. — Linda Elicia… —Dice entre jadeos— Tú me llevarás a la perdición y no creo conciliar una vida sin ti...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD