Al llegar a casa lo primero que hice fue ver a mis hijos, ellos eran lo que más me importaban en el mundo y si les pasara algo yo me moriría, aunque estuviera cansada o triste, sus risas y tonterías eran mi subidón de adrenalina. Tyler era consciente de que estaba más rara de lo normal, ni siquiera contesté a las llamadas que me había hecho esta tarde, pero no me apetecía hablar con él en ese momento, cuando la nana cogió a los niños yo me metí en el cuarto para coger mi ropa y meterme a la ducha. Necesitaba refrescarme y pensar en la propuesta de Max, me siento tan presionada que no sé exactamente qué hacer, en cierto modo siempre quise que mi hija conociera a su verdadero padre, pero, por otro lado… no estoy tan segura de ello y sé que sea la decisión que tome, a Tyler no le hará ninguna gracia. Al entrar al baño sabía que Tyler me seguiría, a veces era habitual ducharnos juntos que luego acababa con sexo, pero ahora todo es diferente, tenía muchas cosas en la cabeza de que pensar.
— ¿Pasa algo? —me pregunta quitándose la camisa.
— Creo que será mejor que me duche yo sola —dije cabizbaja.
— Pensé que…
— Quiero estar sola, Tyler —su mirada era de preocupación, pero enseguida lo entendió y aunque estuviera algo ofendido cogió sus cosas—. Como quieras.
A veces pienso que soy egoísta y que no me merezco una persona tan buena como él y que en cierto modo soy afortunada de que alguien me quiera incondicionalmente, todo este tiempo que hemos estado juntos me había dado cuenta de que me había enamorado de él, pero me empiezo a replantear que clase de amor es el que siento hacía él.
Dejando caer el agua caliente sobre mi cuerpo, analizo todo lo que ha pasado esta tarde con Max, no creía volver a tener ese cosquilleo cuando está presente, casi se me olvidaba cómo olía, como sus ojos me miraban fijamente, toda esa adrenalina que pasaba por mi cuerpo cuando estaba a su lado era una parte de mí que casi olvidaba o eso me quiero decir a mí misma. Cuando me sostuvo en sus brazos y sentí su toque, me estremecí a tal punto, de no querer separarlo, hacía tanto tiempo que no sentía algo parecido y aunque me quiera mentir eso solo hacía que me excitara aún más. Por mi mente pasaron todas las noches que pasamos en la cama, recordaba cómo me tocaba y me hacía estremecerme, recuerdo aún cómo me besaba tan apasionadamente que nos quedábamos sin aliento al no querer parar. Empecé a excitarme con solo de pensarlo, no, más bien, de imaginármelo ahora en mis brazos, sin pensarlo, mis manos fueron directos a mi sexo, sabía que estaba mal, pero yo quería más, quería por lo menos recordar las veces que me hacía gemir de placer. Esperaba que nadie pudiera escuchar lo que estaba haciendo en la ducha, sobre todo Tyler después de haberle rechazado no era justo, aunque supongo que él en alguna ocasión lo hará, en el fondo quería castigarme por haber hecho eso en la ducha, pero una parte de mí sabía que no había nada de malo fantasear en algo que nunca más volverá a pasar.
La noche siguió como siempre, acosté a los niños en la cama y cuando por fin se durmieron me fui directa a la cocina para prepararme un té antes de dormir, necesitaba relajarme aún más para el largo día de mañana, estuve revisando algunos documentos y en una de esas recibí un mensaje que me hizo asustar, no suelo recibir mensajes a altas horas de la noche.
Espero que te pienses bien mi oferta, te advierto que no es una buena idea decirme que no. Por cierto, me encanta verte enfadada, no sabes cuánto me excitas>>
Era un idiota, tenía la facilidad de cabrearme con tan solo un mísero mensaje, era tan impredecible que no sé por dónde va a tirar, no podía dejar de mirar el mensaje hasta con un poco de gracia, es que le detesto tanto que… puf me irrita.
