Las semanas pasaban y el curso llegaba al final. Los exámenes fueron saliéndome bastante bien y estaba convencido de que conseguiría aprobar todo en junio. Intenté seguir hablando con Desi de forma normal, aún no quería que nos distanciásemos, pero había días que ella estaba un poco rara, como ausente o triste. No quería preguntarle porque me daba miedo ser yo el culpable. Pero siempre sacudía esa idea de mi cabeza, seguro que estaba angustiada por los exámenes que aún quedaban, siempre se ponía más seria en época de exámenes. Lo de ser empollona no lo iba a dejar nunca, pero al menos en esos dos años de conocerla, era más divertida y menos tímida que al principio.
Lolo faltó un día a su clase de historia y Pepe y yo aprovechamos para bajar al patio a echar un partido de fútbol con otros compañeros. Al pasar por la puerta de la sala de profesores de camino a clase, Paloma, la directora me llamó. ¿Qué querría? Llevaba meses comportándome lo mejor posible ¿qué habría pasado? José estaba con ella.
- Checo, sé que eres amigo de Desiré – dijo José con su voz grave. – Creo que no lo está pasando bien últimamente en clase. Si no te importa, échale un vistazo disimuladamente y cualquier cosa rara que veas, necesito que me lo digas.
Asentí sin decir nada y salí para ir a clase, él salió detrás de mí y me adelantó por el pasillo. Al entrar en clase me fui a mi mesa y quise quitarle a Desi otra vez sus bolígrafos de colores, pero tenía todo recogido y eso era raro en ella. La miré extrañado y aunque estaba mirando por la ventana lo notó y me devolvió la mirada un segundo, antes de dejar la mirada perdida en dirección a la pizarra. Había llorado, se le notaba en la cara y me dio mucha rabia verla así después de lo que me había dicho José en la sala de profesores. ¿Qué cojones estaba pasando y por qué ella no me había dicho nada?
Me quedé sentado de lado con el brazo apoyado en su mesa y los puños apretados de impotencia por lo que estuviese pasando y que no me había enterado. No me enteré de nada de lo que decía José, pero de repente Desi se levantó, cogió su mochila y salió de la clase de las primeras.
Salí de clase lo más rápido que pude, pero no la vi en el patio. Me daba igual todo, pero tenía que hablar con ella, así tuviese que perseguirla hasta la puerta de su casa, aún recordaba dónde vivía. Cuando salí del instituto la vi ya cerca del cruce del paseo, me paré un segundo a decirle a unos chicos que nos veíamos por la tarde y corrí tras ella gritando su nombre, pero no se volvió. Seguí corriendo detrás de ella hasta que la alcancé y la agarré suavemente del brazo para que supiese que estaba ahí.
- ¿Qué ha pasado Desi? Nunca sales tan rápido de clase – dije cuando giró y me miró.
Ella agachó la mirada negando con la cabeza y limpió sus ojos que volvían a estar llorosos.
- Nada. Quiero llegar pronto a casa – dijo un poco seca.
- José me ha dicho antes de tutoría que te apoye en clase, que no salga en los cambios de clase y que te eche un vistazo disimuladamente.
- No tienes que hacerlo. Haz como siempre. Me puedo apañar… ya está acabando el curso.
- ¿Qué es lo que está pasando, Desi? – pregunté un poco nervioso y lleno de rabia. – Somos amigos. Sabes que puedes contar conmigo.
- No, no puedo – me cortó en seco y después suspiró. – Lo siento. Es que… tú te vas a ir del instituto y yo me quedo, así que tengo que aprender a llevar estas cosas sin un que me proteja. Tengo que salir adelante y hacerme mayor para que todos dejen de pensar que soy pequeña y débil.
- ¿Así que me ves como un ? – aquellas palabras me dolieron un poco, pero una sonrisa burlona se apoderó de mi cara, ¿sería realmente eso lo que pensaba o lo había dicho para ocultar algo más?
- No… yo… no… no quise decir eso. – Se puso roja como siempre que algo le daba vergüenza. – Es solo que no necesito que me salven y me protejan.
- Ya… pero sigues sin decirme qué es lo que está pasando – intenté quitarle importancia a lo de hermano mayor, tenía que concentrarme en intentar averiguar qué estaba pasando realmente. Me senté en el portal que había justo donde nos habíamos parado y señalé a mi lado para que se sentase ella también. – Hemos salido pronto… ¿te quedas un rato y me cuentas antes de ir a casa? – se sentó, pero no dijo nada, así que insistí. - ¿Y…?
- Ha sido en la hora libre – agachó la cabeza. – Los de clase han empezado a meterse conmigo otra vez, he recogido y me he ido corriendo.
- ¿Cómo que otra vez? – no entendí y me empezaba a desesperar sin saber más, pero Desi ignoró mi pregunta.
- No quería faltar a tutoría así que me quedé en el rincón del almacén que hay en el pasillo de los pequeños, pero Paloma me encontró llorando. – se tapó la cara con las manos y a mí me estaba hirviendo la sangre. – Me llevó a la sala de profesores con José y tuve que contarles lo que había pasado.
- Ya… pero ¿qué es eso de otra vez? ¿cuánto tiempo llevas así? – insistí de nuevo.
- No sé – se encogió de hombros… – Hace mucho. Al principio lo tomé como una tontería… pero cada vez fue a más.
- Pero… yo no he visto nada… – ¡Dios! me estaba sintiendo culpable, nadie podía meterse con ella, me prometí que no iba a permitir eso, ella no se lo merecía.
- Hablando con Paloma y José me he dado cuenta de que nunca estabas en clase cuando pasaba… – seguía hablando sin mirarme, sólo miraba al suelo. – De todas formas, no importa Checo, de verdad, tengo que aprender a superar esto.
