Capítulo 7

2653 Words
Esa rubia escuálida me había dejado con ganas de decirle unas cuantas cosas en la cara, pero para ser sincera prefiero callarme las cosas porque no soy tan mala persona como ella. Tyler al verme llegar se me abalanzó sobre mí dándome un fuerte abrazo y un beso, eso me hizo sentir mejor y aunque estuviera un poco distante con él le agradecía que estuviera ahí conmigo. Fui al vestidor al momento para poder cambiarme, esta noche solo asistiré con James y Tamy a la fiesta, Tyler se queda con los niños en casa para poder estar pendientes de ellos. Al salir de la ducha me puse una lencería negra de encaje, lo había comprado hace un tiempo y ahora tenía la oportunidad de ponérmelo, al ponerme el vestido me sentí como una diosa digna del olimpo, me cogí uno de mis tacones favoritos, en realidad esos tacones me los había regalado Max, pero eso ahora no importa, seguí arreglándome. — Voy a tener que replantearme seriamente eso de dejarte ir así de guapa —oigo que me dice Tyler apoyado en la puerta. — Pues vas a tener que fastidiarte —me río. — Estás preciosa, como siempre. Estoy seguro de que vas a dejar todos alucinados —me coge de la cintura girándome hacia él—. Es una lástima que no pueda acompañarte. — Gracias y lo sé, pero no pasa nada, me podrás acompañar la próxima vez que haya una fiesta como esta. — Estoy seguro de que lo haré. — Y ahora, si me permites, tengo que terminar o si no, no llegaré nunca. — Vale… —salió del vestidor dejándome terminar. Me había hecho un peinado suelto con algunas ondas, no me daba tiempo a hacerme un recogido en condiciones, así que no había quedado nada mal, cogí el bolso que había escogido y salí para despedirme de mis hijos, estaban tan monos con sus pijamas nuevos que le había regalado Tamy que me moría de amor. — Cuando estés llegando a casa mándame un mensaje —dice Tyler. — Tranquilo, no creo que me quede mucho tiempo. Solo voy a hacer contactos, recuerda —sonrío. — Está bien —no lo decía muy convencido. Me estaba esperando un coche en el portal para llevarme directa a la fiesta, me encontraría ahí con James y Tamy, me sentía algo nerviosa por cómo iban a surgir las cosas, sabía que iba a estar la prensa y para ellos Max y yo nos separamos hace tiempo, aunque no sea así, ahora solo me importaba causar buena impresión ante posibles socios y clientes. A un lado de la entrada se podía ver cómo un montón de cámaras hacían fotos, los flases te dejaban ciega y justamente en la entrada había una reportera con su micrófono esperando a entrevistar algunos de los invitados, no podía esquivarla así que me toco hablar con ella. — Señorita Davis, hacía mucho tiempo que no sabíamos de usted ¿Por qué ha estado tan ausente? ¿Por qué ha vuelto? — Muchas preguntas al mismo tiempo —me puse algo nerviosa y uno de los guardias me ayudo a entrar. Odiaba a esa mujer, era una mujer que solo hablaba de cotilleos que eran mentira solo para conseguir audiencia, era insoportable. Cuando entré había varias personas haciendo fotos y no tuve otra opción que tomarme unas cuantas, seguramente que a la mañana siguiente ya estarían las revistas opinando de los atuendos de los invitados, pero tampoco podía dejar a un lado que esta noche me encontraba espectacular. En el gran salón estaban todos los invitados hablando, tomándose una copa de champán y algunos bailando, estuve buscando en dónde se encontraban mi hermano y mi mejor amiga hasta que los vi en un lado hablando y tomándose una copa, Tamy por lo que veía solo un agua con gas. — ¿Cuándo llegasteis? —pregunté cuando me acerqué a ellos—. Pensé que nos íbamos a encontrar en la entrada. — Lo siento —me saluda James con un beso en la mejilla—. Tamara tenía que ir al baño y yo aproveche a hablar con algunos conocidos. — Sí, lo siento ¿Has podido esquivar a esa zorra? —refiriéndose a la reportera. — No, pero no conteste a ninguna de sus estúpidas preguntas. — Esa es mi chica —me guiña el ojo—. Por cierto, estás increíble, parece hecho para ti. — ¿Verdad que sí? Estábamos destinados. Tome una copa de champán y avanzamos para hablar con algunas personas que yo no conocía, aprovechaba para hablar de mi empresa y del gran trabajo que hacemos, básicamente lo que estaba haciendo es vender de la mejor manera, quería impresionar. Inconscientemente, no dejaba de mirar de un lado a otro cómo si estuviera buscando o esperando a alguien, pensé que iba a venir Max, que en algún momento se aparecería, pero no fue así, hace una hora que había comenzado la fiesta y aquí no estaba. — ¿Buscas a alguien? —me pregunta Tamy con el ceño fruncido