*Maxwell*
Todas esas imágenes se me vienen a la mente cada vez que le pego un sorbo a mi copa, volver a estar cerca de ella solo me ha hecho recordar cuanto la quiero, volver a ver sus hermosos ojos y sus labios era una exquisitez que no podía creer todo el tiempo que he podido vivir sin ella. He pensado en no quitarle a nuestra hija, podré ser un monstruo, pero no podría hacerle tal cosa, en cambio, he decidido arruinar su negocio, era justo, una cosa por otra, no podía quedarme de brazos cruzados sin hacer nada después de haberme ocultado algo tan importante. Si lo pensamos mejor no es tan grave como parece, por su culpa casi pierdo todo por lo que he luchado, así que, qué mejor que eso; sin embargo, no puedo dejar a un lado mis sentimientos por ella, desde que la conocí supe que era la mujer de mi vida y hacer lo que voy a hacer es difícil para mí. Para ser sincero mi encuentro con ella en el cementerio fue una de las experiencias más excitantes que he vivido, nadie me había hecho sufrir de tal manera que me hiciera desearla tanto, estoy segura de que ella no pudo notarlo, pero al igual que ella me sentía impotente de no poder acercarme más a ella. Notar que se seguía poniendo nerviosa cuando me acerco, solo me confirma que sigue sintiendo algo por mí, sentir cómo se le aceleraba el corazón y como respiraba entrecortado me incitaban a besarla, pero me contuve e hice lo mejor que se me da, fastidiar el momento. En cuanto llegué a casa no podía contenerme, fui en busca de Loren en la habitación, estaba tumbada en la cama con uno de sus pijamas más sexy, estaba claro que me estaba esperando y yo estaba encendido. Me quité la camisa dejando mi pecho al descubierto, al verme dejó a un lado su revista y fue directa a mis labios, sabía por dónde iban los tiros, pero no quería nada de romanticismos en ese momento, quité su delicado camisón y fui directo a sus pechos, besé, mordisqueé y lamí todo su cuerpo. Por mi mente se pasaba la imagen de Emma, deseaba que fuera ella a quién estuviera en mi cama poseyéndola y sé que no es correcto acostarme con Loren mientras me imagino a otra mujer, pero si no lo hacía me volvería loco solo de reprimirme.
Cuando terminamos de acostarnos me levanté de la cama para irme a la ducha, me sentía un c*****o por jugar con los sentimientos de Loren, pero viéndolo de otra forma, ella sabía perfectamente que nunca podría sentir algo más que cariño por ella y aunque sea la madre de mi hija no quita todo el daño que ha causado. Sé que iba a decir algo cuando me levanté, pero me marché tan rápido que la deje con la palabra en la boca, no duraría mucho tiempo solo en la ducha porque ya podía escuchar como abría la puerta.
— ¿No ves que me estoy duchando? —dije molesto.
— Sí, pero me ha dejado ahí sola y no me has dejado hablar —dice sonriendo.
— ¿Y?
— ¿Cómo que, y? —pero yo no me molesté en contestarle—. Estás muy raro últimamente ¿Es por esa zorra de Emma? —cuando dijo su nombre insultándola me encendí, no podía soportar que nadie la insultara y menos delante de mí.
— No vuelvas a decir eso, ¿Me oyes? —aún con jabón en las manos la cogí por el brazo.
— ¿Piensas pegarme? O mejor aún, ¿Matarme? —me mira con reto—. Es increíble como sigues perdiendo el culo por esa mujer.
— Lárgate —la solté, pero ella seguía mirándome con cara de odio y decepción.
— Encantada lo haré.
Cuando salí de la ducha ella ya se encontraba en la cama tumbada fingiendo que estaba dormida, pero sabía que solo estaba esperándome para seguir discutiendo, por eso me fui a mi despacho para no tener que aguantar sus quejas. El mensaje que le envié a Emma fue algo que hice sin pensar, quería seguir hablando con ella, pero por lo que veía ella no quería hablar conmigo, ni siquiera me contestó de vuelta, esto era muy frustrante y pienso en que si llegara a rechazar mi propuesta ya tendría que tener un plan b de todas las maneras posibles para hacerle la vida imposible.
*Dos días más tarde*
No he recibido respuesta alguna por su parte y me estoy volviendo loco, pensé que era más sensata y aceptaría, aunque aún hay mucho tiempo para que acepte, pero ese es el problema, que no soy amigo del tiempo y necesito una respuesta inmediata. Salí de mi casa y conduje hasta su empresa, quería averiguar dónde se encontraba que no se molestaba en contestar mis mensajes, le dije tres palabras bonitas a la recepcionista y me dejo subir hasta su despacho, cuando salí por el ascensor a lo lejos me dije que no había nadie dentro salvo su secretario, decidí acercarme a él y preguntarle.