- ¿Qué te hacen? ¿Qué te dicen? ¿Quiénes son? – me invadía la rabia, quería que me dijese quiénes eran, se iban a llevar una buena ostia, aunque me metiese en un lio.
- Ya no importa, de verdad – miró su reloj. – No quiero hablar más de esto – sentenció levantándose. – Nos vemos la semana que viene, ¿vale? – intentó sonreír, pero sus ojos tristes no la acompañaron y eso me dolió unido a toda la rabia que sentía.
- Hasta luego, Desi. No te dejaré sola – dije un poco más alto mientras la veía alejarse, se giró y la sonreí.
Era una promesa, yo me iba a marchar del instituto, pero no iba a dejarla sola, no si ella lo estaba pasando mal. Nadie tenía derecho a humillar o hacer sentir mal a una niña como ella. ¿Por qué no había querido decirme quiénes eran? Tenía que buscar a alguien que me echase una mano en mi ausencia, aunque fuese para asegurarme de que Desi estaba bien y terminaba el instituto sin problemas, pero ya pensaría en eso más adelante.
Corrí de vuelta al instituto, la idea era irme a casa, pero recordé que José se había quedado en clase con algunos compañeros, tenían que ser ellos, así que corrí para esperar en la puerta de clase a que saliesen y al pasar por la sala de profesores escuché a José hablar dentro. Me asomé y le pregunté si tenía un momento. Las profesoras que estaba hablando con él se despidieron y nos quedamos solos en la sala, él cerró la puerta. Le conté que había hablado con Desi y me había contado lo que estaba pasando. Estaba preocupado y enfadado y José lo notó. Le pregunté si eran los que se habían quedado con él en clase, pero como buen profesor tampoco me respondió. Lo único que me dijo fue “Vete tranquilo y no busques problemas. De esto se encarga el colegio y las sanciones ya están en marcha. No pongas en peligro tu futuro por meterte ahora en una pelea. Sólo cuida de Desi para que pueda terminar el curso como ella se merece”.
Estaba lleno de rabia y volví a salir corriendo del instituto hacia la parada de autobús para ir a casa.
Necesitaba volver a verla bien, inocente y sonriendo como siempre. Y se me vino una idea a la cabeza. Después de comer llamé por teléfono a su casa, era la primera vez que llamaba por teléfono a casa de una chica.
- Sí ¿quién es? – respondió una mujer que supuse que era su madre.
- Eh… hola… ¿se puede poner Desi? – titubeé. – Soy un compañero de clase.
- Claro, ahora la aviso. – Respondió y debió separarse del teléfono porque escuché su voz más lejana llamando a Desi.
- Hola, ¿quién es? – sonó su vocecita al otro lado del teléfono, algo más alegre de lo que la había dejado a mediodía.
- ¿Desi? Soy Checo – contesté, y se hizo el silencio entre nosotros durante unos segundos un poco extraños.
- Hola… no esperaba que fueses tú.
- Bueno, es una tontería – me reí con algo de vergüenza – pero estabas mal y como a veces vais al campo de fútbol pues… quería decirte que he quedado esta tarde con Roberto y otros del equipo para echar un partido amistoso porque este fin de semana no hay liga.
- Ajam… – respondió y me hizo reír de nuevo.
- Por si queréis ir, vamos a estar allí.
- Bueno, no sé…, como hemos salido pronto no he hablado con las chicas para quedar.
- Díselo… si os apetece, allí estaremos – pero Aarón empezó a llorar y mamá andaba liada así que tenía que ir a cogerle. – Tengo que colgar que Aarón llora. Nos vemos luego ¡Adiós!
- ¡Vale! ¡Adiós! – y colgó el teléfono.
Me quedé un poco ansioso pensando en si iría o no. La había visto allí varias veces, y una de sus amigas era hermana de Roberto. No tenía por qué ser extraño que fuesen al campo de fútbol, y me encantaría verla allí, asegurarme de que ya estaba mejor después de la mierda de mañana que tuvo en clase por mi culpa. No podía evitar sentirme culpable, si yo me hubiese quedado en clase y si hubiese estado más pendiente durante el curso, aquella situación no habría llegado a tanto, yo no lo hubiese permitido. Pero no estuve. No quería ser especial para ella y por eso intenté mantener distancia.
Más tarde, en el campo, acabábamos de empezar a jugar cuando la vi llegar con sus amigas. Se sentaron al pie de un árbol en la hierba parecían divertirse. Le dediqué a Desi mi primer gol, señalándola con el dedo y vi cómo se reía con sus amigas ¿lo habría visto?
Cuando terminamos el partido quería hablar con Roberto, pero cogió su mochila y se fue donde estaba Desi y su hermana, Bea debía haberse marchado. Después de hablar un rato con los chicos y refrescarme, me acerqué a donde estaba Desi y la llamé desde la valla del campo. Me hizo gracia que antes de levantarse miró a Roberto y él me miró a mí mientras Desi se acercaba. Tenía que hablar con Roberto, pero sería otro día.
- ¿Estás mejor? – pregunté.
- Sí, salir con mis amigas y ver fútbol siempre me anima.
- Lo sabía – dije sonriéndole y apreté su mano apoyada en la barandilla. – Tengo que irme, he quedado para salir.
- Diviértete – respondió – nos vemos en clase el lunes.
- Me encanta verte sonreír , no quiero verte como esta mañana – le guiñé un ojo antes de volver con los chicos a recoger mis cosas.
Nunca le había agarrado la mano a Desi, y aquel toque se quedó grabado en mi piel como si quemase. Ella también era especial para mí, por mucho que yo hubiese querido evitarlo o incluso negarlo.
Aquella niña era más especial de lo que nunca me hubiese imaginado. Era lo mejor que me había pasado en los últimos dos años.