Los ojos de Ethan se tornaron fríos. Como un guepardo, salió disparado y le sujetó la muñeca a la intrusa. —¡Clang! La taza de té que sostenía Sarah cayó al suelo, haciéndose trizas. Un escalofrío gélido emanaba de lo más profundo de los ojos de Ethan. —Tienes mucho valor... atreviéndote a espiar. Sarah desvió la mirada con nerviosismo, evitando el contacto visual directo con Ethan mientras balbuceaba una explicación torpe: —Y-yo... vine a traerte té. ¡No estaba espiando! Ethan entrecerró los ojos, advirtiéndole: —Será mejor que digas la verdad. Si no, cancelaré toda la cooperación con la familia Miller. Sus labios delgados se apretaron con firmeza, desprendiendo una presión asfixiante. Sarah estaba completamente superada por su presencia dominante. Le costaba respirar, y asintió