— ¿Desea algo? —pregunta un poco pensativo.
— Sí, estoy buscando a la señorita Davis.
— Me temo que no va a poder ser, ella no se encuentra disponible ahora mismo —va hacia un montón de papeles.
— Claro, es cierto, se me olvidaba que habíamos quedado en otra parte ¿Podrías darme la dirección? —puse mi posé más seductora y pareció dar resultado.
— ¿Es su amigo? —me sorprendí, creía que todo el mundo me conocía, pero este chico parece que no.
— Podría decirse que sí, tenemos un gran vínculo —frunció el ceño para después coger una agenda y apuntar en un papel algo—. Bueno, en ese caso aquí tiene, se encuentra aquí celebrando el cumpleaños de su hija —mierda y ni siquiera es capaz de decirme nada.
— Bien, gracias has sido de mucha ayuda.
— A usted.
Salí corriendo del edificio para ir directo a comprarle un regalo a mi hija, estaba nervioso porque no sabría con quién me iba a encontrar en esa fiesta, pero me daba igual lo que dijera o lo que pudieran hacer, quería formar parte de la vida de mi hija y no me lo iban a impedir. Quería hacerle un buen regalo, algo con lo que pudiera crecer al mismo tiempo, así que pensé en un perro y estoy seguro de que le va a encantar, un pequeño labrador sería perfecto. Después de pasar por una tienda me monté en el coche para ir a esa dirección que me había dado ese chico, al parecer era como una especie de sala para celebrar fiestas con un gran jardín, me recibieron unas chicas que me hicieron pasar donde se encontraba un gran grupo de personas, pude reconocer a algunas, pero lo que verdaderamente me sorprendió fue ver a mis padres y a mis hermanos en la fiesta. Todas las personas se me quedaron viendo como si fuera un apestado, como si no tuviera el derecho de estar en este sitio, aunque no fuese invitado, tenía todo el derecho del mundo, mis padres se acercaron a mí con cara de disgusto.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó mi padre.
— Eso me gustaría saber yo ¿Cómo es que estáis aquí?
— Verás hijo… —mi madre tenía miedo de hablar.
— ¿Qué pasa?
— Nada, será mejor que te marches, no estás invitado —mis padres me llevaron en dirección a la salida, bueno, más bien me arrastraron.
— No me voy a marchar a ningún lado y quiero que me expliquéis ahora mismo que hacéis aquí —ambos se miraron, sabían que era muy insistente.
— Nosotros sabíamos de la existencia de nuestra nieta, pero la condición de poder formar parte de ella era no contártelo a ti —contesta mi padre.
— Y una condición de lo más justa, después de todo lo que le hiciste a esa pobre chica —mi padre tan tajante como siempre.
— No puedo creer que me lo hayáis ocultado todos estos años sin decirme ni una sola palabra.
— Hijo, es que has sido tan estúpido de perder a una chica tan buena como ella… y solo para estar con esa mujerzuela que tienes metida en tu casa —a mi madre nunca le ha gustado Loren.
— No empieces.
— Sí, hijo, sí empiezo, nosotros queremos mucho a nuestra nieta, pero nunca aceptaré a esa mujer que le ha tocado ser madre de un angelito como ella.
— Eso no os da el derecho de ocultarme las cosas, tengo todo el derecho de…
— No, Max, no tienes derecho a reclamar nada ni a estar aquí —me doy la vuelta para ver a Emma a la defensiva, me quedé sin aliento cuando le vi en ese vestido—. Así que ya te puedes marchar y llevarte contigo ese regalo —señala al cachorro que tenía en brazos.
— Emma —mis padres se apartaron a un lado para que ella y yo pudiéramos hablar—. Te propuse algo y aún no me has contestado.
— Sí, lo sé —se encoge de brazos.
— Me he tomado la molestia de venir hasta aquí para que me digas cuál es tu decisión, pero te advierto si es negativa ya puedes ir despidiéndote de todo lo que te hace feliz.
— No me amenaces, Max, porque no te tengo ningún miedo —me reta con la mirada—. ¿Quieres formar parte de la vida de tu hija? Adelante hazlo —dice con los brazos—. Pero no esperes que te llame papá ni que te coja cariño porque ya tiene un padre —miro a un lado observando que todos me estaban mirando.
— Perfecto, te aseguro que eso va a cambiar —sonrío.