y sonriendo. — No, ¿Por qué? — Pues lo parece —me sigue mirando igual. — Solo estoy observando si me ha quedado alguna persona por hablar de la empresa, nada más. — Claro… y por casualidad ¿No estarás esperando a un hombre llamado Maxwell? —la miré con los ojos bien abiertos. — Shh… no digas su nombre ni por asomo. — Venga, sabes perfectamente que es a él quién esperas. — Tamy, sabes bien que tengo que hacer esto o si no, no sabré nunca que es lo que pretende. — Adelante, cielo, tú sabrás qué haces. — Oh, venga ya —me marché a otra parte, tenía que coger aire fresco. Me había llevado una copa en la terraza, hoy había luna llena y el jardín se veía iluminado por ella, me agradaba estar sola cuando tenía un caos en mi mente, pero eso se iba a acabar. — ¿Qué haces aquí sola? —me sobresalté al notar que Max me susurraba al oído—. Perdona, no quería asustarte —sonríe y yo me quedaba sin aliento. — Estás molestándome, vete —caminé a otra parte, pero él cogió mi mano para acercarme a él, ahora estábamos cara a cara. — Entonces seré breve —dice mirándome fijamente—. Este fin de semana no voy a poder estar con la niña, así que me preguntaba si podría verla mañana antes de irme. — ¿Te vas? — A Chicago, tengo una reunión —no sé ni por qué le he preguntado, si ni siquiera me interesa lo que haga o lo que deje de hacer. — Ven mañana temprano, no quiero que despiertes a los demás. — Claro —me iba a marchar, pero otra vez me detiene. — Una cosa más. — Tú dirás —me crucé de brazos. — Tenemos que aparentar llevarnos bien ante la prensa, no puedo permitirme un escándalo. — Tranquilo. Siento que no he averiguado nada de que es lo que va a hacer en Chicago, pero si preguntaba más de la cuenta sospecharía de mí y tiene que pensar que no me doy cuenta de nada. Al volver a la fiesta me topé con la escuálida de Loren que me miraba fijamente con rabia, no tenía ganas de discutir con ella, así que volví para estar con los demás en la fiesta. Estuve un rato bailando con algunos conocidos y al rato veo que una persona quiere bailar conmigo, era alguien a quien no había visto nunca, pero era como si estuviera viendo a una escultura, sonreía de par en par y sus ojos me miraban como si nunca hubiera visto algo igual. — ¿Me permite un baile? —pregunta y su voz era como si estuviera escuchando una melodía encantadora. — Por supuesto y ¿Usted es? — Mijail Petrov —coge mi mano y la besa delicadamente. — ¿ruso? — Eso es —por la forma de hablar tenía la certeza de que era ruso. Me cogió de la cintura respetuosamente y comenzamos a bailar, no era por exagerar, pero ese hombre era como un dios, sus ojos azules como el cielo hacía que te perdieras en ellos, su sonrisa era contagiosa y su perfume era dulce y seductor, no tendrá más de treinta años y si fuera así que bien se ve, nunca le había visto hasta este momento. — Y dígame, señor Petrov ¿A qué se dedica? —me picaba la curiosidad. — Oh por favor, llámame Mijail —sonríe y yo me sonrojo—. Me dedico a la industria de textil, elaboramos todo tipo de materiales. Estoy aquí para ayudar a mi padre. — Vaya —no sabía qué decir, en el sector textil no hemos llegado a trabajar. — ¿Y usted? — ¿Yo? Eh bueno, soy dueña de una empresa de asesoría. — Eso es fantástico, cuénteme más —puso cara de interés. — Am bueno, llevamos poco tiempo, pero no me gustaría aburrirle. — Al contrario, me interesa mucho. Nos hace falta unos nuevos asesores y si su empresa es tan buena como he escuchado podría ayudarnos. — ¿De verdad? — Sí —se le veía interesado. — Entonces, quizás tengamos que concertar una cita para hablar mejor. — Perfecto —me guiña el ojo mientras sonríe. En ese momento nos interrumpe Max, marcando territorio como si fuera de su propiedad, era irritante y agotador. — Perdone la interrupción, pero la señorita Davis me debe un baile —le dice serio sin quitarle ojo. — Por supuesto —nos separamos y me da un beso en la mano para despedirse—. Ha sido un placer, señorita Davis, estaremos en contacto. — Claro. Para no quedar mal delante de todos los demás tuve que aceptar bailar con él, fingir que nos llevábamos genial, aunque ya no estemos juntos, no lo aguantaba. — ¿Ya estás contento? —mencioné molesta. — No pude evitarlo —ya estaba satisfecho por separarme de ese hombre—. ¿Quién era ese ruso? Ni siquiera se le entiende cuando habla. — A ti no te importa qué o quién deja de ser. — ¿Uno de tus ex? —no me puedo creer que me esté preguntando esto. — Juraría que estás celoso —sonrío mientras me da una vuelta. — Mucho —me pega a él. — Pues qué pena, bueno, no la verdad es que me da igual lo que