El baile (I)

2072 Words
Mis calificaciones no estaban entre los diez primeros de la promoción, pero sí entre los cincuenta primeros, y eso hizo que consiguiese el destino que había elegido como primera opción. La academia estaba a unos 300km de casa, pero mi nuevo destino estaba a casi 600km. No iba a proclamarlo a los cuatro vientos. Mi familia ya lo sabía y Saúl también, nos separaríamos después de haber sido casi inseparables en la academia los dos últimos años, así que, de momento, sólo planeaba decírselo a Borja. Le solté la noticia un día que estábamos de charla en mi habitación de casa comiendo pizza mientras jugábamos a la videoconsola. No hubo numeritos, éramos tíos adultos, mayores de edad y ya llevábamos dos años sin vernos a diario, así que sólo cambiaría la frecuencia de vernos. Por suerte existía el teléfono y los dos ya teníamos nuestros primeros teléfonos móviles. Pero Borja añadió algo como broche a aquella conversación: - Ey, me ha dicho Miguel que van a hacer una especie de baile de fin de curso en el instituto ¿te apuntas? - Pero será solo para los alumnos, ¿no? – dije extrañado porque no era habitual ese tipo de cosas en nuestro instituto. - Que va… lo están organizando en la discoteca que hay al lado del paseo del río, pero no la pueden cerrar solo para el fin de curso, así que habrá gente normal que vaya a esa discoteca. Miguel y los demás dicen que vayamos todos. Las copas para los del instituto se las dejan a mitad de precio. - ¿Sabes si las chicas irán? - Si por “las chicas” te refieres a Desi, imagino que sí… ¿la ves a ella o a sus amigas con cara de perderse un baile? - Imposible… - me reí. – No creo que ella se pierda algo así. - ¿Aprovecharás para decirle de una vez por todas lo que sientes por ella o vas a seguir otros dos años martirizándote tú por un lado y haciendo que ella suspire por ti por otro? - Joder, Borja… ¿no acabas de escuchar que me voy a ir a trabajar al otro lado del país y que no voy a poder venir? ¿cómo quieres que le diga ahora lo que siento? ¿para hacerla aún más daño? - No, Checo… pero ella merece saber la verdad… - Pero sufrirá… - No tienes ni idea de tías… ella llorará igual… pero si le dices la verdad, al menos podrá pasar página… y si no me crees, pídele opinión a Ana. Hubo un silencio, y de pronto Borja se levantó de la cama, abrió la puerta de mi habitación y llamó a Ana que estaría en el salón o en su habitación. - ¿Qué pasa? – dijo ella sorprendida cuando llegó a la puerta. - Nada… - dije, pero Borja me interrumpió. - Pasa que a tu hermano le gusta una chica del instituto, y a ella le gusta él… pero es tan cabezota que lleva dos años sin decirle nada, y ahora se va a ir a la otra punta del país y va a dejar de verla… ¿no crees que debería al menos despedirse de ella? - Tete… - Ana me miró con cara triste. - ¿Es la chica especial con la que la cagaste el año pasado? – ni siquiera pude contestar, las dos personas que más me conocían me tenían arrinconado. – Tienes que despedirte de ella, los dos os lo merecéis y lo necesitáis. Durante algunos días odié a Borja y a Ana por meter en mi cabeza la duda de si debía o no decirle a Desi lo que sentía y lo que iba a hacer con mi vida. Aquello dolería mucho, la iba a hacer sufrir usase las palabras que usase. No había manera de suavizar aquello. Llegada la fecha del baile, Ana me ayudó a elegir que ponerme e intentó darme ánimo. En casa ya tenían más asumido que en unas pocas semanas me marcharía más lejos a trabajar, aunque sabía que a Ana aún le costaba acostumbrarse a que yo no estuviese. Bajé a aquella discoteca con mi grupo de amigos de siempre, pero al entrar vi a María y a su novio. Yo sólo había ido para hablar con Desi, pero sabía lo unidas que estaban ellas, así que me acerqué a María con más intenciones de pedirle disculpas que permiso. Apenas la había saludado cuando Roberto se nos unió saludándonos a todos. - Bien… necesitaba decirle algo a María y Pablo, pero Roberto, tú también eres alguien importante para Desi, así que no me importa que también lo sepas… creo que ella os necesitará. Sé que la situación entre Desi y yo es complicada. Ella se enamoró de mí y no sé exactamente en qué momento yo también me enamoré de ella. No he sido capaz de decirle nunca nada, creo que al principio por orgullo y después por miedo, y supongo que eso le ha hecho más daño. Ahora he tomado un camino en mi carrera profesional que me va a hacer alejarme mucho más, me voy en unas semanas a la otra punta del país y ya ni siquiera podré verla los fines de semana, pero necesito despedirme de ella y decirle lo que realmente siento por ella. Sé que otra vez le voy a hacer daño, pero necesitará escucharlo de mí, y quiero que me perdonéis por hacerla sufrir, y que estéis con ella, os va a necesitar más de la cuenta por mi culpa. Esto no es fácil para mí, nunca había sentido esto por nadie antes de ella, pero en parte también me alejo para dejarla libre y que pueda encontrar a alguien menos cabrón que yo, ella merece alguien mejor. Roberto se contuvo sin decir nada. Pablo sólo asintió con la cabeza. María fue la única que habló: - Baila con ella. Hazla feliz esta noche, al menos un ratito, antes de volver a romper su corazón… yo siempre cuidaré de ella. No sonaba enfadada, sólo triste, quizás decepcionada. Pero ¿es que todos tenían puestas sus esperanzas en que Desi y yo podríamos estar juntos? Me fui hacia donde estaban mis amigos y la observé