— Bien —sonríe con fastidio y se marcha.
Me acerqué a mis padres para poder por lo menos sentirme un poco más cómodo, aunque en sí me han estado engañando todo este tiempo, mis propios padres, es increíble, pero tendré una charla muy seria con ellos en cuando tenga la oportunidad. Me sentía vigilado por todos los presentes de la fiesta, podría decir que estaban algo incómodos por mi presencia, sobre todo Tyler que no despegaba la mirada, me miraba fijamente observando cada movimiento que hacía. Quería ir a estar un rato con mi hija, ya que no he tenido la oportunidad de conocerla antes, ahora podré hacerlo, cogí al cachorro y me acerqué poco a poco a Tara, me quedé asombrado por el gran parecido que teníamos, sus ojos eran igual a los míos y su risa era tan contagiosa que no dejaba de sonreír por su culpa. Pensé que me tendría miedo por estar acercándome a ella porque soy un completo desconocido, pero no al contrario, sonreía de oreja a oreja, se puso tan contenta de ver al cachorro que solo podía alagarme a mí mismo.
*Emma*
Tener que soportarle varias horas era una gran tortura que no me merecía, cada día le aborrezco más y más, no tiene vergüenza, se atreve a venir a una fiesta que no ha sido invitado y tiene la desfachatez de reclamarme tonterías. En cierto modo entiendo que quisiera una respuesta, cuando me dijo que quería estar en la vida de nuestra hija sentí un miedo terrible, ya me la habían secuestrado y tenía miedo de que me la quitara, es normal que no pudiera decidirme. Al final tuve que contarle media verdad a Tyler sobre qué es lo que estaba pasando con Maxwell, en algún momento se tendría que enterar, así que lo que le dije no le hizo mucha gracia, pero la que tendría que decidir qué hacer era yo. Por otro lado, tuve una conversación con James sobre este tema, sé que él desde un principio no quería verme con Maxwell, pero ahora nuestras vidas siempre estarán unidos, queramos o no, tenemos una hija en común y ella es lo más importante, entiendo que quiera protegerme y esas cosas de hermanos mayores, pero soy una mujer adulta que sabe perfectamente que es lo que hace, no necesito que nadie decida por mí.
Me marché al minibar para tomarme una copa de algo fuerte, necesito despejar mi mente, quizás ¿Vodka? ¿Whisky? Me daba igual que fuera mientras sea fuerte, me apoye y pedí un chupito de tequila, bueno, en realidad dos chupitos. No dejo de mirarlos, son tan iguales que no puedo negar que mi corazón se encoge al ver esa escena, se ven tan contentos jugando que, ¿cómo podría separarle de su verdadero padre? Es que son tantas las cosas que tengo que pensar que siento que mi cabeza ahora es un huracán. Conozco a Max y sé que tiene otras intenciones, puede que quiera aparentar ser un cordero, pero no lo es y voy a descubrir que es lo que está tramando.
— Hola —escucho la voz de Tamy que se coloca a mi lado. La realidad es que aún no me hablaba con ella después de lo que paso en su casa—. Emma, perdóname, no quería ofenderte el otro día y mucho menos hacerte daño —no me molesté en mirarla.
— ¿Sabes cuál es el problema? Que lo hiciste, me hiciste daño y no te importó en absoluto que ni siquiera fuiste capaz de llamarme —la miro—. Sé que tienes tus problemas Tamara, pero yo también tengo los míos —me trago el otro chupito.
— Y tienes razón y por la misma razón no quiero que sigamos enfadadas —me coge la mano—. He estado tan ausente que no me he dado cuenta de lo que está pasando —ambas miramos tras el cristal como juega Max con Tara.
— Según él, quiere estar en la vida de Tara, pero no me lo creo.
— ¿Tú crees? Yo le veo muy contento con la niña —la miro arqueando una ceja.
— ¿En serio?
— ¿Tú no lo ves? Es obvio que se ve feliz de estar con ella —les seguía mirando—. Entonces, si es cierto que tiene otras intenciones, ¿Qué piensas hacer?
— Pues pienso averiguar qué es lo que está tramando —sonrío.
— Tienes que tener cuidado, Emma. Estás jugando con fuego y podrías quemarte.
— Tranquila, fue él quien ha empezado este maldito juego y déjame decirte que esta vez seré yo la que gane —cogí una aceituna y salí al jardín para estar con los demás invitados.