sientas. — ¿Seguro que te da igual? — Claro, no me interesa nada que tenga que ver contigo. — Si es así, ¿Por qué llevas los tacones que te regalé? —me sorprendo, no pensé que se acordara de ellos. — Aún los tengo porque son muy bonitos, por nada más. — La realidad es —se acerca a mí para susurrarme al oído—. Que tiene valor sentimental, como todo lo que te he dado —quería darle una bofetada, pero llamaría la atención de todos y no quiero avergonzarme por ello. — Si tanto te preocupa, te los devuelvo, no los quiero, no quiero nada tuyo. — ¿A no? ¿Y el vestido que llevas puesto? —lo miré por un segundo—. Lo hice a hacer para ti, sabía que te iba a gustar. — Eres un —me contuve. Deje de bailar con él y salí de ese lugar, me aseguré de que no estuviera nadie para poder gritar a gusto, le odiaba tanto…, siempre tiene que interponerse en mi vida como si no pasase nada. Como me encontraba sola en el jardín pude dar vueltas como loca intentando calmarme, pero como siempre él tiene que venir a perturbar mi tranquilidad. — ¡¿Qué es lo que quieres?! Me estás volviendo loca, Max —dije alterada, esperaba que me dejase tranquila, pero su acción me sorprendió y no me lo esperaba. Se acercó a mí apoyándome en la pared, acorralándome. — Eso es lo que intento, volverte loca —me dice al oído y yo me estremezco—. Pero lo único que quiero es volverte loca en la cama ¿Lo recuerdas? ¿Te acuerdas de cómo te retorcías de placer pidiéndome que no parara de tocarte? — Max… —esto se estaba poniendo un poco caliente, sentía que mi corazón de me iba a salir del pecho, mi parte íntima palpitaba por la excitación que estaba provocando en mí. — Solo quiero que recuerdes lo bueno que era —estaba acorralada por sus brazos, podía defenderme y escaparme cuando quisiera, pero no quería. Quería que me besara y me cogiera en sus brazos. Max fue más rápido de lo que esperaba, sus labios tocaron los míos y nos fundimos en un apasionado beso que nos dejaba sin aliento, podía escuchar el bombeo de su corazón, sus manos en mi piel se sentían como fuego, quería quitarme la ropa ahí misma, deseaba que me cogiera en brazos y me tomara cómo lo hacía antes. Ansiaba volver a sentir tu piel con el mío, recordar nuestros cuerpos sudorosos solo me excitaba mucho más, me estaba volviendo loca y no podía apartarlo de mí, quería más y más. Su mano bajó a mi entrepierna y buscando mi calor sus dedos se hundieron en mi interior, por su sonrisa podía deducir que estaba contento de notar lo mojada que estaba por su culpa, comenzó a masturbarme ahí junto a la pared mientras me besaba con frenesí, sentía su gran bulto palpitar deseoso de salir de esa cárcel que le retenía ante mí, pero cuando pensé que iba a seguir tocándome y a punto de llegar al orgasmo separo su mano y se quedó mirando sus dedos mojados. — ¿Por qué paras? —pregunté algo frustrada. — ¿Quieres que siga? —me pregunta besando mi cuello. — Sí. — Me temo que no va a poder ser —salgo de mi ensoñación y cuando le miro, veo que está sonriendo de par en par con satisfacción, como si acabara de comprobar el papel de la lotería. — Eres un —iba a darle una bofetada, pero paró mi mano antes de que llegara a su rostro. — No te enfades, será mejor que vuelvas antes de que noten tu ausencia —dice tranquilo poniéndose recto. No me puedo creer que sea tan estúpida, mi plan es que él caiga en mis redes, no yo en las suyas, lo que sí está claro es que él tiene un gran apetito s****l por acostarse conmigo, no le daré el gusto, solo disfrutaré viendo como intenta conseguir lo que quiere. Volví a la fiesta y me puse al lado de Tamy y James, necesitaba irme de la fiesta porque ya había tenido suficiente por hoy, quería darme una ducha fría en mi casa y no pensar en lo que acaba de pasar. — Vámonos, ya es suficiente —dije antes de tomarme una copa de vete a saber qué. — ¿Pasa algo? —pregunta James confundido. — No, pero estoy cansada y le prometí a Tyler que llegaría temprano. A nuestra vista apareció Max junto a esa estúpida escuálida, nos quedamos mirando fijamente, James y Tamy se dieron cuenta de nuestras breves miradas. — Venga —y con su voz enfadada nos hizo salir. Al contrario que James, Tamy me guiñó el ojo, ella intuía lo que había pasado y estaba segura de que no iba a dejar pasar lo que había pasado esta noche, mañana tendría tropecientos mensajes de ella preguntándome lo que había sucedido, estaba segura de ello. Por el momento yo solo me monté en el coche cerrando los ojos pensando en llegar cuanto antes a mi casa y no hablar de nada con nadie.
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