Capítulo 4: Escuchaste?

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Meses después Han pasado ya varios meses desde que vivo en este lugar. Papá nunca regresó por mí. Supongo que no le hago falta para nada… No, no debes ponerte triste, Camelia. Debes estar feliz: aquí nadie te golpea. Mi vida en el orfanato no es tan mala como cuando vivía con papá. Ya no me duele el cuerpo, ya no paso días sin comer, y no me siento tan sola como antes… Supongo que me aferraba a él porque era la única persona adulta que conocía. Los días aquí son tranquilos, casi pacíficos. Las risas de los otros niños llenan los pasillos, y el olor a jabón y pan caliente flota en el aire. A veces, cuando cierro los ojos, imagino que soy una más entre ellos… pero cuando los abro, todos se alejan. Lo que no sabía entonces era lo que realmente pensaban de mí. De mis extrañas costumbres. De cómo, a veces, hablaba con alguien que ellos no podían ver. --- —Marta… —susurró Camelia, mirando sus manos—, sé que no le agrado a todos. Marta, la nueva cuidadora, se inclinó frente a ella con una sonrisa cálida. Era joven, con ojos amables y cansados, pero su voz tenía algo que calmaba incluso al alma más herida. —No digas eso, pequeña —dijo acariciándole el cabello—. Todos aquí te queremos mucho, aunque no siempre lo demuestren. Solo debes tener paciencia. Con el tiempo, se abrirán a ti… y te mostrarán su cariño. Camelia la miró en silencio. Por un instante, quiso creerle. —Entiendo —susurró, dibujando una sonrisa frágil—. Ojalá tengas razón… Tal vez algún día podamos ser amigos… y dejen de tenerme miedo. Pero Camelia no lo sabía. Alguien la había estado observando desde hace tiempo, esperando el momento oportuno para hacer su movimiento y poner las manos sobre aquel legado que dormía en ella, aún desconocido para su propia conciencia. --- Durante la noche —¿Lograste descubrir quién es? —preguntó una voz grave. —Aún no —respondió otra—. Pero sospecho de una de las niñas del orfanato. Es una marginada. Será fácil hacer que confíe en mí y me dé información… se ve sedienta de afecto. —No tenemos mucho tiempo —replicó la primera voz—. Podrían encontrarla antes que nosotros. Ellas tienen los medios de llevarla, sin que nadie lo note… incluso sin que recuerden su existencia. —Tienes razón —dijo la segunda—. Esto está tomando tiempo. Hay una mujer cercana a la niña en el orfanato… siempre la sigue como un pollito. Es una molestia. —Deshazte de ella si es necesario. No necesitamos contratiempos. La niña está en la edad de despertar su poder. Debemos encontrarla antes… o todas ellas irán tras la mocosa.
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