bailar con sus amigas. Estaba preciosa. Nunca la había visto tan guapa. Bailaba y se reía tan feliz con Lidia que me daba miedo acercarme. Nadie sabía mis intenciones aquella noche salvo Borja, María, su novio y Roberto, y Borja estaba demasiado ocupado con una chica que acababa de conocer. Juan, el novio de Lidia, apareció a mi lado sin que me diese cuenta y dijo: “Yo bailo con Lidia y tú con Desi”. Le miré sorprendido por ese comentario y él sólo sonrió mientras empezaba a caminar hacia las chicas. A unos metros de distancia observé cómo Juan cogía de la mano a Lidia para darle una vuelta y empezar a bailar con ella. Desi se giró hacia sus amigas. Era el momento, antes de que llegase con ellas y hubiese que dar explicaciones. Llevaba un vestido azul clarito con la espalda al aire y falda de vuelo hasta debajo de la rodilla, y me dieron ganas de acariciar su espalda. Sabía lo que tenía que hacer, había aprendido a bailar hacía muchos años, en las reuniones y fiestas familiares, pero salvo con mi hermana Ana y con algunas primas, no había bailado con ninguna chica más. En unas pocas zancadas estuve justo detrás de ella, la tomé de una mano, y con la otra le di un leve empujoncito en la espalda para intentar que se girase. Su piel era suave, pero noté nerviosismo en ella porque se paró de golpe y su piel se erizó un poco. Miré a sus amigas de reojo, parecían observar felices mi acercamiento a Desi y volví a concentrarme en ella. - Desi… - susurré cerca de su oído. Ella se volvió visiblemente nerviosa y la tomé de la mano y de la espalda baja en posición de baile. No pude decir nada más. Ella era todo lo que quería en ese momento. Sus grandes ojos verdes y su sonrisa sincera me hechizaron de nuevo, como cada noche de baile, pero esta vez estando más cerca el uno del otro. Tanto que la podía tocar. Quería besarla. Y entonces recordé las palabras de su hermana unos minutos antes “Baila con ella. Hazla feliz esta noche…”, y empecé a bailar guiándola por la pista de baile y ella correspondió dejándose llevar. Me daba igual todo lo demás, sólo me importaba ella en ese momento. No podía dejar de mirarla. Ella seguía sonriendo y sus ojos brillaban sin apartar su mirada de la mía. Se la notaba nerviosa por el ritmo de baile, pero a la vez ilusionada, feliz, enamorada… y ¿cómo no enamorarse de alguien que te mira así? No hablamos. En aquel momento éramos el uno del otro y nada más existía, sólo nosotros y la música. Desi dejó de bailar sin decir nada. Sólo clavó sus pies en el suelo, apoyó su cabeza en mi hombro y llevó mi mano izquierda a su espalda. ¿Quería que la abrazase y bailásemos lento? - Desi… - susurré su nombre cerca de su oído - Shhh… no hables todavía, por favor – respondió ella. Comencé a moverme despacio, apenas levantando los pies del suelo. Si era lo que ella quería, lo haría. Tenía sus brazos alrededor de mi cintura y yo hice lo mismo y la mantuve entre mis brazos. No sabía que esperar de aquella situación. Debía hablar con ella, pero se sentía tan bien tenerla entre mis brazos. Era preciosa, mi princesa de colores, mi Desi. Ojalá aquel momento fuese eterno. Giró su cabeza y noté su respiración cerca de mi cuello, eso me erizó la piel y deseé apretarla más hacia mí. - Has cambiado de perfume. Éste me gusta más. – Dijo ella, y por un instante me reí de su comentario ¿en qué momento se habría fijado ella en mi colonia? - Desi… – solté una mano de mi abrazo y levanté suavemente su cara para mirarla a los ojos. Me podían los nervios, pero intenté mantener una sonrisa para ella. – Tengo que decirte algo… – ella levantó su mano y me hizo callar poniendo sus dedos sobre mis labios. Quise besarlos, pero su siguiente comentario me dejó completamente desarmado ante ella. - No rompas mi corazón de nuevo. No ahora que estoy empezando a recuperarlo… - su voz sonaba un poco rota. - Ojalá supiese cómo decirte lo que tengo que decirte sin lastimarte. Créeme que lo que más quiero en este momento es hacerte feliz… pero una cosa es lo que quiero y otra es lo que debo hacer – se me hizo un nudo en la garganta, así que la besé en la frente y la abracé fuerte antes de romperme yo también. – ¿Nos sentamos un rato para poder hablar, por favor? Ella solo asintió con la cabeza, así que solté mi abrazo, suavemente tomé su mano entrelazando mis dedos con los suyos y fuimos juntos hasta el final de la sala donde había unas mesas y sillas prácticamente vacías. Nos sentamos el uno al lado del otro sin soltar nuestras manos. No sabía por dónde empezar a hablar y me quedé pensativo mirándola. Ella agachó la mirada y la vi jugar con el dobladillo de su vestido. - Tengo miedo… – susurró. - Desi, por favor, mírame – rogué levantando su barbilla suavemente con mi mano libre, no podía soltar la otra mano que tenía entrelazada con la suya. – Lo que tengo que decirte ya lo he hablado antes con Roberto y con María. - ¿Qué? ¿Se lo has dicho a ellos? – se asustó. - María tenía que saberlo. Es tu hermana y es con quien más tiempo pasas. – Solté aire despacio recordando lo que su hermana me había dicho. – Ella me pidió que te hiciese feliz antes de decirte nada. - Lo has conseguido – susurró de nuevo, pero con un tono triste, melancólico. – Creo que bailar contigo ha sido el momento más feliz de mi vida. Pero ahora… ahora no sé si aferrarme a esa felicidad o si ponerme a llorar. - No llores, princesa. Déjame contarte…
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